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Trigésimo tercer aniversario de la Coronación de S.M. el Rey

Hoy (27-N) hace treinta y tres años se celebró en la Iglesia de San Jerónimo el Real la solemne ceremonia de entronización del nuevo Rey de España, oficiada por el entonces presidente de la Conferencia Episcopal Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, cinco días después de la Proclamación de Don Juan Carlos I como Rey de España ante las Cortes Generales.

En la homilía de la coronación pronunciada por el cardenal, Tarancón ya adelantó la ruptura con el franquismo y el comienzo de una nueva época democrática. Sus palabras fueron reforzadas después por S.M. el Rey durante el almuerzo ofrecido a los altos dignatarios que habían acudido a Madrid para asistir a la ceremonia.

Que la izquierda se atreva a acusar al Rey de ser un reducto del franquismo a eliminar no es sino una demostración de lo poco que sabe o quiere saber de la historia. El día de la consagración de la Corona quedó más claro que nunca que la España de Don Juan Carlos I sería muy diferente a la que acabó con el fallecimiento del Generalísimo.

El consenso y sentido común que se desprendían tanto de la homilía de Tarancón como de las palabras pronunciadas posteriormente por S.M. el Rey lamentablemente son vilipendiados por el actual gobierno de Zapatero y sus aliados separatistas catalanes, vascos y gallegos. No estaría mal que se volvieran a leer los discursos de hace 33 años para tener presente lo que ha sido el buen hacer del Rey y de los políticos de entonces.

Al contrario de muchas otras Monarquías, en España el Rey no es coronado, aunque se viene a denominar la celebración de la consagración de la Corona como "coronación". La actual corona real data de tiempos del Rey Carlos III y tiene un valor meramente simbólico, ya que por su tamaño sería también imposible ceñirla sin más.

¡Por España, todo por España!

¡Viva España! ¡Viva el Rey!

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27/11/2008 00:52 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Dossier: La Monarquía de Suecia

Este dossier se publicó en julio de 1992 en Monarquía Europea y se compone de tres artículos: Una pequeña introducción de nuestro amigo Anders Lundeval, de la Asociación Monárquica de Suecia, quien en su día nos envío un amplio material fotográfico por el que le estamos muy agradecidos; de otro sobre la Monarquía sueca en general del secretario general de la AME, Francesc Xavier Montesa, así como de un artículo de S.A.I.R. Don Otto de Habsburgo, publicado en aquella fecha en Paneuropa Intern y traducido para nuestra revista al español, que daba una visión de la nueva Suecia tras la derrota de los socialistas, que habían gobernado demasiado tiempo en aquel reino escandinavo. El album de la Familia Real contiene fotografías de aquella fecha.






Vuelve la esencia de la Monarquía
por Anders Lundeval Rojalistika Foreningen

El Reino de Suecia largo tiempo era un fuerte bastión del socialismo y republicanismo. La Monarquía se encontraba en grave peligro de ser abolida. Según un artículo en la revista Rojalisten de la Asociación Monárquica de Suecia, basado en un artículo de Göran Albinsson Bruhner publicado en el Svenska Dagbladet, en la década de los 50 la abolición de las prerrogativas regias más importantes fue consecuencia de que el Partido Conservador faltó a sus tradiciones monárquicas apoyando la nueva Constitución.

Actualmente, en Suecia el jefe del gobierno no es nombrado por el Rey, sino por el presidente del parlamento, lo que en ciertas ocasiones puede llevar a debates penosos al pertenecer éste a un partido político.

La revolución sueca de 1970, sin pérdida de sangre, no fue gloriosa. Hoy se considera que no fue más que un error al acabar con antiguas tradiciones.

En las elecciones al parlamento celebradas en septiembre de 1991, el gobierno socialdemócrata perdió y el presidente del parlamento tuvo que buscar un nuevo jefe de gobierno, pero como resultado de las elecciones, en la primera reunión se eligió presidente a Ingegerd Troedsson del Partido Conservador, quien nombró a Carl Bildt nuevo jefe de gobierno.

Se presentaron enmiendas para nombrar una comisión que revise la Constitución sueca de 1974. Esta comisión puede revisar también la posición del Rey y proponer que se le devuelvan sus prerrogativas más importantes, como por ejemplo la de nombrar al jefe del gobierno.

Los partidarios de la república cuentan con muy pocos seguidores en Suecia. SS.MM. los Reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia y sus hijos son muy populares en todo el Reino. Suecia vuelve a la normalidad y sus tradiciones, como el río revuelto a su cauce.

 

 

La Monarquía Sueca

por Francesc Xavier Montesa i Manzano
Si ha habido una época en la que el poder real en Suecia estaba firmemente establecido, fue en la llamada "era gustaviana", de 1771 a 1809. El fuerte compromiso de Gustavo III y de Gustavo IV Adolfo contra la Revolución Francesa y contra las ideas que la inspiraron sobre la división de poderes, el constitucionalismo y la democracia, llevó a los dos reyes a un agudo enfrentamiento con gran parte de los nobles y de los funcionarios en Suecia. Ello condujo al asesinato de Gustavo III en 1792, perpetrado por un grupo de nobles fanáticos adversarios de la autocracia real que aquél había instaurado. La derrota sufrida en la guerra contra Rusia en 1808 y 1809, con ocasión de la cual Suecia perió Finlandia, desembocó en un golpe de estado a raíz del cual fue depuesto Gustavo IV Adolfo, aprobándose una nueva constitución.

Después del golpe de estado de 1809 fue elegido Rey el Duque Carlos, tío del Monarca depuesto, con el nombre de Carlos XIII. Como este era ya de edad avanzada y carecía de hijos, hubo que elegir también un sucesor al trono. Primero se eligió como heredero al príncipe danés Carlos Augusto, pero al morir este al poco tiemo de llegar a Suecia, se eligió en el verano de 1810 al mariscal francés Juan Bautista Bernadotte, quien adoptó el nombre de Carlos Juan. Uno de los motivos de su elección fue el deseo de adhesión al bando de Francia y Napoleón, con la esperanza de recuperar Finlandia con su ayuda. Sin embargo, al convertirse Carlos Juan en regente del país depués de su llegada a Suecia como heredero al trono, cambió de línea en 1812 y se adhirió a la coalición contra Napoleón, ganando Noruega a los daneses en la paz de Kiel y obligando a ese país a formar una unión con Suecia en 1814, al término de una breve campaña. Dicha unión no fue disuelta hasta 1905. Derecha: El Rey Carlos XIV Juan a caballo. Izquierda: Princesa Josefina con Carlos (XV), Gustavo con bandera de la Unión y Óscar (II) y Hedwiga Eleonora 1829.

A pesar del fortalecimiento de la posición de los ministros establecidos por la reforma ministerial de 1840, por la cual aquellos se convirtieron en losm jefes de sus respectivos ministerios, durante el reinado de Óscar I (1844-1859), ejercieron principalmente como fincionarios del Rey, nombrados personalmente por él y dependientes políticamente de él. Derecha: Óscar I.

La situación cambió en la época de Carlos XV (1859-1872). El Consejo actuó como una unidad ya desde los primeros años de su reinado, jugando un papel decisivo en la política sueca en varias ocasiones. Ese fue el caso, por ejemplo, en la cuestión clave para el país de su relación con Noruega, de 1858 a 1860; en su toma de postura a favor de Dinamarca en la guerra con Alemania, en 1864, así como en lo referente a la reforma del sistema de representación, en 1866. Izquierda: Carlos XV (1826-1872).

Óscar II (1872-1907), por el contrario, intentó dirigir la evolución durante su reinado de una forma más activa que su hermano y predecesor. Por iniciativa propia, tomó contacto con las distintas personalidades políticas a las que trató de influir a través de conversaciones personales. También intentó valer la opinión del Rey frente al Consejo.

Sin embargo, no tuvo gran éxito en esos intentos de defender el poder personal del Rey, debido principalmente a que el parlamento, después del cambio del sistema de representación en 1866, que implicó la abolición del antiguo Parlamento de los Cuatro Estamentos y la instauración del de dos cámaras, se convirtiera en un órgano de poder cada vez mayor que apoyó al Consejo frente al Monarca.

El Rey Óscar II se resignó, al final, en la lucha por el poder personal del Monarca, si bien el combate definitivo tuvo lugar durante el reinado de su sucesor, Gustavo V. Al subir al trono en 1907, Gustavo V se negó a ser coronado, siendo con ello el primer Rey sueco que ocupaba el trono en esas condiciones. Los primeros diez años de su Reinado se caracterizaron por los intentos de Gustavo V de defender el poder personal. El conflicto culminó en 1914 con el llamado "Discurso del Patio de Palacio".

La disputa se refería en concreto a la cuestión de la defensa nacional, ya que el Rey exigía decisiones inmediatas para reforzarla, mientras que el gobierno liberal, que había llegado al poder debido, entre otras cosas, a sus promesas de desarme, quería ir avanzando paso a paso solamente.

Con objeto de apoyar la postura del Rey en esa cuestión, se organizó en febrero de 1914 la "Marcha de los Agricultores", acudiendo al Palacio Real de Estocolmo más de 30.000 agricultores de todo el país.

Gustavo V defendió el poder del Rey con energía y habilidad ante los agricultores en el patio del Palacio Real, pero esa lucha estaba condenada al fracaso. El Monarca había mostrado una clarividencia mayor que la de los dirigentes políticos en lo referente a la situación en el resto de Europa. En junio de 1914 sonaron los disparos en Sarajevo. En agosto estalló la Primera Guerra Mundial. En Suecia se produjo entonces la movilización general bajo el signo de la unidad. Sin embargo, el poder personal del Rey había pasado a la historia. A pesar de su derrota en la lucha por el poder personal del Rey, Gustavo V consiguió ganarse el afecto del pueblo durante su largo Reinado (1907-1950). Durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una especie de símbolo unificador. La Monarquía había conseguido, así, arraigar en la popularidad personal del Rey.

Durante su Reinado (1950-1973), Gustavo VI Adolfo siguió estrictamente las reglas establecidas para la Monarquía Constitucional. De esta forma, con sus cualidades personales, continuó aquella evolución y contribuyó quizás más que ningún otro Monarca a crear un tipo nuevo de Monarquía: la Monarquía Parlamentaria. Izquierda: Princesa Margarita (1882-1920), esposa de Gustavo VI Adolfo.

La gran aportación de Gustavo VI Adolfo a la historia de Suecia fue el saber transformar durante su Reinado al ritmo y estilo de la sociedad sueca actual, sentando con ello las premisas para que Suecia siguiera siendo una Monarquía con la Dinastía de los Bernadotte en el trono. Izquierda: SS.MM. los Reyes Gustavo VI Adolfo y Luisa de Suecia. Derecha: Princesa Margareta (1882-1920) primera esposa de Gustavo VI Adolfo.

Al subir al trono Carlos XVI Gustavo en 1973, aún no había sido aprobada definitivamente por el parlamento la nueva constitución. Por ello, las funciones y los deberes del nuevo Monarca siguieron siendo, durante los primeros años de su Reinado, los que establecía la Constitución de 1809. Formalmente, las funciones del Rey y su papel en la sociedad cambiaron sólo al entrar en vigor la nueva Constitución el uno de enero de 1975, pero en realidad, como Monarca, Carlos XVI Gustavo siguió ya desde el primer día la misma política que su presdecesor y su abuelo, dejando que las exigencias de los tiempos imprimieran el carácter de la forma de ejercer su cargo.

Las normas relativas a las funciones del Rey, contenidas en la Constitución de 1809, comenzaban con las palabras: "El Rey gobernará solo el Reino", y ese derecho suyo quedaba limitado únicamente por la obligación de consultar para ello al Consejo nombrado por él mismo.

La nueva Constitución comienza con las palabras: "Todo poder público en Suecia emana del pueblo", y de acuerdo con ello pone todo el poder político en manos el parlamento y del gobierno. Así, según la nueva constituición, las funciones del Rey son más bien de carácter representativo y ceremonial. Por encargo del gobierno recibe a otros jefes de estado y realiza viajes oficiales al extranjero. Las visitas oficiales tienen gran importancia para el fortalecimiento de las relaciones oficiales con otros países y para el fomento de los intercambios comerciales.

El Rey disfruta de inmunidad, es decir, que está libre de todo proceso por los actos que cometa, si bien uno puede hacer valer sus derechos civiles frente al Rey ante un tribunal. El Rey tiene que hacer la declaración de la renta sobre los ingresos y el patrimonio privado y pagar los impuestos correspondientes, como cualquier otro ciudadano sueco.

Según la Ley de Sucesión, que reemplazó en 1980 a la de 1810, el orden de sucesión a la Corona Sueca es completamente cognaticio en el sentido de que el heredero al trono debe ser primogénito de la pareja real, independientemente del sexo. Por consiguiente, la Princesa Victoria, nacida el 14 de julio de 1977, es la heredera del trono de Suecia.

Con el advenimiento del nuevo Monarca en 1973, Suecia pasó a tener un Rey que era dos generaciones más joven que su predecesor. Carlos XVI Gustavo, el Monarca más joven de la dinastía Bernadotte, tenía entonces la edad de 27 años, y al subir al trono el 19 de septiembre de aquel ño adoptó el lema: "Por Suecia - En el tiempo". En un discurso dirigido al gobierno, al parlamento y al pueblo de Suecia, que pronunció en la Sala Nacional del Palacio Real de Estocolmo, manifestó que con ese lema deseaba dar expresión a su ambición de cumplir los requisitos que se exigen de un Monarca moderno. El deseaba también que su lema fuera interpretado como una apelación a la comprensión y al desarrollo para el bien de Suecia.

Carlos XVI Gustavo contrajo matrimonio en 1976 con Silvia Sommerlath, quien se convirtió así en la Reina de Suecia. La Reina nació en Heidelberg (Alemania) el 23 de diciembre de 1943.

La pareja real tiene tres hijos: Victoria Ingrid Alicia Desideria, nacida el 14 de julio de 1977; Carlos Felipe Edmundo Bertil, nacido el 13 de mayo de 1979; y Magdalena Teresa Amelia Josefina, nacida el 10 de junio de 1982.


CRONOLOGÍA REAL EN SUECIA

993-1060: Primera Dinastía de los Yngling
1160-1130: Dinastía de los Stenquil
1134-1250: Dinastías de los Blondel y Suerquer
1250-1363: Dinastía de los Folcung
1363-1523: Reyes de diversas Casas
1523-1654: Dinastía de los Wasa

Gustavo Wasa, Rey de Suecia
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1654-1720: Dinastía Palatinado-Dos Puentes
1654-1660: Carlos X Gustavo
1660-1697: Carlos XI
1697-1718: Carlos XII
1719-1720: Ultica Elonora (+1741)
1720-1751: Federico de Hesse-Cassel

1751-1818: Dinastía Holstein-Gottorp
1751-1771: Adolfo Federico
1771-1792: Gustavo III
1792-1809: Gustavo IV Adolfo (+1837)
1809-1818: Carlos XIII

Desde 1818: Dinastía Bernadotte


1818-1844: Carlos XIV Juan
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1844-1859: Óscar I
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1859-1872: Carlos XV
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1872-1907: Óscar II
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1907-1950: Gustavo V
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1950-1972: Gustavo VI Adolfo
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desde 1973: Carlos XVI Gustavo
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La nueva Suecia

por Otto de Habsburgo Diputado del Parlamento Europeo
Desde hace décadas, Suecia, con su gobierno socialista, era la Meca para todas las fuerzas de izquierdas y, naturalmente, - como si no - también para los países del llamado Tercer Mundo. En los días de Olof Palme y de su sucesor, Ingvar Carlsson, no había ningún otro político socialista o comunista mejor conocido que no haya peregrinado a Estocolmo para estudiar el camino sueco de un "Socialismo con cara humana.

A ello se añadía la acción política. En Estocolmo no existían sólo asociaciones, fundaciones e instituciones, que con sus estudios y sus consejos políticos propagaran el pensamiento de los Regis Debray, Julius Nyerere, Kenneth Kaúnda, Daniel Ortega y Boff. No de menos importancia eran los congresos, de los que resultaron organizaciones internacionales como el Consejo Mundial de la Paz. La opinión del gobierno de que no había "ningún enemigo a la izquierda" permitía a las organizaciones comunistas de camuflaje que se desarrollaran hermosamente. Cuando la influencia de Moscú era demasiado evidente, siempre existía la posibilidad de un traslado a Praga.

En el interior del país se había creado una hegemonía de partido que bien mantenía formalmente la democracia, pero que en la práctica iba reduciendo paso a paso el espacio libre de las fuerzas no sujetas al poder. Se había llegado ya tan lejos que la oposición se encontrara sin hombres no representando ya ninguna verdadera alternativa.

En los últimos años se produjo una transformación significante en la oposición. Los cristiano-demócratas, que fracasaron hasta ahora, con una excepción, en la cláusula del 4%, recibieron una gran afluencia, sobre todo por parte de la juventud. El conservador Partido Moderata eligió a Carl Bildt como el presidente más joven de su historia. También por primera vez hubo una verdadera reconciliación entre conservadores y liberales y un programa conjunto. A la par con el descontento generalizado que se profundizó incluso en el grupo social de los obreros, esta situación llevó al resultado de las elecciones de septiembre de 1991, que dio la mayoría a los partidos burgueses liderados por Carl Bildt.

Desde la formación del gobierno mucho ha cambiado en Suecia. El ambiente es optimista. Se crean numerosas empresas, sobre todo medianas. Generalmente se espera ahora que la mayoría de centro-derecha cambiará realmente al país, con lo que comenzará una nueva era. Se bajan los impuestos, se reducen los gastos, y muchas de las vacas sagradas son sacrificadas. La política europea, que antes se llevaba con muchas reticencia, recibe ahora impulsos tan fuertes por parte del enérgico ministro Dinkelspiel que la incorporación a la Comunidad Europea es sólo una cuestión de pocos años.

Signos visibles a distancia del nuevo rumbo se marcan también en la política exterior y de desarrollo, especialmente por la ministra de asuntos exteriores, Af Ugglas, que pertenece a la directiva de la Unión Paneuropea de Suecia. Estos se hicieron patentes ya a pocas semanas después del cambio. Los visitantes en el ministerio de asuntos exteriores no eran, como hasta ahora, supuestos luchadores por la liberación contra el colonialismo de Africa, funcionarios del Vietcong de Vietnam o miembros del gobierno comunista serbio de Belgrado, sino verdaderos demócratas de Hungría, de las repúblicas bálticas, de Checoslovaquia y no por último de Eslovenia y Croacia, aunque la condición de Estado en este momento no había sido reconocida aún por parte de la comunidad internacional. Para hombres que hasta hace poco estaban encarcelados y que en las cancillerías occidentales se les volvió muchas veces la espalda, ha sido una vivencia grandiosa y alentadora.

Pero Estocolmo no se limitó a gestos diplomáticos. También en la política sopla un viento fresco, como ha demostrado un reciente acontecimiento.

Uno de los santos del altar de la ONU y de la consciencia mundial es el presidente de Namibia, Sam Nuyoma. Olvidados están sus antiguos delitos, los crímenes en campos de concentración de la SWAPO, los muchos actos de terrorismo realizados por sus correligionarios.

Resulta que recientemente el presidente Nuyoma se comprara por cuenta del Estado un avión por valor de 29 millones de dólares. La reacción de Suecia era que se alegrarían de que Namibia dispone ahora de suficientes reservas de divisas. Por tanto se podría suprimir las ayudas de desarrollo suecas para esta país. Hubo desesperadas protestas, pero sin resultado.

Este proceso verdaderamente único puede ser muy útil a Europa si los miembros de la CE siguieran el ejemplo de Estocolmo. Se debería comprender por fin que las ayudas de desarrollo son financiadas con los impuestos, el trabajo y los sacrificios de los ciudadanos. El dinero no les pertenece a las burocracias. Por ello debe ser gastado moderada y responsablemente. Publicado en Monarquía Europea Nº 5/6 - Año II - Julio/Diciembre 1992

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05/09/2008 18:35 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

La Coronación del Rey de Tonga

El pasado día 29 de julio de 2008 tuvo lugar la Coronación del Rey de Tonga Don George Tupou V, que siguió la tradición al más puro estilo británico. Es el único Rey actual que tiene el valor de mantener viva la simbología monárquica del acto de coronación utilizando todos los atuendos que caracterizaban estos actos y simbolizaban los poderes del Rey. Es también el último Rey con poderes absolutos y ya anunció al suceder a su augusto padre el Rey Taufa’ahau Tupou IV, fallecido el 10 de septiembre de 2006 a la edad de 88 años, que va a ceder la maayor parte de sus poderes al parlamento.

El nuevo Rey tiene la intención de ceder el poder al parlamento con el fin de modernizar las estructuras políticas del país. Puede parecer injusto (como comenta alguno) que aún exista alguna Monarquía absoluta, pero hay que tener en cuenta que el pueblo de Tonga nunca ha puesto en duda a sus Reyes y su Monarquía. No se pueden aplicar los esquemas europeos a cualquier país del mundo ni darv por hecho que un pueblo, por seguir con estructu ras políticas ancestrales, se siente infeliz.

Tonga no es España ni Estados Unidos, es un pequeño reino polinesio. El Rey no es un déspota, ni lo fue el penúltimo Rey de Ne pal, que al igual que el Rey de Buthan procedió a modernizar el país, un proceso interrumpido por el regicidio ejecutado por el príncipe heredero, lo que hizo que llegara al poder Gyanendra, que nunca debía haber subido al trono y no lo habría hecho en condiciones normales. Lo que gusta interpretar a algunos izquierdosos europeos no es lo que sienten otros pueblos a los que quieren imponer formas y estructuras de estado que nada tienen que ver con la voluntad popular ni con la realidad social de países con otras culturas y otras tradiciones. Y decir que la ceremonia en Tonga supone un despilfarro es una falacia, pues usan atuendos heredados de los Reyes anteriores, y aunque el coste de las ceremonias es alto para los presupuestos de Tonga, la ocasión se lo merece, pues comparado con despilfarros como los de nuestros políticos, que se dedican a comprar votos y repartir bombillas en lugar de crear empleo e infraestructuras, no me parece criticable, ya que supone también una importante proyección del Reino en el exterior fomentando el turismo. Estos comentarios sobre los costes ya han sido rebatidos con datos y no son más que demagogia barata que no se sostiene. Seguramente lo que gasta la Vicepresidenta de la Vogue en modelitos cada año (cada uno cuesta fácilmente seis mil euros) supera con creces lo que puede haberse gastado el Rey de Tonga en la ceremonia celebrada con símbolos y atuendos que de todas formas ya tenía. Como defensor de la institución monárquica celebro que se mantengan las tradiciones y lo aplaudo, pues los símbolos del estado y de la nación deben ser intocables y lucirse siempre que la ocasión lo aconseje. Ellos son la representación de la unión entre el pasado, el presente y el futuro, de la continuidad y la estabilidad de una nación encarnada en su Rey. En una ocasión única tras el largo reinado de su augusto padre, el Rey como máximo representante del pueblo y del país que forman la nación debe quedar investido con todos los simbolos de la Monarquía como expresión de los altos valores de la institución, valores de los que carecen precisamente los que se dedican a destruir a sus naciones con estrategias de desestabilización y centrifugación. Por eso exclamo con entusiasmo:
¡Larga vida al Rey! ¡Viva el Rey de Tonga!

A continuación algunas fotos de la ceremonia.

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01/08/2008 20:59 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

La Casa Real de Bulgaria

[archivo 1993]

GENEALOGIA

Existe un estudio muy curioso de la ascendencia de la actual Casa Real Búlgara en conexión directa con la Segunda Monarquía.

La dinastía Sajonia-Coburgo-Gotha comenzó a reinar enBulgaria en 1878. Por el académico de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, D. José Luis Sampedro Escolar, ha sido elaborado este árbol genealógico que enlaza biológicamente a S.M. el Rey Simeón II con la dinastía de los Asénidas:

JUAN ASEN I, Zar de los Búlgaros (1186-1196)

JUAN ASEN II, Zar de los Búlgaros +1241
casado con MARIA DE HUNGRIA

ELENA DE BULGARIA
casada con TEODORO II LASCARIS, Emperador de Nicea +1258

EUDOXIA LASCARIS, mujer de
GUILLERMO PEDRO DE VENTIMIGLIA, Conde de Tende, +1278

JUAN LASCARIS, Conde de Tende

GUILLERMO PEDRO II, Conde de Tende

GUILLERMO PEDRO III, Conde de Tende

GUILLERMO PEDRO IV, Conde de Tende

ANTONIO LASCARIS, Conde de Tende

JUAN ANTONIO LASCARIS, Conde de Tende +1509
casado con ISABEL D'ANGLURE

ANA LASCARIS, Condesa de Tende,
casada con RENATO DE SABOYA, Conde de Villars +1525

MAGDALENA DE SABOYA,
casada con ANA, Dique de Montmorency +1567

ENRIQUE DE MONTMORENCY, Condestable de Francia +1614
casado con LUISA DE BUDOS

CARLOTA DE MONTMORENCY,
casada con ENRIQUE DE BORBON, Príncipe de Condé +1646

ARMANDO DE BORBON, Príncipe de Conti +1666
casado con ANA MARIA MARTINOZZI

FRANCISCO LUIS DE BORBON, Príncipe de Conti +1709
casado con MARIA TERESA DE BORBON CONDE

LUISA ENRIQUETA DE BORBON CONTI +1759
casada con LUIS FELIPE, Duque de Orleans +1785

LUIS FELIPE II, Duque de Orleans +1793
casado con ADELAIDA DE BORBON-PENTHIEVRE

LUIS FELIPE I, Rey de los Franceses +1850
casado con MARIA AMALIA, Princesa de DOS SICILIAS

CLEMENTINA DE ORLEANS +1907, casada con
AUGUSTO, Príncipe de SAJONIA-COBURGO-GOTHA +1881

FERNANDO I, Zar de los Búlgaros +1948
casado con MARIA LUISA, Princesa de PARMA

BORIS III, Zar de los Búlgaros +1943
casado con JUANA, Princesa de SABOYA

SIMEON II, Zar de los Búlgaros

La Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía edita trimestralmente un Boletín con las últimas noticias académicas y de interés para el mundo de la heráldica y genealogía. La dirección es: c/. Quintana, 28 - 28008 Madrid.

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08/06/2008 16:19 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

LA CONVERSION DE LA DUQUESA DE KENT

por Amadeo-Martín Rey y Cabieses

Hace pocas semanas (referido a 1992) podíamos leer cómo siete obispos y cientos de sacerdotes y diáconos anglicanos habían optado por reconocer que el Papa es el Pastor Supremo de la Iglesia Universal. La mayoría han acatado, además, el credo católico. Esta deserción masiva, y tan significativa por quienes la realizan - no olvidemos que entre ellos está nada menos que el obispo de Londres Graham Leonard -, tiene causas profundas y antiguas. La reciente puerta abierta a la ordenación de mujeres, gracias a la Priests Measure, que convierte a la Anglicana en una Iglesia reformada más, o las corrientes a favor de una renuncia del Príncipe de Gales a ser futura cabeza - "Gobernador" - de la Iglesia de Inglaterra, han actuado sólo de catalizadores. Del mismo modo que, sin duda, ha obrado asimismo una decisión personal, íntima y meditada que ha tenido por protagonista a un miembro de la Familia Real británica: la Duquesa de Kent, que ha profesado la fe católica - ante el cardenal primado Basil Hume, en la capilla privada de la Archbishop's House, cerca de la catedral de Westminster.

Desde la promulgación del Acta de Supremacía, la ruptura de Inglaterra con Roma por parte de Enrique VIII, paradójicamente Defensor de la Fe (Católica), no ha constituido siempre una insalvable solución de continuidad. Durante el pasado siglo, el movimiento de Oxford y las conversiones de los cardenales Newman y Manning fueron momentos señeros de la crisis anglicana. Dentro de la Monarquía, la reina María Tudor - casada con nuestro Felipe II -, la Reina Enriqueta María - esposa de Carlos I - Carlos II o Jacobo II son ejemplos de reyes católicos de la Gran Bretaña. En la misma Casa protestante de Hannover, Jorge IV, siendo Príncipe de Gales, casó en 1785 con Mrs. Mary Fitzherbert, una viuda católica.

Carecería de exactitud decir, como se ha repetido estos días incesantemente, que la Duquesa de Kent es el primer caso de conversión a la Religión Católica, en nuestro siglo, de un miembro de la Familia Real. La Reina Doña Victoria Eugenia abjuró del anglicanismo el 7 de marzo de 1906, en la capilla privada del palacio de Miramar de San Sebastián - poco antes de casarse con Alfonso XIII -, aunque fuera por exigencias de nuestras leyes. Las bodas reales por doble rito, aún no se acostumbraban a celebrar. Todo ello sin contar con los matrimonios de príncipes ingleses con católicas, que han obligado a aquellos a renunciar a los derechos de la Corona, en virtud del Act of Settlement de 1701. Es el caso del propio hijo de la Duquesa, el Conde de Saint-Andrews - casado en 1988 con la católica canadiense Sylvana Tomaselli -, o de su cuñada, la princesa Miguel de Kent, nacida católica en Bohemia, hija única del Barón Günter von Reibnitz y de la Condesa Marianne Szápáry. Si esta ley no estuviera en vigor en la Gran Bretaña, la Corona hubiera recaído - en nuestreo siglo, - sobre los Wittelsbach, en la persona del actual Duque Alberto, Jefe de la Casa Real de Baviera. Y eso, después de haberse transmitido a través de los Orleans, Saboya y Austria-Este.



Otra de las consecuencias de la decisión de la Duquesa de Kent podría ser, sin duda, la revisión - una vez más, puesto que ya ha sido modificada desde su promulgación - de la mencionada Acta de 1701. Aunque su decisión no afecte a los derechos sucesorios de sus hijos - nacidos de anglicanos casados según esta Iglesia - este acontecimiento quizás anime a los políticos británicos a valorar la conveniencia de mantener, en un mundo en el que la separación Iglesia-estado y la libertad religiosa son hechos ya asumidos, la exclusión de los católicos de la línea de sucesión al trono. Pasados los tiempos en que un Rey, Enrique IV de Francia, podía exclamar alegremente "París, bien vale una misa", está claro que a la Duquesa de Kent no le han movido intereses humanos en su resolución. Especialmente porque, siendo quien es, no ha debido ser fácil adoptarla. Curiosamente, es novena nieta de Oliver Cromwell, presbiteriano y encarnizado enemigo de los "papistas" y de los Estuardos, uno de los cuales - Carlos I - hizo decapitar.

El palacio de Saint James, donde vive la ya nueva católica Katherine Lucy Mary, y la corte de idéntico nombre ante la que se siguen acreditando los embajadores extranjeros, han dejado de ser los mismos a partir del 14 de enero de 1994, en que con sus dos testigos - el Marqués de Lothian y su hija, lady Cecil Cameron -, recitó el Credo de Nicea. ¿Será el comienzo del cumplimiento de la profecía del santo italiano Domingo Savio (1842-1857) de que toda Inglaterra no tardaría en convertirse? Sólo Dios tiene la respuesta.

(Publicado en Monarquía Europea 1992)

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08/06/2008 16:18 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Latinoamérica necesita urgente la Monarquía

por Mario Santiago Carosini
Movimiento Monárquico Argentino


Nuestra querida región iberoamericana es hoy, como hace mucho tiempo ya, un gran enfermo institucional.

Ahora bien, ¿está en franca mejoría o la salud de sus instituciones se deteriora rápidamente?

La Medicina Republicana dice ¡no hay problema! Y trata de disimular la historia clínica del enfermo (que habla por sí misma).

Al mirar su evolución, observamos que su situación se deteriora aceleradamente presa de un gran cáncer, que origina, a su vez, otras profundas complicaciones no menos importantes. Decidida y claramente, la concentración del poder se va adueñando de todos y cada uno de los órganos institucionales. Luego de muchos años de práctica, los latinoamericanos hemos perfeccionado la más terrible y virulenta enfermedad de laboratorio, "el absolutismo republicano". Los "autogolpes" confirman esta tendencia.

Mientras el absolutismo es un eslabón antiguo de la evolución de la Monarquía hacia su altísima concepción democrática actual, en Latinoamérica constituye, para la República, el norte hacia el cual tienden irremediablemente sus esfuerzos. Una realidad por cierto repudiable en virtud de los sufrimientos y vejaciones que debemos soportar quienes tenemos la desgracia de vivir bajo las zarpas de este Monstruo Institucional, que toda dignidad pisotea y envenena nuestras naciones con la intolerancia que genera.

Haciendo un esfuerzo de simplificación tenemos:

REPUBLICA
=
PODER EJECUTIVO
+
PODER LEGISLATIVO
+
PODER JUDICIAL


Si a los tres poderes de la república les sumamos el Poder Real, tenemos:

REPUBLICA
+
PODER REAL (CORONA)
=
MONARQUIA



Con estos esquemas estamos en condiciones de entender por qué los tres poderes que funcionan en la república (también contenidos por la Monarquía) se transforman, como en el cáncer, de células benignas en malignas, dañando la salud institucional de la nación.

Las instituciones latinoamericanas son un claro ejemplo de desequilibrio funcional, reflejado en el continuo adelgazamiento de las atribuciones de los poderes legislativo y judicial en beneficio del poder ejecutivo. La concentración del poder forma parte de la dinámica institucional republicana. Ello se debe a que en estas instituciones no se encuentran representados los intereses de largo plazo (es decir, la natural inclinación de supervivencia de la nación a través del tiempo) sino los de corto (o cortísimo) plazo, generalmente ligados a las mezquinas conveniencias demagógicas del representante de los intereses de la nación y del pueblo por ella representada. Esto es así porque en el Rey está representado el Poder Moderador, el Poder de Reserva y el fundamental Poder Afectivo, generalmente desdeñado por la plutocracia republicana.

Dicho de otro modo, en la Monarquía moderna el Jefe del Estado (Rey) representa los intereses a largo plazo (es decir, a la nación misma) y el Jefe del Gobierno (Primer Ministro) a los legítimos intereses a corto y medio plazo (Teoría de las Dos Soberanías). Resulta imposible que ambos intereses puedan ser eficientemente reunidos en una sola persona (presidente).

En este caso, la historia nos enseña que el largo plazo es sacrificado en aras del corto plazo, lo urgente aniquila lo importante y la demagogia termina oprimiendo a los ciudadanos en medio de la inseguridad jurídica y la dictadura, legalmente entronizadas. Así la inflación, inversamente proporcional a la ética del gobierno, se adueña de nuestros ahorros y destruye nuestras ilusiones. La operación tenaza es completada por el endeudamiento irresponsable para engordar estómagos gubernamentales. La Constitución del Reino de Argentina, en elaboración, incluye soluciones novedosas para esto.

En la República latinoamericana el presidente posee la suma del poder público (Jefatura del Estado + Jefatura del Gobierno), pretendiéndose el absurdo institucional de que sea parte (jefe de partido político, en el gobierno) y árbitro (ejercer el Poder Moderador), todo al mismo tiempo.

Así vistas las cosas, es fácil entender por qué Latinoamérica es el paraíso de los golpes de Estado, los dictadores y la corrupción. Nuestro desequilibrio institucional llamado República nos lleva a esto, recurrentemente.

La solución es obvia: Monarquía cuanto antes, para hacer realidad la genuina división de poderes y evitar el pisoteo de nuestros derechos. Sin Monarquía no tenemos identidad, ni justicia independiente, ni fuerzas armadas despolitizadas. Sin Monarquía nuestras naciones seguirán teniendo el apellido de "bananeras".

(Publicado en Monarquía Europea - 1992)

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08/06/2008 16:16 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia Hay 1 comentario.

El Heredero del Trono de Brasil

¿Quién es el heredero del trono?

La cuestión de la legitimidad dinástica y del más apto heredero del trono

Aquí, lo monárquicos siempre conocíamos sólo un Príncipe Heredero del Brasil: Don Pedro de Orleans y Braganza. Pero con la victoria monárquica de lograr la convocatoria constitucional de un referéndum institucional, fueron muchos los que de repente se subieron al carro de la Monarquía. Aparecieron asociaciones monárquicas no coordinadas con los artífices parlamentarios alrededor de Cunha Bueno ni en contacto con los que mantuvieron la idea monárquica viva en tiempos de la "cláusula férrea" que prohibía toda actividad en favor de la Monarquía, como el IBEM de Río de Janeiro (Instituto Brasileiro de Estudos Monárquicos) del trágicamente fallecido Wim de Jesús Almeida Oliveira, precursor de Cunha Bueno. También reaparecieron príncipes que no contaban ya con la vuelta de la Monarquía.

Hemos, por tanto, a dos que representan la Casa Imperial del Brasil: Don Pedro Gastón y Don Luis. El primero es el primogénito del sucesor directo de Don Pedro II (línea primogénita), pero se da la circunstancia de que el padre de Pedro Gastón renunciara antes de tener descendencia, en 1908, renuncia que no está claro si fue aceptada por el Jefe de la Casa Imperial.

De este modo, pasó la Jefatura de la Casa Imperial al segundo hijo de la Princesa Isabel, Hija de Pedro II, Don Luis, de éste a Pedro Enrique, padre del actual Don Luis.

Según un exhaustivo estudio realizado por Armando Alexandre dos Santos, genealogista brasileño entendido en asuntos dinásticos, no hay duda de la legitimidad sucesoria de Don Luis.

Pero, a todas luces, tiene más inconvenientes que ventajas. En primer lugar, no está casado, no teniendo descendencia ni perspectivas de tenerla. Si esto no fuera ya bastante grave, cuenta con el apoyo de "Tradición, Familia, Patria", que financian su propio movimiento y habrán sido determinantes para su aparición en la escena pública. Está, por tanto, condicionado ideológicamente, una circunstancia que en el Brasil de hoy podría tener efectos negativos y que no concuerda con los valores que representa la Monarquía moderna.

Don Pedro Gastón, en cambio, siempre se ha caracterizado por su talante democrático y progresista. Y aunque de avanzada edad, cuenta con una numerosa descendencia que no pondría en peligro una sucesión ordenada al trono.

Este cisma legitimista, que no es muy conocido en general y no es tema de discusión pre-plebiscitaria, se trata de evitar con la propuesta realizada por el grupo de Cunha Bueno de que sea el Parlamento quien, ganado el referéndum por la opción monárquica, escoja el sucesor más idóneo. Una solución práctica, pero que resuelve un problema que podría ser muy grave y perjudicial para la restauración si se llegase a discusiones familiares sobre quién debe ser Rey.
(Publicado en Monarquía Europea N° 4 - 1991)

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08/06/2008 16:13 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Brasil '93: REGRESO AL FUTURO

[archivo - 1991]
Nota: Evidentemente no se optó por el futuro. El referéndum fue saboteado por las fuerzas republicanas al adelantarlo seis meses y celebrarlo en pleno verano, con ello se infrigió un precepto constitucional.

Queda apenas año y medio para que el pueblo brasileño pueda, por fin, decidir libremente si desea restaurar la Monarquía o seguir con la república, instaurada en 1889 mediante un golpe militar propugnado por los terratenientes contrarios a la abolición de la esclavitud y apoyados por los EE.UU. de América, entonces en pleno apogeo hegemonista. Con la abolición de la Monarquía terminó un período de progreso marcado por los avances en el desarrollo tecnológico y democrático del país gracias al feliz reinado del Emperador Don Pedro II, amado por su pueblo, un monarca excepcional que supo elevar el prestigio de su país en el mundo. La república, conociendo el sentir general del pueblo, nunca cumplió la promesa de celebrar un referéndum sobre la forma de estado: sabía que tenía que perder. Y la Monarquía tampoco interesaba a EE.UU., que preferían mantener en el poder a un régimen dictatorial servil que a un Emperador democrático y popular.

Hasta el golpe militar del 15 de noviembre de 1889, Brasil venía atravesando 67 años de estabilidad, superando graves obstáculos. Era un fuerte contraste con todas las repúblicas hispanoamericanas, donde regímenes republicanos "democráticos"
ensayaban una sucesión interminable de caudillos y revoluciones, un cuadro hasta hoy vigente y ampliada con la entrada de Brasil en esta malograda forma de gobierno.

Es sintomático que, al saber de la partida de Don Pedro II, el dictador venezolano Guzmán Blanco había afirmado: Cayó la única república de América Latina".

En un entorno totalmente diferente, Brasil superó gallardamente el período marcado por la minoría de edad de Don Pedro II. Subido al trono con menos de 16 años de edad, el segundo monarca del Brasil comenzó a ejercer el poder moderador cuando era poco más que un adolescente; pero la solidez del régimen monárquico parlamentario permitió que el inicio de su reinado transcurriese sin mayores problemas. Vale recordar que durante el Segundo Reinado, con la Guerra del Paraguay, Brasil atravesaría más tarde uno de los períodos más difíciles de su historia.

Durante el reinado de Don Pedro II, Brasil era una nación próspera y progresista, que contaba con una moneda fuerte y la segunda fuerza naval más importante del mundo. Su estabilidad político-institucional era respetada por todas las naciones de América, desde los EE.UU. hasta Argentina. Disfrutaba el país de una auténtica democracia, donde, entre otras cosas, reinaba completa libertad de expresión y de imprenta. Es hasta una ironía constatar que fue justamente en este clima ampliamente apoyado por el propio Emperador, que eran ampliamente diseminadas las ideas republicanas que desembocarían en el golpe militar del 15 de noviembre de 1889.

En este país-continente, la Monarquía constitucional y parlamentaria consiguió el milagro de formar una única nación, coherente, con una absoluta identidad de rasgos culturales. El segundo Emperador inspiraba el cariño y la admiración de todos: cuando sugerían al presidente estadounidense Abraham Lincoln que escogiese entre el Rey de Italia o el Presidente de Suiza para mediar en le Guerra Civil Americana, Lincoln declaró que, si fuese el caso, preferiría llamar al Señor Don Pedro II de Brasil.

El golpe militar del 15 de noviembre de 1889 impuso al país una nueva forma de gobierno sin cualquier consulta a la nación.

En noviembre de 1889, el Mariscal Deodoro da Fonseca, en su Decreto nº 1, declaró provisionalmente instituida la república, hasta la celebración de un plebiscito por el cual el propio pueblo determinaría si aceptaba la nueva forma de gobierno o si prefería mantener la Monarquía constitucional que venía rigiendo los destinos del país desde la Independencia.

Vale, quizás, recordar aquí que la noticia de la "Proclamación de la República" fue cuidadosamente camuflada para así evitar reacciones populares. Es significativo que el embarque de Don Pedro II para su exilio fue realizado de madrugada, para que el pueblo no tomara conocimiento: era, en suma, la admisión tácita de que se acababa de practicar una inmoralidad, una agresión a los legítimos derechos y sentimientos del pueblo brasileño.

Gracias al trabajo desarrollado del Diputado Federal Cunha Bueno y de un grupo de otros brasileños que no consideran el patriotismo una virtud extinguida, la nueva Constitución brasileña prevé, en la Disposiciones Transitorias, el plebiscito que tendrá lugar el 7 de septiembre de 1993 a fin de que el pueblo brasileño decida por sí mismo la opción que juzgue es la mejor forma de gobierno para su país: si desea realmente proclamar la república, legitimándola, aunque con 104 años de retraso, o si prefiere escoger la Monarquía constitucional y parlamentaria.

Para alcanzar la victoria en 1993, es imperioso que todos los monárquicos unamos esfuerzos para el fin común: divulgar con profesionalidad y conocimiento de causa lo que representa la Monarquía y lo mucho que Brasil puede esperar de esa moderna y eficiente forma de gobierno.

Movimento Parlamentarista Monárquico

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08/06/2008 16:13 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Brasil: El gran Reino del tercer milenio


por R.N. Stelling Jr. (Brasil)


Hace ya mucho tiempo que difundo, entre los círculos que frecuento, mi absoluta preferencia por el sistema monárquico, y frecuentemente, lo que oía y percibía era un cierto descrédito de que mis opiniones pudieran tener alguna viabilidad en nuestro país.

Los años pasaron, y gracias a la iniciativa de nuestro querido Diputado Federal, el sr. Cunha Bueno, asistimos dentro del proceso de desarrollo histórico de nuestro país, al inicio de la reversión de este cuadro, o sea, paulatinamente he podido percibir en diferentes sitios que la Monarquía no parece ya algo "folclórico", nostálgico, en el sentido de pasado y no más viable.

Creo que muchas personas adeptas a esta idea, no tienen realmente espacio para poder exteriorizar todos sus anhelos e pensamientos. Aquí mismo podemos hacer una valoración. ¿Qué república tan segura y tan democrática es ésta que durante prácticamente 100 años prohibió la libre manifestación de opciones políticas salvo aquellas que tuvieran afinidades republicanas? Acordémonos de la Monarquía en Brasil, en especial del Segundo Reinado, donde, por orden del mismo Emperador, ni siquiera los periódicos que lo ironizaban sufrían sanciones. ¡Ah! Grandes tiempos ... Pero no nos limitemos sólo al pasado, pues ahora tenemos un nuevo momento histórico en el cual podremos realmente "arreglar la casa", o mejor dicho, podremos, con la implantación del sistema monárquico, organizar de una vez este nuestro país tan deteriorado por 100 años republicanos de desgobierno, corrupción, desvirtuación de declaraciones, falta de compromiso con la causa pública ...

Por parte del Gobierno actual, se nos cuenta insistentemente que estamos en camino del 1er Mundo. Nos parece hasta anecdótico si pensamos en los tiempos en que Brasil era una Monarquía, cuando nos sentíamos orgullosos del esplendor y del respeto que nuestro país merecía en el exterior: segunda fuerza naval del mundo, gran desarrollo cultural apoyado directamente por nuestro gobernante, nuestro Emperador Don Pedro II, tan ligado con las áreas de la ciencia y de la cultura en su calidad de corresponsal de grandes celebridades intelectuales de la época, partícipe de los progresos de su época.

Sí, estábamos dignamente representados y el Brasil era un palco en el cual las invenciones modernas de la época se colocaban subrayando nuestro desarrollo y nuestro compás con las Grandes Potencias, entre las que nos perfilábamos, disponiendo en corto tiempo de ferrocarril, teléfono, cables submarinos, etc.

Decía que no hablaría más del pasado, pero, a medida que escribo, parece que me pasa por la mente toda la grandeza nacional que me acredita y me honra como ciudadano de este país, y creo con firmeza, como futuro súbdito. Hombres de la talla de un Rui Barbosa eran los que se introducían en todos los niveles de la nación como personalidades destacadas y que hasta las primeras décadas de este siglo fueron producto de la "atmósfera" y de los incentivos que tuvieron en el período Imperial.

Más que nunca ha llegado la hora de que reconduzcan el gobierno del Brasil nuestros legítimos representantes frente a la comunidad internacional de las naciones: la Dinastía de la Casa de Orleans y Braganza.

Necesitamos con la máxima urgencia retomar nuestro crecimiento económico respaldados por una credibilidad internacional y nacional. Por lo tanto, solamente una personalidad que se sitúa por encima de los partidos y de los intereses de grupo, pero que sea el fiel de la balanza de la comunidad nacional, nos podrá garantizar la necesaria estabilidad de la que tanto carecemos.

En 100 años de desgobierno y sucesivos atentados contra todos los patrones de honradez pública, nuestro pueblo, paso a paso, comenzó a no creer en sus líderes (si es que aún tenemos alguno de proyección nacional), pues percibo y se percibe que la situación empeora cada día, que en lo cotidiano las leyes que deberían protegernos no lo hacen, sino solamente a las personas y grupos que hacen prevalecer sus posiciones para obtener ventajas o que disfrutan de diversos tipos de inmunidades .

El restablecimiento de la Monarquía nos garantizará ciertamente este arbitro tan necesario, pues la figura del monarca no debe representar a personas o grupos, sino simboliza el conjunto, a todos los miembros del país con sus valores e identidades propias. Esta es una de las glorias de la Monarquía en la actualidad. Sus soberanos son el ejemplo vivo de los derechos que sus leyes nacionales les garantizan.

Este es un punto fundamental: el dejar siempre claro que el monarca asume un papel histórico en el proceso evolutivo de la sociedad sobre la que impera, pues él es, en realidad, el gran símbolo de la autodeterminación, de la dignidad y de la certeza de la riqueza económica, política y cultural de una nación soberana.

Aquí reitero una vez más, insistiendo y clamando a todos a que luchen por ver a nuestro país en 1993 salir vencedor con la opción monárquica.

Ha llegado la hora de dejar de lado cualquier tipo de dubitación; es hora de desplegar nuestra bandera, clamando a todo nuestro pueblo, de las más diversas clases sociales, de diversos orígenes, grados de formación y profesiones, para marchar juntos en una cruzada cívico-histórica en pro de un Brasil mejor, de un Brasil que garantiza para sus hijos honra, derechos, paz, esfuerzo, educación, salud, vivienda, soberanía y una digna posición frente a los demás pueblos del mundo. Seamos de verdad el tan difundido "FLORON DE AMERICA", seamos, pues, aliado de un solo sentido histórico, él de la Verdad. Si así optamos, sólo una puede ser nuestra voz, y gritaremos al unísono: "¡Retorne la Monarquía, retorne nuestra dinastía de los Orleans y Braganza, retorne Brasil a su antigua posición digna dentro de la comunidad internacional de las naciones, retorne Brasil a contemplar a sus hijos con los ojos bondadosos, no obstante justos, de aquella madre, consejera y amiga que sabe como mejor orientar y auxiliar a sus hijos para que un día puedan ser hombres comprometidos con un mundo en
permanente cambio bajo el signo de la justicia!"

(Publicado en Monarquía Europea N° 4 - 1991)

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08/06/2008 16:12 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

VALÈNCIA I LA CORONA ESPANYOLA


per Francesc Xavier Montesa


Desprès de la descomposició política de l'antigua Unió Soviètica han sorgit amb força aires d'independentisme. El reconeixement, per exemple, de la independència de les repúbliques de Lituania, Estonia i Letònia per part de les autoritats soviètiques, de EE.UU. i de la CE han donat peu a que grups radicals comparin algunes nacionalitats històriques espanyoles amb els països bàltics, despreciant i falsejant la història lliurement.

La més mínima revisió de la història del nostre país és sificient per llençar per terra qualsevol tipus de semblança. Un dels nostres més destacats monarques Jaume I El Conqueridor, escrivia a la famosa Crònica del seu regnat "Nos feim la primera cosa per Déu, la segona per salvar Espanya, la terça que nós e vós haiam tan bon preu e tan gran nom que per nós e vós és salvada Espanya".

Si la conmemoració d'efemèrides té la seva importància en qualsevol societat, sigui aquesta antiga o nova, penseu en el Bicentenari de la Constitució desl EE.UU. o del Vè Centenari del descobriment, no podem passar per alt que la Familia Reial Espanyola és la més antiga d'Europa. Familia, que no Dinastia, que és cosa diferent. Si analitzem objectivament l'arbre genealogic de Sa Majestat El Rei podrem observar com Don Joan Carles descendeix directament de totes i cadascuna de les families reials de les antigues monarquies peninsulars. La història no es pot disfressar. Catalunya es va unir a Aragó perquè Ramon Berenguer IV, Comte Sobirà de Barcelona es va cassar amb l'hereva del regne veí. Un altre Rei d'Aragó i de València, es cassaria segles més tard amb la Reina de Castella, unint les dues corones sota una mateixa dinastia. Així, l'ansiada unió peininsular, que culminaria un segle més tard amb la incorporació de Portugal, es va realitzar pacificament, conservant cada reialme les seves pròpies lleis i institucions polítiques.

A la Guerra de Successió, els antics reialmes de València, Aragó, Mallorca i el Principat de Catalunya, van abraçar el bàndol perdedor, però aquesta no va ser una guerra de separació, sinó que l'antiga Corona d'Aragó va considerar amb millors drets a la Corona espanyola a l'Arxiduc Carles, que seria reconegut com Carles III, pensant que seguint la tradició austriacista, de caràcter neofederal, conservaria les lleis, privilegis i institucions que el regien.

Per acabar, el respecte de la Corona envers la diversitat d'Espanya, encara que una portada de diari suposament monàrquic volgui enlairar en dogma de fé, el que no és més que l'obsessió del seu director, queda ben clar en les paraules de S.A.R. El Príncep de Girona a la seva visita oficial a l'Ajuntament de Cervera, ciutat de la que és Comte, el 23 d'abril de 1.990: "No sols no heu de renunciar a les vostres peculiaritats, a aquesta nacionalitat que tant estimeu i que estimen tots, sinó que també entre tots hem de enfortim-la."

(Publicado en Monarquía Europea N° 10 - 1994 - Edició en valencià)

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08/06/2008 16:11 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia Hay 1 comentario.

LA FUNCIÓ REIAL A BÈLGICA


Paul Roux
Ministre Plenipotenciari de Bèlgica (1994)

Bèlgica va ser proclamada independent el 1.830 al separar-se del Regne dels Països Baixos. A començaments del 1.831, el Congrés Nacional dóna a Bèlgica una Constitució. El nou Estat belga és organitzat sota la forma d'una Monarquia Constitucional parlamen­tària.

Quan es va elaborar la Constitució, el Congrés va escollir la Monarquia, per una gran majoria, com a forma de Govern. Aquesta decisió va ser presa desprès d'un gran debat llarg i seriós.

Si es volen saber les raons d'aquesta elecció, s'ha d'invocar, en primer lloc, una tradició monàrquica ben arrelada a les nostres provìncies (pensem particularment en les monarquies espanyola u austríaca de les que vam dependre al segles XVI, XVII i XVIII). Una altra raó era el desig de tenir una forma de govern que portés l'estabilitat i la continuitat polítiques.

S'ha de fer també la preocupació del nou Estat independent per no contrariar les grans potències de l'època (Gran Bretanya, Prússia, Austria, Rússia, França) les quals, a excepció d'aquest darrer país, apreciaven poc la revolució de 1.830. Adoptar la república com a forma de govern hagués constituït una provocació.

Vam ser, doncs, dotats d'una Monarquia, però quina Monarquia? Una Monarquia constitucional.

Els constituents, els membres del Congrés, conservaven un mal record del règim holandés, jutjat per ells com autoritari. També es van esforçar per anular pràcticamet les possibilitats del poder personal del Rei. El que volien, segons els termes d'alguns d'ells, era una "Monarquia republicana" (Alphons Nothomb) o "un Rei constitucional amb institucions republicanes" (Charles Rogier). Com van aconseguir el seus objectius els constituents? Per la institució de la respon­sabilitat ministerial.

En virtud d'aquest principi, cap acte del Rei te efectes si no es recolzat per un ministre, el qual pren la responsabilitat. Per aquest fet, el Rei no és políticament responsable.

Tant si es tracte de la participació en el poder legislatiu (sanció de les lleis) com de l'exercici del poder executiu, només pot sortir efectes el concurs, l'acció conjunta del Rei i dels ministres.

Aquest mecanisme funcionava a l'època a Gran Bretanya i també a França durant la monarquia orleanista.

El recurs al començament de la responsabilitat ministerial té per objecte protegir a la nació contra l'arbitrarietat Reial. Però es tracta també de garantir al Rei i la continuïtat de la dinastia contra els perills de preses de posició arriscades, per a conformar a l'opinió pública d'un país "pluralista". Per exemple, la qüestió escolar o la legislació sobre l'avortament.

En aquest punt de la meva conferència desintjaria destacar l'evolució aconseguida des del 1.830 pels centres de decisió política. A començaments del regne de Bèlgica, el òrgans polítics emanaven dels 40.000 electors censataris (sobre una població de 4 millions i mig d'habitants), el seu dret de vot estava unit a la possessió de certes rendes. La qual cosa equival a dir que aquests electors eren al mateix temps els amos econòmics del país: el Rei apaReixia com el primer d'aquests notables.

Des d'aleshores, l'adopció del sufragi universal i les transfor­macions polítiques, econòmiques i socials van portar una evolució del poder en el marc de les institucions oficials i una extensió de la funció dels poders fàctics.

En el marc de les institucions oficials, el paper del Parlament ha disminuit en benefici de l'executiu. A l'interior de l'executiu, el paper del Rei s'ha debilitat en comparació al del primer ministre, i del Consell de Ministres.

Pel que respecta als poders fàctics, és la dominació dels partits sobre el conjunt del sistema polític: és la influència dels grups de pressió, no només les potencies financeres, predominants al segle XIX amb les forces ideològiques (l'Església, la francmasoneria), sinó els diversos interessos organitzats: el sindicats, la patronal, etc. ...

Que es pot deduir d'aquestes constatacions?

En un conjunt cada vegada més complexe, el paper de cadascú dels elements del poder de dret apareix a la vegada menys visible i menys determinant. Aixó s'aplica especialment a la funció Reial. El fet que en l'ordre polític exerceixi de manera discreta i sovint confidencial no ha de conduir-nos a negar la seva influència real a la vida pública belga.

Funció política i funció simbòlica

La Constitució espanyola defineix el paper del rei amb els següents termes: "El Rei és el símbol de la unitat i de la permanença de la nació, l'arbitre i el moderador de la vida política". Aquest texte defineix les dues cares de la funció reial, tal i com s'exerceix igualment a Bèlgica.

En l'aspecte polític l'acció del rei no es tradueix per la posada en marxa d'un poder propi o personal, sino per l'exercici del que s'ha anomenat "una altra magistratura d'influència". És per mitjà de l'opinió, la sugerència, la posada en guàrdia, l'advertència i l'estimul que el Rei exerceix una acció sobre els actors del joc polític. La seva perspectiva és la dels objectius a llarg plaç a on s'han de comprometre els països i l'Estat.

La perennitat de la seva funció i la continuïtat dinàstica l'animen a situar-se en aquesta perspectiva. Els seus interlocutors, al contrari, s'arriquen a limitar-se a curt plaç, a l'inmediat i al fet circunstancial.

Aquesta activitat del Rei es tredueix pel diàleg amb tots el que intervenen en la decisió política. Aixó posa en joc no solament al Parlament i al govern, sinó a "tot el que compte al país".


Importància i impacte d'aquesta acció política

Hi han moments que el paper del Rei, encara que quedi en principi cobert per la responsabilitat ministerial, s'afirma clarament i les seves opinions poden orientar l'evolució política de forma decisiva. Es tracta de la formació del govern i de la dissolució de les Cambres. Observem que fins en aquestes circunstàncies, la missió del Rei és la d'actuar en funció dels elements objectius de la situació i no fer prevaldre sobre aquests elements els seus drets personals.

En aquest ordre d'idees, no és qüestió de demanar al Rei que actui contra el sistema constitucional. No se li pot demanar que es faci l'interpret d'un suposat país real, que prengui posicions personals i s'opossi a les decisions d'un país legal. No és una solució exigir d'un dels elements del poder el posar-se fora de la regla constitu­cional sota el pretexte d'endereçar la situació deteriorada per altres.

El Rei, pot i deu en les seves conversacions amb els responsables polítics subratllar el que estima ser l'interès nacional, expressar les seves reserves en front dels projectes que li semblen inoportuns. Resumint, pot i deu posar en guàrdia. No pot anar més lluny. Actuar d'altre manera es fer un mal servei no solament al Rei mateix sinó a les causes que es defensen.

A la funció propiament política exercida pel Rei es poden afegir altres activitats del sobirà. Primer el comandament de les forces armades. Aquesta missió és definida expressament a la Constitució (art. 68): "El Rei comanda les forces de terra i mar ..."

En el transcurs de la nostra història contemporànea, aquest texte ha sigut controvertit. Per dir-ho en poques paraules es tractava se saber si el paper militar del Rei en temps de guerra estava o no sotmés a la responsabilitat ministerial. Aquesta qüestió s'ha superat pel fet que la quasi totalitat de les nostres forces armades depenen del comandament integrat de l'OTAN, observem que el paper del rei en l'aspecte militar conserva, malgrat aixó, la seva importància. L'acondicionament de les forces armades, la crida a les obligacions nacionals i internacionals de defensa, constitueixen un dels nostres principales deures.

El Rei mitjancer

El Rei juga quotidianament un paper de mitjancer, un paper anàleg al de l'"ombudsman" nòrdic. Gran quantitat de ciutadans s'adrecen a Ell per "obtenir justicia". El reclamant espera que l'autoritat moral del Rei podrà conmuore la indiferència burocràtica.

A part de la seva missió política, el Rei exerceix una funció simbòlica i representativa que depèn de la dimensió social de la monarquia. En aquest aspecte, el Rei representa i encarna no l'Estat, aparell de poder, sinó a la Nació o, si es prefereix, el país.

És en aquesta qualitat que es dirigeix a l'extranger per a efectuar visites de cortesia i d'amistat i per a portar la imatge insigne de Bèlgica. En aquesta ocasió l'aspecte representatiu i l'aspecte polític s'uneixen. També és com a representant de la nació que el Rei, assistit per la Reina, viatja per tot el país en determinades ocasions i per motius molt diversos. El fa per informar-se, per estimular i activar l'evolució social, econòmica i cultural. Ho fa també per demostrar no sols el seu interès personal sinó l'interès o el recolzament de tota la comunitat cap a les persones o realit­zacions que mereixen ser distingides i honorades. Aquestes activitats i gestos valoritzen als qui van adreçats. Fins els que no es troben especialment lligats a la monarquia o a la persona reial, les persones a les que se li fa l'honor son conscients que per aquest gest reial, és tot el país el que s'interesa per ells.

Evoquem en aquest propòsit l'aspecte afectiu de la qüestió. Tal i com ho hem dit al començament d'aquesta dissertació, la monarquia es situa en el marc legal i racional de la Constitució. Però ella mateixa comporta també un canvi afectiu i "carismàtic" segons paraules de Max Weber. Aquest aspecte carismàtic es deriva a la vegada dels orígens remots de la institució i també del seu caràcter mateix de continuïtat en la duració.

En aquesta conferència s'ha fet distinció entre l'aspecte polític i l'aspecte representatiu o simbòlic de la funció reial. Crec que aquesta distinció correspon a una realitat. Malgrat aixó no hauríem de separar aquests aspectes, ni oposar-los. En efecte, totes les activitats reials tenen o poden tenir una incidència política. En altres termes, el polític te prelació sobre l'aspecte social i l'aspecte simbòlic.

Una descripció més detallada de la funció reial deuria destacar el recolzament aportat al Rei, en l'exercici de la seva missió, primerament per la Reina, però també per altres membres de la Familia Reial especialment per la Reina Vidua. Se sap que la Reina segueix al rei en tot allò que es refereix al segon aspecte de la funció reial: l'aspecte simbòlic i carismàtic, tant a l'extranger com a l'interior del país. Més encara la Reina es dedica particularment a les obres de la infància.

Unitat de la Nació i regionalització

La Constitució espanyola afirma que "el rei és el símbol de la unitat i permanència de la Nació". A la meva dissertació he volgut esforçar-me per demostrar que el nostre sobirà asumeix igualment aquest paper, fins al punt que un bon nombre dels meus compatriotes es pregunten sobre les possibilitats de supervivència de Bèlgica en cas de desaparició de la Monarquia.

Malgrat això, després d'un o dos decenis, un nou fenomen polític ha aparegut tant a Espanya com a Bèlgica. Faig esment de la regionalit­zació. Pel que fa referència a Espanya, sabem que no hi ha incom­patibilitat entre la Monarquia i el sistema d'autonomies. El mateix passa a Bèlgica: fins a nova ordre, hi ha una voluntat de viure en comú entre flamencs, valons, bruselencs i belgues de llengua alemanya. Ja sabem, aquest "voler viure en comú" segons Renan el fonament mateix de la nació.

Però si sota la forma d'una regionalització o autonomia, els homes polítics preveuen la desparacició del poder central i, per tant, la dislocació del país, és cert la institució monàrquica partirà per això les conseqüències.

Possibilitats de supervivència del sistema monàrquic

Respecte a les formes de govern convé distinguir dues reaccions. La primera és doctrinària. És la de Maurras, per exemple, el qual erigeix en dogma la superioritat absoluta de la Monarquia. És també, a la inversa, l'actitud d'aquells que creuen que la república és, en si mateix, l'únic règim vàlid, encara que per raons de fet s'avinguin a una Monarquia. Aquesta posició és pràcticament la de tots els partits social-demòcrates a les Monarquies de l'Europa de l'Oest i del Nord.

L'altre reacció, que ens sembla més aceptable, depèn de l'empirisme i del pragmatisme. Considera l'elecció d'un règim o d'un govern com a qüestió d'oportunitat que depèn del temps, del lloc i de les circunstàncies.

Quina és en una determinada època, en un lloc determinat, la millor manera d'assegurar la conducta de tal país? Heus ací, doncs, en quin terme s'ha de fer la pregunta. Igualment, allà a on existeix una forma determinada de govern, el problema de saber si hauria que substituir-la per una altre depèn dún judici concret, tenint en compte les avantatges i els inconvenients dels dos sistemes i també d'una relació entre els avantatges del canvi i els perills de transtorns que poguin provocar.

Acabaré l'enunciat d'un fet que em sembla indiscutible.

L'Europa del Nord i de l'Oest compra amb un nombre gens despreciable de reialmes. Aquests figuren entre els Estats més democràtics, més prospers del planeta i a on els drets humans són els menys mal respectats. És, pot ser, una coincidència. En tot cas aquesta "coincidència" desmenteix el suposat anacronisme de la Monarquia.


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Els passats dies 19 a 23 de setembre de 1994, els Reis dels Belgues van realitzar una visita oficial al Regne d'Espanya, destacant especialment el seu viatge a Extremadura. Volem ressaltar algunes paraules de S.M. El Rei Albert II pronunciades durant la seva intervenció davant el Congrés dels Diputats a Madrid:

"Els interessos esencials dels països europeus son els mateixos. Després d'un segle marcat per la sang i les llàgrimes, hem sabut superar els antagonismes a Europa i ens hem organitzat de forma independent, encara que dintre d'organismes comuns. La vida política quotidiana de cadascú dels nostres paísos es troba profundament marcada per la Unió Europea; infleix a les decisions dels nostres governs; les deliberacions dels Parlaments i inclús la jurisprudèn­cia. es tracta dúna empresa difícil basada en el respecte a les particularitats dels nostres pobles i a la diversitat de les cultures que formen el nostre continent. Estats diferents per la seva història, cultura i nivell de desenvolupament cooperen en una unió estructurada, sense esperit de dominació i voluntat de hegemonia."


La Monarquia Belga

Dinastia: Saxonia-Coburg-Gotha

1830: Fundació del Regne de Bèlgica

Leopold I (1790-1865)
1831-1865
x Carlota de Gran Bretaña
x Luisa Mª de Orleans

Leopold II (1835-1909)
1865-1909
x Mª Enriqueta de Austria (+1902)
x Blanche Delacroix

Albert I (1875-1943)
1909-1934
x Isabel de Baviera

Leopold III (1901-1983)
1935-1951 (abdicació)
x Astrid de Suècia (+1935)
x Liliana Baels

Balduì I (1930-1993)
1951-1993
x Fabiola de Mora y Aragó

Albert II (1934)
1993-
x Paola Ruffo di Calabria

Príncep Hereu: Felip

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08/06/2008 16:11 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

L'EXILI DELS SAVOIA

UNA QUESTIÓ DE DRETS HUMANS

per Amadeo-Martín Rey y Cabieses

Eel 24 i 25 de setembre de 1994, la preciosa ciutat de Ginebra va acollir a l'Hotel des Bergues a molts monàrquics italians que, al voltant de S.A.R. Víctor Manuel de Savoia, príncep de Nàpols, varen celebrar el dia de Sant Maurici. Representant allà a l'Associa­ció Monàrquica Europea vaig poder contemplar com l'hereu dels drets dinàstics, el príncep de Venècia, repartia les insignies de cavallers de les ordres de Sant Maurici i Sant Llàtzer i del Mèrit Civil de Savoia.

Cada any, el darrer diumenge de setembre reuneix a l?abadia de Sant Maurici d'Agauno el solemne capítol de la quatre vegades centenària "Ordine dei Santi Maurizio e Lazzaro" de la qual és XVII Gran Mestre el Cap de la Reial Casa de Savoia. Excecionalment, fa tres anys es va reunir a Estoril (Portugal), durant el mes de juny, en record del rei Humbert II que visquè el seus exili a la mateixa població que Don Joan de Borbó.

En aquesta ocasió, la nau de l'església abacial relluia amb el moaré vermell dels hàbits maricians, mentre escoltàvem els càntics en sard que, recordant l'origen de la Casa, pregaven: "Curservet Deus su Reu/ Salvet su regnu Sardu/ E gloria a s'istendardu/ Cuncedat de su Rei!", posant a les mans de la Providència el destí dels Savoia. Onsevulga s'escoltava la melódica entonació de l'acent italià, pero sobretot el palpava l'amor a les tradicions monàrquiques de la pàtria. En el fons dels cors, només romania un caliu de tristor: la que té el seu origen en l'arbitrària norma transitòria XIII de la Constitució, que prohibeix en el seu primer paràgraf que els descendents barons del darrer rei puguin trepitjar la venerada terra dels seus avantpassats, ("l'ingresso e il soggiorno sul territorio nazionali"). En el segon declara confiscats els béns de la Familia Reial, i en el tercer estipula que els descendents d'aquesta família no poden ocupar càrrecs polítics. Mentre les fronteres europees s'obren, les d'Italia segueixen injustament tancadas per a aquests prínceps.

Tanmateix, nous i esperançats vents han començar a solcar els cels de la península itàlica. Des que, el 1.981 el lliberal Aldo Bozzi i el republicà Oscar Mammi varen presentar la seva proposta de llei d'abolició, s'escolten cada vegada més les veus dels qui com el senador i tot seguit Ministre de Defensa, cesare Previti, clamen per la derogació d'aquella norma transitòria i de l'article 139 de la Constitució de 1.947, que sacralitza el règim republicà a Itàlia, ambo poc d'èxit, de moment. Desprès de les darreres eleccions, Alleanza Nazionale va retirar la proposta de derogació per "politica­ment inoportuna". Tant la seva llista com la de Forza Italia, havien presentat candidats monàrquics. Per la seva part, quean el senador Francesco Speroni va ésser nomenat Ministre per a les Reformes Institucionals, va voler recordar que tot pot canviar-se a la Constitució, excepte la forma institucional republicana.

El 7 d'agost de 1.993, durant les exèquies del rei Balduí des belges, es va produir per primera vegada el fet històric que un president de la República Italiana, Oscar Luigi Scalfaro, donés la mà a un Cap de la Reial Casa d'Italia. Aquest, el príncep Víctor Manuel, duc de Savoia, segueix tenint molt clar el seu desig de retorn, sostenint que: "Si el país, les circumstàncies, la voluntat popular revelessin que és necessita una restauració, una onarquia constitucional, estaré disposat a asumir aquesta responsabilitat ..." El seu fill únic tampoc no té dubtes que un rei, al situar-se per damunt de les lluites de partit, és una persona al voltant de la qual tots es poden reunir.

Des de ñ'exili, els membres de la Familia Reial procuren mantenir viva la flama "sabauda", amb la confiança que el seu país els pot demanar, tard o d'ahora, que sostinguin les regnes de la restauració d'una democràcia coronada a Itàlia.

L'anciana reina Maria Josep, apassionada per la història - va escruire - per exemple, una biografia del príncep Manuel Filibert de Savoia -, i conscient que forma part d'ella, ha consagrat part de la seva vida a l'estudi de la dinastia del seu difunt marit Humbert II, el "rei de Maig". La seva filla Maria Gabriela es dedica a presidir la Fundació Humbert II i Maria Josep de Savoia -amb seu a Chavannes, cantó de Vaud-, que procura la conservació de tots als documents, llibres i gravats sobre la seva família, que el seu pare va anar arreplegant durant trenta-set anys. El rei Joan Carles I ha par­ticipat també en aquesta Fundació. La princesa Maria Pia reparteix el seu temps entre les rodalies de París i Florida. Maria Beatriu, viu a Cuernavaca, Mèxic, prop de la seva mare, que es va estimar més romandre allà per causa de la seva edat i salut. El mateix Amadeu de Savoia, duc d'Aosta, que té la fortuna de viure a la Toscana, clama per la injustícia a l'exili del seu cosí, a més d'estar convençut del trucatge del referèndum que va portar la república a Itàlia. Victor Manuel, a la fi, ja sigui des de Ginebra o des de l'illa corsa de Cavallo, tocant a la seva amada Sardenya, segeuix aquí per a recordar que les seves temples romanen disposadas a cenyir la corona italiana, quan el seu poble li ho demani.

Per molt que el referéndum de 2 de juny de 1.946 consagrés la victòria de la república, no es pot oblidar que Itàlia va subscriure en el seu dia la Carta de las Nacions Unides sobre els Drets de l'Home, així com d'altres pactes internacionals sobre drets humans. Així i tot, semblen paper mollat quan es tracta d'aplicarles en un cas tan enutjós com el que afecta a SS.AA.RR. els prínceps Víctor Manuel i Manuel Filibert de Savoia. El propi Humbert II reclamava justícia amb aquesta contundència (hi conservo el bell itàlia original): "Le norme constituzionali che bandiscono l'esilio per la mia famiglia violano la Carta delle Nazioni Unite sui diritti dell'uomo, colpiscono bambini e nascituri, rappresentano una sorta di condanna eterna senza che ci sia stato regolare processo. Non si vede il motivo per cui i Savoia non possono vivere in Italia mentre i descendenti dei sovrani francesi, portoghesi, tedeschi, risiedono rispettivamente nelle repuubbliche di origine. L'esilio è prerogativa liberticida degli Stati totalitari."

Quan al sopar de gala del 24 de setembre vaig expressar al príncep de Venècia el meu desig d'una presta tornada a Itàlia del seu pare i d'ell mateix, em va contestar, amb la mirada perduda: "Si pronto, pronto ..." Que es cumpleixi.
(Publicado en Monarquía Europea N° 10 - 1994 - edició en valencià)

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08/06/2008 16:10 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

En defensa de S.M. Constantino II, Rey de los Helenos

por Francesc Xavier Montesa

La ratificación el pasado día 13 de abril por el parlamento griego de la decisión del gobierno de Andreas Papandreu de privar de su nacionalidad a S.M. Constantino II, Rey de los Helenos, y de despojarle de sus propiedades, ha causado, como era de esperar, indignación al considerar la medida totalmente arbitraria, injusta e inhumana.

Andreas Papandreu ha situado a Grecia, cuna de la democracia, en adalid de la intransigencia. Porque si democracia es sinónimo de libertad de pensamiento y de respeto a opiniones y a opciones políticas claramente diferenciadas, que avalan la pluralidad ideológica de un estado, lo contrario, es decir, propiciar la existencia de exiliados políticos hoy en Grecia, persiguiéndolos, despojándoles de sus propiedades y privándoles de su nacionalidad, se debe de considerar como sinónimo de totalitarismo.

En la Europa de las Monarquías no se excluye a ningún ciudadano por defender formas políticas diferentes e incluso se toleran partidos políticos republicanos, que utilizando los mecanismos democráticos, cuyo funcionamiento garantiza el Soberano, son claramente combativos con la Corona.

Las autoridades griegas, muy susceptibles, que se han visto reiteradamente implicadas en casos de corrupción, han censurado severamente cualquier tipo de propaganda monárquica, al considerar que ponía en peligro a sus ya desprestigiadas instituciones.

Las manifestaciones, no hace demasiado tiempo, del jefe del partido conservador Nueva Democracia (fundado por el antiguo presidente Karamanlis) Kostas Mitsotakis, al declarar públicamente que la "hora del retorno de Constantino II a Grecia estaba más cerca de lo que se pensaba" y el crucero por el Peloponeso de la Familia Real helena, que despertó gran expectación entre la ciudadanía, con inequívocas muestras de adhesión, patentizadas en vítores que el pueblo dirigió a sus Reyes en cada una de sus escalas, ha sido suficiente para que el Pasok (Partido Socialista) de Papandreu tomara una decisión que fue analizada acertadamente según mi modesta opinión por el Rey Constantino II, quien declaró que "es el tipo de decisiones que adoptan los gobiernos totalitarios cuando se encuentran en fase de decadencia", y yo añadiría, en fase de descomposición.

Para todo demócrata que se precie, esta ley, al igual que la que prohíbe la entrada en Italia a los descendientes varones de los últimos Reyes, es desde luego impropia de cualquier nación que pueda llamarse con derecho civilizada, y atenta contra la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, en el Palais de Chaillot en París.

La citada Declaración afirma en su Proclama, a modo de introducción, que tanto los individuos como las instituciones "deben de inspirarse en ella para promover el respeto a los derechos y libertades a fin y efecto de asegurar su reconocimiento y aplicación tanto entre los pueblos de los Estados Miembros (y Grecia lo es desde el 24 de octubre de 1945) como entre los de los territorios colocados bajo su dirección". Para manifestar en su artículo 13.1 que "toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un estado" y sentenciar en su artículo 15 que "toda persona tiene derecho a una nacionalidad", para añadir que "a nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad".

El deseo de las autoridades republicanas de que el rey de los Helenos aceptara un pasaporte a nombre de "Constantino Glücksburg" no hace más que demostrar la ignorancia supina de unos gobernantes desconocedores incluso del nombre de su Dinastía nacional. El apellido del Monarca es simplemente "Grecia", cosa tan fácil de demostrar es que tanto nuestro Príncipe como nuestras Infantas fueron inscritos en su nacimiento como Felipe, Elena y Cristina "de Borbón y Grecia", que es lo correcto. El nombre de Glücksburg es el apelativo de una de las ramas de la dinastía de Oldemburgo, tronco de la Casa Real de Dinamarca, Noruega y Grecia. Christian IX de Dinamarca era hijo de Guillermo, Duque (no soberano) de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg en 1825. Inútil ha sido que el Ministerio de Justicia danés hiciera público un manifiesto que declaraba que "los nombres de Schleswig, Holstein, Sonderburg y Glücksburg no han formado nunca parte del "apellido" de ningún miembro o descendiente de la Familia Real de Dinamarca - de la que proviene la griega - ; ningún príncipe danés ha sido habilitado jamás para utilizar alguno de estos nombres como apellido de su familia.

La historia no puede modificarse, a Dios gracias, por decreto. Confiemos que la alta magistratura del Tribunal Europeo de Justicia en Estrasburgo invalidará la decisión desaforada de Papandreu y devolverá a Constantino II, Rey de los Helenos, su nacionalidad y sus bienes.
(Publicado en Monarquía Europea, 1992)

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08/06/2008 16:08 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

La Monarquía del Siglo futuro

Puntos de vista

Conforme a nuestro lema "La unión hace la fuerza", defendido en el último número, queremos dar espacio también a aquellos monárquicos que difieran en la forma, aunque no en el fondo, de la Monarquía actual. Creemos que unos y otros podemos aportar algo a la Monarquía del futuro que, como ya decíamos antes, en su funcionalidad ha de ser distinta de las Monarquías históricas y actuales, salvando lo positivo a la vez de adaptarse a las exigencias del momento. Con este fin creamos el espacio "Debate monárquico", que esperamos suscite el interés y la colaboración de nuestros lectores.


LA MONARQUIA DEL SIGLO FUTURO

por Ramón Forcadell
Presidente de la Hermandad Nacional del Maestrazgo


Muy poca gente, especialmente en España, podía vaticinar, en el primer tercio del siglo actual, el retorno de la Monarquía en las últimas décadas del mismo. Mas este retorno no sólo parece producirse en España, pues en otras naciones - Rusia, Georgia, Bulgaria y Rumanía - surgen corrientes de opinión en favor de la institución monárquica.

En todos los países de vieja formación histórica existen organizaciones monárquicas, más o menos pujantes, especialmente en aquellos que aspiran a que el Trono vuelva a ser su base unitaria.

En España ha existido, desde 1833, un núcleo importante y vigoroso de monárquicos, a los que los historiadores han venido calificando como legitimistas, carlistas o tradicionalistas. La pervivencia de ese sector de opinión, pese a los avatares históricos tanto nacionales como en el mismo sector, es un fenómeno que admira a los estudiosos del tema.

Pero ese sector monárquico habría, como otros, desaparecido si realmente no estuviese imbuido de unos principios políticos, en cuya defensa han dedicado sus partidarios más de siglo y medio en España.

Un profundo conocimiento y análisis de la historia fundamenta la doctrina monárquica de los carlistas o tradicionalistas, que resumen su lema en las palabras DIOS, PATRIA, FUEROS Y REY.

Parece pueril, en tiempos de agnosticismo y de separación de poderes, incluso de crisis en el seno de la Iglesia católica, que un sector de españoles tenga como primer postulado DIOS; mas no es así cuando se penetra en el significado que esa palabra tiene para el fundamento de la propia Monarquía.

Para la Tradición fue Recaredo, antes que Pelayo, el primer monarca español, por haber conseguido la unidad católica en España, lo cual constituyó la piedra angular que hizo posible la Reconquista, tras siete siglos, y la posterior unión política en la época de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, en 1492, y los posteriores logros de la Casa de Austria, al construir el Imperio en el que no se ponía el sol.

Patria simboliza, junto con los fueros, el sentimiento de los tradicionalistas por las libertades de los distintos territorios que constituían la Monarquía que venía a ser la cúspide de un conglomerado de auténticas repúblicas libres - los municipios y las regiones o antiguos reinos hispánicos -, de ahí la importancia del Rey como arbitro indiscutido en la variedad dentro de la unidad política, por la misma fidelidad a Dios y a la Corona.

Los vendavales revolucionarios, a partir de 1789, asolaron muchas Monarquías europeas. Esos principios -Dios, Patria, Fueros, Rey- son los componentes de la lucha del pueblo español contra la invasión napoleónica y su victoria frente a Napoleón. Mas las ideas revolucionarias extranjeras alcanzaron a los grupos dirigentes de la sociedad española, que frente a la opinión mayoritaria del pueblo, impusieron sus teorías que se iniciaron con la crítica y discusión de dichos principios. Ese fue el motivo de las guerras -llamadas carlistas- al fallecer Fernando VII, en 1833, que en su lecho de agonía modificó arbitrariamente la sucesión de la Corona, que legalmente correspondía a su hermano Carlos, en favor de su hija Isabel II, que por su minoridad fue fácil instrumento en manos de los revolucionarios, para los cuales, a diferencia de los carlistas, la Monarquía tan sólo les servía como un emblema pasajero hasta alcanzar las metas propuestas por la Revolución.

Mientras la dinastía carlista se mantenía arropada por la adhesión de sus partidarios, la llamada dinastía liberal sufría, en primer término, la expulsión de la Reina Gobernadora María Cristina a manos de Espartero; posteriormente la expulsión de la propia Isabel II; luego la pretensión de implantar un Rey extranjero, Amadeo de Saboya, el intento de proclamar la República, hasta que Cánovas del Castillo, en 1872, intenta llegar a la concordia de todos los españoles con una Constitución, para lo cual le ayuda el General Martínez Campos con un golpe de Estado, en Sagunto, que proclama a Alfonso XII.

Extramuros del sistema canovista, quedaron los tradicionalistas, no sólo por lealtades dinásticas a los herederos del Infante Don Carlos, sino por considerar que el régimen constitucional constituía sólo un retraso en el ímpetu revolucionario que trastocaría la institución monárquica española. El primer tercio del siglo actual vino a darles la razón, cuando la crisis social, parlamentaria, de partidos e instituciones supuso el golpe de Primo de Rivera con la Dictadura, sistema con el que quería sostener la Monarquía de

Alfonso XIII. El Dictador, en 1923, pretendió reformar las bases políticas de la Monarquía, para lo cual solicitó el consejo de Víctor Pradera, doctrinario tradicionalista, que llevó a cabo un profundo análisis de los problemas políticos y aportó una serie de soluciones en su obra "El Estado Nuevo". Primo de Rivera no quiso, o no pudo, aplicar aquellas soluciones. En 1931, Alfonso XIII partía de España al exilio.

El año en el que el Rey constitucional abandonaba la Patria, los únicos monárquicos organizados eran los carlistas o tradicionalistas, con círculos, requetés, políticos y doctrinarios, y a ellos acudieron los escasos partidarios activos del destronado monarca. Recordemos cómo Eugenio Vargas Latapié fundó "Acción Española", con el propósito de recoger las doctrinas de Pradera y otros pensadores tradicionalistas. A partir de 1939 los únicos monárquicos activos seguían siendo los tradicionalistas, cuya doctrina inspiraba todos los documentos, manifiestos y actuaciones de los monárquicos durante la dictadura del General Franco.

En 1978 se promulgó una Constitución, que difiere poco con la anterior de Cánovas del Castillo. Dieciséis años después, de nuevo se habla de crisis institucional, especialmente en los apoyos políticos de esa Constitución - partidos, administración de Justicia, autonomías regionales - y una creciente abstención en las elecciones generales son exponentes de esa crisis.

El momento es, por tanto, difícil y de gran responsabilidad histórica, en concreto para los que se sienten herederos de la Tradición política, y de forma especial para los que se han integrado en la Hermandad Nacional Monárquica del Maestrazgo, - fundada en 1962, cuando todavía estaba muy lejana la hora de la Monarquía en España -, por ello a través de la revista MAESTRAZGO han venido ocupándose de analizar y dar soluciones a estos problemas políticos.

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08/06/2008 16:07 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Confusión de las Ideas

Manipulación terminológica y Monarquía

Muchas veces, algunos conceptos son utilizados de forma equivocada, especialmente por los medios de comunicación, bien porque el que los maneja no está consciente de su verdadero significado, bien porque se trata de manipularlos concienzudamente para confundir las ideas del lector y, a largo plazo, de la sociedad entera para favorecer, en nuestro caso concreto, una predisposición en contra de la idea monárquica.
La desvirtuación de conceptos, tan frecuente en los últimos tiempos, no siempre es intencionada, pero esa no intencionalidad no es sino el fruto de una manipulación terminológica dirigida al debilitamiento primero lingüístico, segundo conceptual y, finalmente, ético y moral, para lograr una sociedad sin ideas claramente definidas y, en consecuencia, fácilmente manejable por parte de los sectores que ostentan el poder fáctico no interesados realmente en el bienestar de sus ciudadanos (o, en nuestro caso, en ceder parte de ese poder a una entidad suprema e independiente, moderadora y vigilante como el Rey).
La manipulación terminológica es una labor gota a gota, pero eficaz a largo plazo. Se da en muchos ámbitos diferentes de la sociedad actual, pues no sólo en la publicidad está probado que la manipulación es beneficiosa para los que la dirigen, sino que resulta mucho más interesante a niveles más elevados como la política. Sólo a veces, y por suerte, la voluntad popular es más fuerte, como demuestran los movimientos monárquicos en los países del este y en Brasil.
Vamos a ocuparnos a continuación de los términos que describen conceptos concretos de especial significado para la Monarquía.
Un término que con más frecuencia se utiliza inadecuadamente es él de la instauración, incluso al hacer referencia a la restauración monárquica española. Parece que se olvida con verdadero placer que en España no ha habido ninguna instauración de la Monarquía, sino una restauración y no mediante el referéndum sobre la Constitución de 1978, sino con anterioridad. El referéndum sólo confirmó esta restauración que se hizo efectiva con la proclamación de Don Juan Carlos de Borbón y Borbón el 22 de noviembre de 1975, formalizándose la legitimidad dinástica con la renuncia de Don Juan de Borbón en favor de su hijo en 1977.
Instauraciones monárquicas sólo las puede haber en países que no tenían antes la Monarquía como forma de estado o cuando el nuevo régimen monárquico se estableciera sobre una base jurídica (dinástica) completamente distinta (como cuando en España se proclamó Rey a Amadeo de Saboya por decisión de las Cortes a consecuencia del derrocamiento de la Reina Isabel II; o cuando el régimen franquista instauró en 1947 un régimen monárquico inspirado en principios tradicionalistas, pero ficticio en cuanto que no designase qa ningún suceror a título de Rey hasta 22 años después).
En todo caso, cabe hablar de re-instauración después de un período no monárquico, pero consideramos más apropiado el término de restauración como expresión de la legitimidad histórica, lo que no está en contradicción con la idea de modernidad de la institución monárquica, que ha sabido adaptarse mejor que ninguna otra a los nuevos tiempos, a las exigencias del pueblo e incluso adelantándose a los acontecimientos. Esto es importante resaltarlo cuando se empieza a argumentar que la Monarquía es algo que pertenece al pasado, pensando más en su versión cinematográfica del Rey francés Luis XIV y su Corte que en el significado verdadero del Rey y la Corona. Lo que sí pertenece definitivamente al pasado es, en cambio, la revolución bolchevique de 1917 y toda la base ideológica que la trataba de legitimar: no supo adaptarse ba los nuevos tiempos por su inflexibilidad y por su incompatibilidad con la naturaleza misma del hombre.
En consecuencia, y con mucha más razón, al hablar de los países del este europeo y de otros como Brasil, nunca será acertado decir instauración, ni siquiera utilizar el término de reinstauración, porque allí la Restauración significaría el restablecimiento de la democracia, de la justicia y de la paz social. Al igual que la brasileña, todas las Monarquías de Europa oriental tenían y seguirían teniendo legitimidad histórica (Bulgaria, Rumanía, Serbia, Montenegro, Rusia, Georgia, Hungría, Albania).
Al igual que se trata de desvirtuar el verdadero significado y alcance del concepto de la Restauración, se describe a los legítimos herederos de los tronos como si de candidatos de partidos políticos se tratara. La utilización de las denominaciones de aspirante o pretendiente no sólo es del todo incorrecta, sino nos hace sospechar que está dirigida a desautorizar las reivindicaciones legítimas de los respectivos Príncipes Herederos. Todos los Príncipes o Reyes exiliados o destronados que cuentan con nuestro apoyo, son herederos del trono, por la legitimidad histórica y dinástica que les confiere esa dignidad. Es una confusión de términos, a veces intencionada, por parte de ciertos sectores, dirigida a debilitar la idea de legitimidad de la institución monárquica y su derecho a ser restaurada, tratando de poner en entredicho la verdadera condición de heredero legítimo de este o aquel Príncipe o Rey.
Hay que pensar también en que todas las Monarquías de Europa oriental y de Brasil fueron abolidas por la fuerza y en contra de la voluntad popular, incluyendo a Rusia, donde la revolución bolchevique no contó con el apoyo popular masivo, sino más bien con masas dirigidas que no tenían la necesaria representatividad (no hubo referéndum), y donde los cabecillas revolucionarios optaron por eliminar a la Familia Imperial para poner al pueblo ante unos hechos consumados que consideraban así serían irreversibles para eternizar un sistema inviable a largo plazo.
En el caso de la Monarquía no se trata de nombrar candidatos que aspiran a convertirse en Reyes. O tienen derecho a serlo, o no lo tienen, no caben discusiones. Y en cuanto a los Reyes hasta hace poco exiliados (Simeón II, Miguel I), se da la circunstancia que por las razones anteriormente expuestas siguen siendo legítima y en teoría también legalmente los Reyes de sus respectivos países (al restablecerse la democracia se tendría que haber confirmado la vigencia de las constituciones anteriores a la toma del poder por los comunistas y restablecer así la legalidad constitucional y democrática en lugar de saltarse la ilegítima instauración de la república).
En todo caso, podríase hablar de pretendientes cuando no está claro a cuál de los Príncipes corresponde ser Príncipe Heredero, por cuestiones dinásticas (renuncias históricas no confirmadas -por ejemplo- por el Parlamento o el Jefe de la Casa Real o Imperial de entonces), o de aspirante cuando se tratare de elegir a un Rey para instaurar un régimen monárquico.
En fin, cuidémonos de dejarnos manipular. Mantengamos siempre la independencia de nuestras ideas. Seamos siempre críticos con las informaciones que nos hacen engullir. Porque hoy en día hay medios suficientes para documentarnos de tal forma que podamos hacer estudios comparativos que nos permitan llegar a conclusiones lo más objetivas posibles.
Y ante todo, debemos tener muy en cuenta que la institución monárquica debe renovar y aumentar de forma permanente sus autodefensas para contrarrestar un incremento de la agresividad de esas manipulaciones, que podrían tener el mismo efecto como, por ejemplo, un cohete descontrolado.
Esa autodefensa implica también que un Soberano pueda transmitir sin dubitación la seguridad de que la Monarquía moderna puede constituir una fórmula de unión en un clima general de descomposición, destacando las virtudes del orden político que encabeza.


(Artículo publicado en Monarquía EUropea Nº 4 Año 2 Abr-Jun 1992)

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08/06/2008 16:05 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

De la Idea Monárquica y del Derecho divino

por Luc-Olivier d'Algange


Ciertamente, la Idea Monárquica tal como la entendemos nosotros, no se satisfar­ía con ver a un Rey a la cabeza del Estado. La idolatría del "orden" en el que una determinada burguesía "bien-pensante" gusta de legitimar sus creencias, sus codicias y sus resentimientos, nos es más hostil que el simple desorden, que no reina más allá de los sueños. Al orden antiguo siempre le sucede un orden nuevo en el que es preciso descubrir su verdadera naturaleza antes de celebrarlo o de hablar mal de él.

Lejos de padecer los inconvenientes del desorden, este mundo sin Dios en el que vivimos es, al contrario, tormentado por un exceso de rigor en los dominios en los que, antaño, la libertad se regocijaba en las letras, las almas de las leyes más volubles y más sutiles. Los tiempos modernos, que se hacen llamar "humanistas" han entregado a los hombres a sus poderes opacos, niveladores y aniquilantes del Orden, convertidos en ídolos.

El hombre "liberado" de Dios es el hombre esclavizado por los determinismos más despiadados. Los humanistas modernos no se han cansado de hacer incomprensible todo conocimiento de los Misterios divinos, han obrado de la suerte de someter al hombre a las leyes de la naturaleza, las que, interprestadas de manera mecánica, no conocen ni la gracia ni el perdón.

La Idea Monárquica, que se define en sí misma como la de ir más allá de toda política y todo pragmatismo, no es otra que esta jerarquía cuyo punto más alto es el Signo del reencuentro de la tierra y del Cielo, - Signo de esperanza sobrenatural que simboliza la paloma de la Consagración y que deja al hombre el derecho y la oportunidad de no existir exclusiva­mente en el orden de la necesidad.

Por la misma razón que la Idea Monárquica es de derecho divino, la realeza significa que, - lejos de encerrarse en sí misma y de hacer enfermar al hombre en la mazmorra de su propia presunción mórbida, el orden del mundo se abre a una luz cuya intervención basta para suspender todo encadenamiento, toda lógica y toda determinación.

Nacido de este derecho que la supera, la realeza en su dominio político no sería otra cosa que el ejercicio del equilibrio entre el orden y el desorden, - Nietzsche hubiera dicho entre el Apoliniano y el Dionysiano,- tanto es cierto que la línea y el color son igualmente importantes y que el abigarramiento del mundo no es el menor de las inmanentes alabanzas a la gloria de Dios.

El hombre sin Dios renuncia a su libertad sobrenatural por caer bajo el yugo de la naturaleza y de la especie humana, su "derecho" se va a limitar a la situación que él ocupa en el mundo, - es decir, en tanto que persona, como casi nada, pero por desgracia, el es pobre y carece de poder.

Aquí es preciso entender bien que antes de ser un poder, la realeza es un símbolo que ordena todo poder bajo una Autoridad de la que depende la posibilidad misma de ser libre. Es un Don sobrenatural que nos corresponde, ya que aprendemos a saludar en él la venida por nuestras obras, la libertad de ser se confunde con la más grande ligereza. Nacido de las Alturas, ella nos llevará, si sabemos aceptarla, hacia las Alturas.

Al reducirnos a no ser más que un proceso de la animalidad y de la naturaleza, los humanistas modernos nos privan de esta más alta libertad sel ser. Al tenernos en la idea de que el hombre sería un animal que ha "evolucionado" hacia la razón, el humanista moderno desconoce la radical diferencia metafísica que distingue al hombre del resto de la creación. El hombre no es un animal al que se habría venido añadiendo una razón o un alma, predestinado por ella misma a escapar a la perfección ordenada del mundo inmanente.

A este respecto, ¡el pensamiento que hizo que se edificara, por ejemplo, la catedral de Reims, es en el verdadero sentido del término infinitamente más humanista que esas teorías recientes que aniquilan en nosotros lo Unico para hacer de nosotros las unidades de una comunidad humana, de un Demos que posee sobre nosotros todos los derechos políticos y morales, en virtud de su cantidad!

Cómo no ver que en el símbolo de la realeza sagrada, reflejo exacto de la realeza interior, permanece esta oportunidad magnífica de disponer un poco del mundo según las normas de la Bondad, de la Verdad y del Bien, en la consonancia fundamental con el Espíritu.

Dado que el Símbolo viene a ser destruido, nada debería retener más al horror de la Historia de tomar posesión de todo y de todos. El Dragón del que no hace mucho San Miguel nos protegía, no es otro que, de lo que resta, que esa historia divinizada, entregada a los postigos de la muerte que profana la muerte misma.

Vivimos en tiempos que sobrepasan vertiginosamente los cuentos más crueles de Villiers de l'Isle-Adam. El retorno del estado no cambiará nada si el pensamiento mismo no es secuestrado, trastocado y arrebatado por la fulgurante e iluminadora santidad del Espíritu.

La práctica religiosa y la práctica política, sin un Conocimiento que las fundamenten, son de todas las menos lanzadas; ¿y cómo es que de aquí en adelante debemos confiar en el azar, dado que todo es rigurosa­mente determinado por los instantes mismos que conjuran nuestra pérdida?

La experiencia espiritual, igualmente fugaz e incierta que la que ella pudiera parecer, vale más, en estos tiempos de confusión y de desastre, que todas las teologías, al igual que la experiencia, en sí, del sentido de la humana dignidad, vale más que todos los militantismos.

Y como imaginar que la Fé podría obrar para gloria de Dios sin el Conocimiento, ya que ella no es ella misma si9no que el asiento del Conocimiento victorioso, la repercusión en el espacio del pensamiento de donde viene el Conocimiento? Con esa fuerza, qué podría retener la Fé, si no el Conocimiento?

Las argucias contra el Conocimiento, - o dicho de otro modo, contra la Gnosis y contra la metafísica, - no son, a mi modo de ver, tampoco menos inquietantes que esa fuerza que entraña la Fe, esa fuerza que no es más que el Conocimiento, sino la emanación de un Demos del que permanecen los medios y los fines, que, en suma, no son discernables.

Ahora bien, a esa distinción misma del Dragón, criatura eterna del caos, solo se opone la espada arcangelical de la Eternidad. La realeza de derecho divino es la misma que, por la existencia y la eternidad, libera las almas de eso que no es eterno. Resulta en este contexto que la realeza de derecho divino, lejos de ser esa con­tinuidad tan cara a los conservadores, es en realidad, y en la Bondad, la inscripción en este mundo de un Signo que escapa a toda temporalidad.

AETERNITAS NO EST SUCCESION TEMPORE SINE FINE SED NUNC STANS. La eternidad no es la sucesión sin fin de los tiempos pero el instante. De esta presencia real, donde se inmovilizan los efectos y las causas, la realeza de derecho divino da testimonio.

A despecho de las retóricas nacionalistas, la memoria francesa es esa transparencia ardiente de la que la lengua francesa guarda su secreto. Alguno dijo que el sentido de las palabras se orienta por su origen. Así, por origen, Francia es un Reino y un ser francés, este ser del hombre libre. Así, de nuestra fidelidad al esplendor intemporal de la Consagración no sabríamos llegar por nosotros mismos a una "defensa" cualquiera de los "valores" y de la "identidad" en cuyas voluntades se refugia la impostura burguesa. Nada de lo que subsiste merece ser defendido. Sólo nos importa lo que es, - y en donde el ser se sitúa, al margen de las formas caducas, en esta actualidad permanente que es la de los Príncipes.

Escritores, las palabras y las frases que escribimos nos importan menos que el sentido que las anima, y según nosotros creemos entender que el estilo es precisamente esta gracia que, de un tiempo a otro, nos guía y que consiente a dejar nuestro pensamiento en una ociosidad feliz.

Pero esta ociosidad no es otra que una reverberación del paraíso perdido donde súbitamente la memoria francesa torna y se deplora en los poemas y sus castillos. Porque los poemas son los castillos del Alma al igual que poemas de piedra son los castillos, en los que los nombres a su vez de hacen poemas.


(de La Place Royale nº 33, B.P. 88, F-81603 Gaillac)

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08/06/2008 16:00 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

La Monarquía de Georgia


El origen y la historia

La historia de Georgia es sumamente compleja, por lo que nos tenemos que limitar a un resumen muy escueto con peso específico en aspectos destacados de la Monarquía que hizo posible su existencia como unidad político-social.

Georgia se formó de los tres reinos Kartli, Egrisi y Kakhetia, que se unían y separaban según las circunstancias políticas del momento, pero también por la partición entre hermanos. A consecuencia había hasta tres ramas de la dinastía de los Bagratides, con la particularidad de que se volvieron a unir, quedando los Mukrani como la última rama reinante y actual heredera del trono.

800 a.C.:Colonias griegas en G. occ.
s.VI a.C.:Creación de Egrisi (G.occ.)
s.III aC.:Creación de Kartli (G.orient.)
88-65 a.C.:Guerras contra Roma
64 a.C.:Egrisi protectorado romano
35-51 d.C.:Príncipe Mithridates, soberano en Armenia
325:Kartli se convierte al Cristianismo (Rey Mirian)
387:Los Sasánides (Persia) toman el poder sobre Kartli, Egrisi sigue bajo
influencia romana
483:El Rey Wachtang Gorgasal lidera el levantamiento contra Persia independencia
600:Autonomía política bajo el Príncipe Estéban I
637:Fin dominación persa
642:Los árabes ocupan Kartli
697:Egrisi en manos de los árabes
826:Aschot I, Príncipe en Egrisi (780-826)
Bagrat I funda la dinastía de los Bagratides
888-923:Ardanasse II, rey de Kartli
975-1014:Bagrat III
1027-1072:Bagrat IV
1065:Los seldchuques turcos devastan Georgia
1080:Rey Jorge II
1089-1125:El Rey David III el Renovador (Constructor) vence a los turcos
1118:Creación de un ejército permanente
1121:Tiflis liberada de los árabes, capital de la Georgia unificada
1156-1184:Rey Jorge III
1184-1213:Reina Tamara, soberana más importante de Georgia, auge de la cultura y primera Monarquía parlamentaria del mundo
1247:Dominación por los mongoles
1314-1346:Rey Jorge V el Magnífico, reunificación de Georgia
1386:División de Georgia en 26 Principados
1590:Turquía anexiona Georgia
1605-1663:El Rey Teimouraz I reconoce la dominación por Persia
1624:Quema de la Reina Ketevana
1623-1625:Levantamiento contra los persas
1707:Primera imprenta en Georgia
1724:El Rey Wachtang VI (1703-37) busca ayuda en Rusia
1762:El Rey Irakly II (1744-98) reunifica Kartli con Kakhetia
1795:Persia conquista Tiflis y se lleva 20.000 georgianos como esclavos
1801:Rey Jorge XII - anexión por el Imperio Ruso
1918:Georgia independiente
1921:El Ejército Rojo toma Georgia
1944:Nace Jorge de Bagration, actual Príncipe Heredero y Jefe de la Casa Real
Los Bagration se establecen en España
1992:Shevardnadse presidente de Georgia; Georgia reconocida por la ONU como estado independiente - mayoría monárquica en el parlamento tanto en el gobierno como en la oposición. Shevardnadse se declara favorable a la restauración monárquica antes de tres años.

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08/06/2008 15:57 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

El Orden de Sucesión a la Corona Georgiana

Con motivo de las múltiples entrevistas realizadas por la prensa internacional a los miembros de la Casa Real de Georgia en España, no se tardó en crear cierta confusión en relación con el orden de sucesión al trono georgiano.

Esa confusión resultó ser aún mayor debido al absoluto desconocimiento de la realidad histórica de Georgia, por otra parte comprensible tratándose de país tan lejano. Pero queremos ayudar a poner las cosas en su sitio, porque la Monarquía georgiana tenía un orden de sucesión casi tan ordenado como las demás Monarquías del Viejo Continente, sólo que no se regía por ninguna Ley Sálica.

Igual que en otros países, en Georgia se seguía la regla de que sucediera al Rey el hijo varón primogénito, una regla común a todos los países, y especialmente aquellos de fuertes tradiciones. Sólo en dos ocasiones se llegó a establecer un orden distinto, recurriendo a un sistema de elección del Rey impuesto por los persas, que en los períodos concretos dominaban a Georgia.

La ausencia de una Ley Sálica, sin embargo, permitió que se recurriera a soluciones excepcionales, como cuando accediera al trono la Reina Tamara, que resultó ser una de las soberanas georgianas más brillantes de la historia. Pero esas excepciones se dieron muy pocas veces, manteniéndose la sucesión del varón primogénito.

En el pasado hubo hasta tres ramas de la dinastía a de los Bagration: Kartli, Kakhetia e Imerethia. La rama de Kartli se extinguió en 1658 con Rostom, pasando los derechos dinásticos a la rama de los Moukhrani, que comenzó con Bagrat I, hermano del Rey David VIII, en 1512. En consecuencia, los tres últimos Reyes de Georgia hasta la toma del país por Rusia en 1801 eran Moukhrani, por lo que en la actualidad es esta línea la que ostenta la jefatura de la Casa Real en la persona del Príncipe Heredero Jorge de Bagration, hijo de Irakly de Bagration. A este último, y para contrarrestar la no inclusión en el Gotha, S.A.I. Vladimir de Rusia le concedió el tratamiento de Alteza Real, reconociéndole a él y sus descendientes como legítimos herederos del trono georgiano.

Es necesario apuntar el hecho de que la Casa Real de Georgia nunca se ha tenido en cuenta en el Gotha, porque no se consideraba una verdadera Casa Real, a pesar de que reinaba en Georgia desde el siglo IX.

Pero tenemos una de las muestras más contundentes de la condición de Casa Real y de la legitimidad del Príncipe Heredero Jorge en las múltiples demostraciones de reconocimiento por parte del pueblo y del gobierno georgianos que son los que mejor saben quiénes rigieron los destinos de su país en el pasado.

Y finalmente, no se debe olvidar que la religión ortodoxa es muy importante. Sólo la rama española de los Bagration Moukhrani cumple esa condición, mientras que otras como la italiana son católicas.

Línea sucesoria desde el último Rey de Georgia:

Juan I (1756-1800)

Constantino (1782-1842)

Irakly (1813-1892)

Alejandro (1853-1918)
---

Jorge (1884-1957)
Jefe de la Casa Real
---

Irakly (1909-1977)
Jefe de la Casa Real
---

Jorge (1944-2008)
Jefe de la Casa Real

María Paz (1947) Bagrat (1949)
---

David (1976)
Jefe de la Casa Real

Irakly (1972) Guram (1985) María (1969)

(corregido por indicación del secretario de Don David - 03-04-2008)

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08/06/2008 15:55 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

S.A.R. Don Jorge de Bagration en Melilla (1992)

(Archivo)

MELILLA Universidad de Verano de Melilla

Exito de participación y repercusión periodística del curso sobre las Monarquías

El pasado mes de agosto (de 1992) se celebró en la ciudad española de Melilla en colaboración entre la AME, la Universidad de Granada y el Ayuntamiento un seminario sobre el papel de las Monarquías en el nuevo mapa político en los países del este.

Invitado de honor fue S.A.R. el Príncipe Heredero de Georgia, Don Jorge de Bagration, que fue recibido con todos los honores por el alcalde en funciones de la ciudad, D. Manuel Marín, y el III Tte. de alcalde D. Antonio Gutiérrez.

La presencia del Príncipe georgiano tuvo especial interés dados los últimos desarrollos muy favorables en su país a una pronta restauración de la Monarquía. Cuenta con el apoyo de la mayoría de los políticos y también con él del ex-comunista y ahora presidente del país, Eduardo Shevardnadse, que se hizo bautizar en los últimos días con el nombre de Jorge (Georgy), patrono de Georgia. Por los intensos contactos que mantiene S.A.R. Don Jorge de Bagration con su pueblo pudo contar de forma muy amena de los avances experimentados. Para los melillenses ha sido una experiencia extraordinaria poder hablar y convivir unos días con un príncipe popular, abierto, humano y realista. Don Jorge ha sido un ejemplo de aplicación práctica de las teorías expuestas por los otros conferenciantes, que fueron José Mª Toquero (ABC Madrid), Xavier Montesa (AME Cataluña), José Antonio Marcos Lecuona (AME País Vasco) y Anthony Bailey (Monarchist League), y la coordinación del curso estuvo a cargo de Pedro Schwenzer (AME Madrid).

Durante los tres días, los medios de comunicación melillenses dispensaron al curso una excelente cobertura. Las informaciones publicadas ocuparon cerca de 20 páginas en MELILLA HOY y EL TELEGRAMA DE MELILLA, y las tres emisoras de radio ANTENA 3, SER y RNE emitieron un total de cinco entrevistas diferentes, repitiendo la con S.A.R. Don Jorge varias veces a lo largo de los tres días.

El Ayuntamiento distinguió al Príncipe de Georgia con una placa conmemorativa y la medalla de la ciudad. Después, el Ayuntamiento ofreció un almuerzo oficial en el conocido restaurante Casa Martín en homenaje a tan distinguido visitante y los demás integrantes del grupo de la AME, haciendo a todos partícipes de la gran hospitalidad y educación de los melillenses. La mesa estaba decorada con un centro de flores que como deferencia a S.A.R. Don Jorge representaba la bandera georgiana.

En un desayuno de trabajo el día 6 de agosto, tras un resumen de los objetivos y resultados positivos del curso por parte de Don Jorge de Bagration y Pedro Schwenzer, los participantes y los medios de comunicación tenían ocasión de preguntar a los conferenciantes sobre cuestiones de la Monarquía. Los lectores de Monarquía Europea interesados en el dossier completo pueden solicitarlo a la AME contra el envío de 10 sellos de 50 Ptas.

Las fotos se añadirán en otro momento.
Foto 1: S.A.R. el Príncipe Heredero de Georgia durante la recepción en el Ayuntamiento de Melilla junto al 1er Tte. de Alcalde D. Manuel Marín, el portavoz del Grupo socialista, el 3er Tte. de Alcalde D. Antonio Gutiérrez, Anthony Bailey y el portavoz del grupo nacionalista).
Foto 2:S.A.R. Don Jorge de Bagration interviene durante el acto de clausura con la prensa y los participantes.
Foto 3:Panorámica parcial de Melilla la Vieja. Grupo de fotos: La bandera georgiana, el edificio de la UNED, los cursos, la visita al Ayuntamiento, los conferenciantes.

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08/06/2008 15:53 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Iniciativa por Cataluña Los Verdes propone eliminar partes del escudo de S.M. el Rey

Ante una de las peores crisis económicas, sociales e históricas del Reino de España, hay partidos políticos que se dedican día tras día a engañar a su electorado y decir las "idioteces" más grandes que se les pueden ocurrir. Uno no sabe si esto lo hacen porque su cerebro no da para más, o hay algo más detras de las chorradas y bobabas que se le van ocurriendo a estos individuos.

Pues en esto último están los diputados de IU-ICV, que en vez de preocuparse por las cifras del paro, las cifras económicas, por que cada día hay más familias arruinadas, o por qué no se llega a fin de mes... estos que cobran de todos los españoles preguntaron al gobierno si iba a proponer al Rey la eliminacion de su escudo, del Escudo Real, el Yugo y las Flechas, símbolo de los Reyes Católicos, y las Aspas de Borgoña.

Evidentemente, la falta de conocimiento histórico y de cualquier otro, sumado a una enfermiza revancha que no les deja vivir, les hace caer en la pueril conclusión de que son símbolos Franquistas y Carlistas. Como se nota quien les paga el sueldo. Y no, no me refiero al que se llevan, se suben y suben todos los años, y aumentan con las dietas, sino al que les dan desde otras sedes políticas para que mantengan a la opinión pública totalmente desviada de lo que debería preocuparles de verdad, y que es la inutilidad e ineficacia en los asuntos más arduos y críticos del Reino. Y para su conocimiento y más amplitud intelectual, les damos las claves del Escudo Real.

La descripción de las Armas de S.M. el Rey figura en la Regla número 1 del Título II del Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivo.

ESCUDO CUARTELADO:
  • 1º, de gules, con un castillo de oro, almenado de tres almenas y donjonado de tres torres, cada una con tres almenas de lo mismo mazonado de sable y aclarado de azur, que es de Castilla;
  • 2º, de plata con un león rampante de gules coronado de oro, lampasado y armado de lo mismo, que es de León;
  • 3º, de oro, con cuatro palos de gules, que es de Aragón;
  • 4º, de gules, con una cadena de oro puesta en orla, en cruz y en aspa, con un punto de sinople en abismo, que es de Navarra; entado en punta, de plata, con una granada al natural rajada de gules, sostenida, tallada y hojada de dos hojas de sinople, que es de Granada. En escusón de azur y fileteado de gules, tres flores de lis de oro, que es de Borbón.
Lleva acolada al escudo la cruz roja de Borgoña y, a diestra y siniestra de la punta del mismo, el yugo de gules en su posición natural con cintas de lo mismo, y el haz de cinco flechas de gules, con puntas hacia abajo y cintas de lo mismo.

El Yugo y las Flechas que usó la Falange durante mucho tiempo, y que realmente son el símbolo de los Reyes Católicos, tiene una variante. Si miráis el escudo de Falange Española, veréis las puntas de las flechas hacía arriba, si nos fijamos en el escudo de SM el Rey, las puntas de las flechas están hacia abajo. ¿Cual es el motivo? Fernando el Católico, tenía, al igual que después en el escudo de la Casa Real, las puntas de las flechas hacia abajo para no ofender a Dios.

El todo rodeado del Toisón de Oro y rematado de corona del mismo metal y pedrería, con ocho florones, visibles cinco, y ocho perlas intercaladas, cerradas con ocho diademas guarnecidas también de perlas y rematadas con una cruz sobre un globo, que es la Real de España.

Colaboración de Isra

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08/06/2008 13:15 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Arguments in support of Parliamentary Monarchy

Argumentos en inglés y francés, elaborados por la Liga Monárquica de Canadá, que ilustran muy bien los altos valores y las virtudes de la institución monárquica frente al republicanismo.

Para contrarrestar los repentinos ataques a la Corona española por el desliz verbal de S.M. el Rey, invito a todos a reflexionar un poco sobre la justificación de querer abolir de repente una forma de estado que da mil vueltas a la república. Los argumentos son válidos para cualquier Monarquía europea o de origen europeo.


Arguments in Support of Canada's Constitutional Monarchy



FORCE FOR NATIONAL IDENTITY: THE KINDER, GENTLER NATION

“It is my privilege to serve you as Queen of Canada to the best of my ability, to play my part in the Canadian identity, to uphold Canadian traditions and heritage, to recognize Canadian excellence and achievement and to seek to give a sense of continuity in these exciting, ever-changing times in which we are fortunate enough to live."
Her Majesty The Queen, Vancouver, October 7, 2002, during cross-country Golden Jubilee Homecoming

A central reality of Canadian life is the inevitably overwhelming influence of our friendly neighbour, the United States of America. Free Trade. Continental defence and secure borders in a post- 9/11 environment. A porous frontier ranging from television and the Internet to pop music and culture. These and other factors often tend to overwhelm Canada’s national identity. Every nation needs to understand and foster the existence of distinct images and institutions; thus for Canada, the Constitutional Monarchy is of particular import. It makes Canada unique in the Hemisphere. Its focus of loyalty and allegiance to a respected monarch rather than to a politician, an ideology or a symbol underlies the notably tolerant, mature society of which Canadians feel proud.


UNIFYING, NOT DIVISIVE: HEAD OF STATE vs HEAD OF GOVERNMENT

" [The Queen} symbolizes for many the merits of a constitutional monarchy in which the head of state...is separate and apart from the ongoing political struggles of the day."
Bill Blaikie, MP, (NDP) speaking in The House of Commons, Jubilee Accession Day, February 6, 2002

In a democracy, day–to-day decisions are made by those whom we have elected. Not surprisingly, this partisan political process reflects the things that divide Canadians. It encourages striving for partisan goals and personal success. This is inevitable.

However, Canada’s Constitution separates politics from service, and transient popularity from institutional stability. So the Prime Minister is our head of government and leader of a political party. As such, his actions are often controversial.

The Sovereign, however, is a force of unity who embodies all Canada and all Canadians as Head of State. The Monarchy protects and exemplifies the things Canadians agree about, and do not wish to see changed regardless of an election: community, tolerance, nationhood, the rule of law. And by presiding at events such as the Montreal Olympics and Canada 125, The Queen emphasizes the non-partisan, unifying nature of great national events.



PARLIAMENTARY MONARCHY: GUARANTOR OF FREEDOM

"Our ceremony today brings together Sovereign, Parliament and people - the three parts of Constitutional Monarchy. That is a system in which those who represent the community come together and remain together, rather than dwelling on differences which might further divide them."
Her Majesty The Queen, Ottawa, 1990

Parliament and the Provincial Legislatures are composed of The Queen and the members elected to serve - along with the Senate in the case of the federal government. However, none of the bills they pass , no formal government regulations (“orders-in-council”) and no spending is authorized without the agreement of The Queen or one of her representatives.

In a similar way, Parliament is summoned and dissolved in The Queen’s name. In her name also public officials and our representatives abroad are appointed, treaties concluded, and cabinets named and dismissed. Normally, this is a formality. Canadians entrust the nuts and bolts of governing to those whom we have elected, as is appropriate in a democracy.

However, the Crown’s role (“the Royal Prerogative”) remains part of our Constitution to ensure that ‘the rules of the game’ are always followed, and to provide a non-partisan, non-violent safeguard - “a constitutional fire extinguisher” as columnist Michael Valpy has put it - should normal democratic processes ever be threatened or break down. For example, even a popular government cannot simply dispense with holding an election. Nor can a government spend public money without parliamentary approval.



NEUTRAL REFEREE OF FEDERALISM: THE UNITY OF ELEVEN “CROWNS”

"Provinces agree that the system of democratic parliamentary government requires an ultimate authority to ensure its responsible nature and to safeguard against abuses of power. That ultimate power must not be an instrument of the federal Cabinet."
Statement by the 10 Provincial Premiers at 19th Annual Conference, Regina, Aug 9-10, 1978

Canada is a federal state. In brief, this means that our Constitution gives law-making power in certain areas to the national government (such as the Criminal Code and banking). Other powers (such as education and municipal affairs) it assigns to each province. Each level of government exercises this authority on behalf of its citizens in the name of The Queen. So in this way it is possible to see the existence of “11 Crowns” in Canada - the national Crown and the 10 provincial Crowns - each usually referred to in legal terms as “the Crown in right of Canada” or “in right of Manitoba.”

The Premiers, including the separatist Rene Levesque, underlined the importance of the Crown in their 1978 statement, above, since the Monarchy gives each law-making authority its authority, making them of equal legal significance. It also guarantees that the rule of law will be followed in dealing with any of the many disputes that arise between Ottawa and the provinces.

These facts explain the strong support by the provinces for the institution of Monarchy, which reconciles regional authority with national unity.



PERSONAL ALLEGIANCE: PROCESS, NOT PARTISANSHIP

"Her Majesty remains at the head of the State, the living symbol of the roots and continuity of the values we hold in common and those that are our permanent ideals...She is the one entrusted with the conscience of the nation..."
Fr Jacques Monet, SJ, author, historian and former Cultural Advisor at Rideau Hall, writing in Canadian Monarchist News, Autumn 2002

Oaths taken by our new fellow Canadians, by members of Parliament and the Provincial Legislatures, by judges, by members of the Canadian Forces and by many other public officials are all oaths to The Queen.

By making this promise to the Sovereign rather than a politician, those who serve and live in the land show their ultimate loyalty is not to the elected figures who lead us day-to-day, but to all Canadians and to the laws which make up the fabric of any civilized society. In this way process - following the rule of law - triumphs over partisanship - acting to promote the well-being of a narrow segment of society.



INDIVIDUAL ALLEGIANCE: THE EQUALITY OF EVERY CANADIAN

"...our ability to love inclines most naturally to persons, and in the person of The Queen we can invest all those many fractured loves that make up patriotic love: love of country, love of nation, love of culture, love of land, all combined and channeled through one person, one family..."
Southam Press columnist Andrew Coyne, April 10, 2002

The deepest loyalties of men and women are to their fellow human beings. Government carried on in the name of The Queen reflects Canada’s emphasis on the importance of the person, and of the dignity and equality of each individual who is either born here or who becomes part of our national family. In the same way, the moment new citizens take the Oath of Citizenship they become full and equal members of the Canadian family. Each of us gives Allegiance to The Queen, so reciprocating her decades of service to us.



WORLD FIGURE: REPRESENTED BY HER CANADIAN TEAM OF GOVERNORS

"We're able to have the best of both worlds. We have the stability and the tradition of the monarchical system, but we also have a Canadian representative in the Governor General, who represents Canada as it is, as a Canadian, and does an incredible job representing the Monarch, but also all Canadians."
Hon. David Collenette, Minister of Transport, May 18, 2001

Canadians are fortunate to have as our Monarch an instantly-recognizable world figure. The Queen and members of the Royal Family make frequent homecomings to Canada. In their absence, the Governor General (for the national government) and the Lieutenant Governors (one for each provincial government) represent The Queen and perform the constitutional functions of the Sovereign in her name. This arrangements allows our country to share in the prestige of an ancient monarchy stemming out of Canada’s history, while at the same time we enjoy the services of distinguished fellow citizens who serve Crown and country with great distinction.



REFLECTION OF HISTORY: ABORIGINAL, COLONIAL, NATIONAL

"Every country is different, and we grew up in this one with the Royal Family as part of our heritage."
Hockey great Wayne Gretzky, GM Place, Vancouver, October 7, 2002

Today’s Monarchy stems from our history. Many of Canada’s First Nations chose tribal chieftains whose role was much like that of the local kings and queens of ancient Europe, Africa, South America and Asia. European explorers and subsequent settlement by our French and British founding peoples brought to Canada their own experience of monarchy, symbolized by the Fleur de Lys and the Royal Union Flag. Many subsequent immigrants - be they from Russia or Japan, from Italy to Thailand - also knew the monarchical system of government.

In 1867, the Fathers of Confederation unanimously chose constitutional monarchy as Canada’s form of government. In 1982, Canada’s new Constitution reaffirmed and entrenched the Crown so that only unanimous federal-provincial agreement could ever alter it. In 2002, throngs hailed The Queen as she crossed Canada from Iqaluit to Fredericton, from Victoria to Toronto, in celebration of the 50th year of her service to this nation.


LINK TO TODAY’S CANADA: COMMONWEALTH MIRRORS OUR DIVERSITY

"I want the Crown to be seen as a symbol of national sovereignty belonging to all. It is not only a link between Commonwealth nations, but between Canadian citizens of every national origin and ancestry... I want the Crown in Canada to represent everything that is best and most admired in the Canadian ideal. I will continue to make it so during my lifetime. I hope you will all continue to give me your help in this task."
Her Majesty The Queen, Toronto, June, 1973

Not only Queen of Canada, Elizabeth II is also Head of The Commonwealth of Nations. This is a 51-state international body is unique as it is based not on a military alliance nor a trade bloc but on a free association amongst countries of the former British Empire, who now cooperate in a variety of educational, development and social justice initiatives throughout the world. The diversity of these nations’ populations - from New Guinea to Belize, from New Zealand to India - mirrors the rich strains of population which typify Canada today.


EVOLUTIONARY SOCIETY: CANADA PROSPERS UNDER THE CROWN

"Fifty years after her accession to the Throne, Elizabeth II remains a symbol of continuity, stability and tradition in a world that is under a barrage of constant change...a Sovereign, faithful and loyal to our people...The Queen and the heritage she gives to us is not just part of our past, but part of our common future...When you're a mature country, you don't need to break your ties with the past."
Hon Sheila Copps, Minister of Canadian Heritage, launching Federal Golden Jubilee Initiatives and speaking to National Post, Ottawa, February 19-20, 2002

Canadians have lived for over 135 years in a tranquil, prosperous society. Unlike most countries, change has been incremental, and not achieved by violence. Much of the credit for this achievement is due to the men and women who have worked together to create a modern, progressive nation, respected around the world.

However, no country can achieve greatness without stable governance. Constitutional monarchy - the Canadian way - continues to provide that stability. This is confirmed each year in the United Nations’ Social Development Index, which regularly ranks Canada in the top 5 countries in the world.



STABILITY IN A CHANGING WORLD

"I have a considerable regard for The Queen and the monarchy although I'm a New Democrat and a socialist. I think that the monarchy has validity at a time when everything else is flying off in all directions... I admire her stubborn refusal to break down and take the easy way, to conform with the constantly changing public image of how our leaders should act."
Author Farley Mowat, September, 2002

Change is inevitable, and much if it good: cell phones, jet travel, computers. But in this dizzying march to progress, constant change leaves many uncertain or confused. In the same way, political leaders come and go - Kim Campbell and John Turner served as Prime Minister for but a few months. Canadians voted in 18 federal elections during The Queen’s reign ! It is a good thing that the Crown provides constancy amidst so much change. The Sovereign has the experience of decades, without the taint of a personal agenda. Such continuity constitutes an important anchor in our society.



COMMUNITY, VOLUNTEERISM, HONOURS

“In a world often focused on self-indulgence, on "my" desires and "my" priorities and "my" agenda, The Queen's focus on the "we" and the "us" and on tolerance and getting along with each other, and on the needs and interests of others, has served as antidote, example and inspiration."
HRH Prince Michael of Kent, addressing Golden Jubilee Banquet of the Monarchist League of Canada, Toronto, March 15, 2002

In their constant round of travels, The Queen, members of the Royal Family and her Canadian representatives bring enormous encouragement to the communities and volunteer sectors which constitute so vital a part of our national existence. They inspire many to volunteer service. They create and award non-political honours to our outstanding fellow citizens.

These Royal and vice-regal activities do not often feature on national news programmes. Opening a new library, visiting a Legion Hall, speaking to a school civics class or lunching with a local service club are not on the media’s radar. But they constitute the basis of any civil society, and bring enormous pride and assistance to Canada’s communities.



REPUBLICANISM: DIVERSION, BLOW TO NATIONHOOD & VICTORY FOR THE POLITICAL ELITE

“But for all those who don't want the Queen there are easily as many who don't want a President and even more who certainly would not want one if they knew who it would be. As you can readily see, I have given more thought to this subject than most and I have reached my own conclusion. God save the Queen."
Dalton Camp, political columnist, August 23, 1994

No one has yet proposed an alternative system of government for Canada which would in the same way reflect our nation’s history and be superior to the constitutional monarchy in terms of the day-to-day functioning of the Canadian state.

Canadians remember the wrenching constitutional debates which consumed enormous political energy from the mid-1960's through the early 1990's. Chiefly of interest to politicians, these arguments did nothing to effect solutions to the real concerns of our citizens such as crowded classrooms and emergency rooms, access to health care, personal and national security in an era of terrorism and crime, support for single-parent and low-income families.

A presidential system would make Canada more closely resemble the USA. It could combine the role of head of state with head of government. As our American friends discovered during impeachment processes in the Nixon and Clinton administrations, this proves an unhappy combination. Alternatively, election of a president or governor-general would create simply another politician, offer another level of personal ambition, necessitate another set of elections and make the holder of that office beholden to the interests of the different factions and groups to which his election was owed.

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04/06/2008 16:01 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Arguments pour la Monarchie parlementaire

Arguments pour la Couronne - Exemple: Royaume du Canada

La Constitution du Canada déclare que le Gouvernement du Canada et le Commandant en Chef des Forces Armées sont investis par la Reine. La Couronne est un des trois éléments du Parlement du Canada (la Reine, le Sénat et la Chambre des communes). Elle est la Souveraine de l’Ordre du Canada, Souveraine de l'Ordre du Mérite Militaire, Colonel en Chef de nombreux régiments des Forces Armées canadiennes, Commissaire honoraire de la Gendarmerie royale du Canada, et elle soutient beaucoup d'institutions et d’organisations de divers aspects de la vie canadienne.

Un statut canadien intitulé L'Acte d'Interprétation définit clairement la Couronne : « La Couronne signifie le Souverain du Royaume-Uni, du Canada et de ses autres Royaumes et Territoires, et Chef du Commonwealth ».

La Reine a accédé au Trône en 1952. Elle a assumé le titre supplémentaire de « Reine du Canada » par un Acte de Son Parlement canadien en 1953. Elle a été couronnée en 1953 et est devenue la première Souveraine à ouvrir le Parlement du Canada en 1965. Sa Majesté a proclamé le Drapeau national du Canada en 1965. Elle a présidé le centenaire de la Confédération en 1967. Elle a ouvert les Jeux Olympiques de Montréal en 1976. Par la suite, Sa Majesté a célébré Son Jubilé d’Argent en 1977. Elle a proclamé la Constitution révisée du Canada en 1982 à Ottawa. Elle a créé l’ Autorité héraldique canadienne en 1987. Elle a présidé les Célébrations du Jour du Canada, sur la Colline parlementaire, en 1990 et en 1992.


Le Canada a toujours été une Monarchie

Depuis les premiers colons, la seule forme de gouvernement canadien a été une monarchie. Les Aborigènes avaient leur propre idée de la monarchie suivant des traditions tribales. Notre monarchie a été Française et Britannique et est devenue, par la suite, distinctement Canadienne. En 1867, les Canadiens ont réaffirmé de leur propre volonté, leur fidélité à la Monarchie. Ils ont continué à le faire lors de chaque étape subséquente de leur développement politique.


Monarchie ou république ?

La Couronne canadienne est plus démocratique qu'un Président du Canada pourrait l’être parce qu'elle représente tous les Canadiens. Un président élu devrait son poste à une fraction politique, et cela le séparerait de beaucoup de ses compatriotes ce qui ferait sa tentative de représenter « le peuple » moins convaincant. Les éléctions présidentielles fréquentes, interrompraient la continuité essentielle d’un chef d’état efficace de notre pays. La Reine et ses héritiers ont été prêts depuis leur naissance pour ce rôle de Souverain du Canada. Donc, ils sont les seules Canadiens capables d’assumer ce poste important.


Monarchie et le fédéralisme

Un Président nommé, ou le Gouverneur Général peut seulement être un représentant du gouvernement central. La Reine, cependant, symbolise le gouvernement central ainsi que les administrations provinciales. Elle est une figure non partisane sans palier de gouvernement et sans parti politique, ce qui la rend donc indispensable au système fédéral. A Regina en 1978 les dix Premiers Ministres ont affirmé: « Les Provinces s’entendent que le système parlementaire exige une ultime autorité pour assurer sa nature responsable et pour le protéger contre les abus du pouvoir. Ce pouvoir ultime ne doit pas être un instrument du gouvernement fédéral.» La monarchie assure du respect pour les champs de compétence provinciaux ainsi que fédéraux ce qui nous donne un fédéralisme flexible.

Un Gouvernement monarchique

Seule une monarchie constitutionnelle est capable d'intégrer le palier exécutif, législatif et juridique du gouvernement. L'autorité de la Couronne donne une légitimité universelle aux décisions particulières prises par les différents paliers du gouvernement. La Monarchie constitutionnelle permet à la population de célébrer certaines occasions collectivement, comme les anniversaires nationaux et la remise d’honneurs, parce qu’elle les purge de la corruption partisane. Dans un monde marqué d’un changement social rapide, où un prix doit être payé pour l’incertitude, même si ce prix est seulement économique, la Monarchie constitutionnelle nous donne une certaine continuité, surtout lors des transitions politiques.

La Monarchie nous donne aussi un système politique différent de celui des Etats-Unis, leu pendant une période de commerce continental, où leur influence sociale et culturelle est d’autant plus présente.


Une Monarchie pour le vingtième et le vingt et unième siècle

La plupart des démocraties stables et prospères aujourd'hui, sont des monarchies constitutionnelles, tandis que la plupart des pays instables, sont des républiques, dont beaucoup ont renversé leurs monarchies. Au cours de l’histoire du monde, les républiques naissent dans une atmosphère de violence, tandis que les rois accèdent à leur position dans une atmosphère d’amour. Il y a un bon sens de communication entre la monarchie et le peuple une atmosphère que les politiciens ne peuvent pas développer. Les Canadiens participent entièrement aux événements royaux ; ils sont impliqués dans les visites de la Reine au Canada, et suivent avec intérêt l’interprétation médiatique de notre Couronne. La reine et sa famille ont visité plus de régions du Canada que la plupart des Canadiens. Beaucoup d’immigrants qui viennent au Canada sont venus de pays avec des gouvernements monarchiques. Ils peuvent facilement s’identifier avec notre Monarchie, qui est une institution vivante du vingtième siècle, qui change et s’adapte constamment à notre monde moderne. La tradition et la cérémonie qui l’ entourent provoquent de l’intérêt chez beaucoup de Canadiens, surtout des jeunes, au fonctionnement du gouvernement.


Cette Terre est leur terre

Les liens entre la Famille Royale et le Canada ont commencé avec le début de notre histoire. Le membre de la Famille Royale à se présenter sur la nouvelle terre était le fils de George III le Prince de Galles (William IV) qui est arrivé à Terre-Neuve en 1786. Le père de la reine Victoria le Duc de Kent, sa résidence ici de 1791 à 1800, a préparé les défenses militaires qui renvoyèrent les envahisseurs de 1812. La tournée du Prince de Gales en 1860, a décimé les différences entre les provinces Maritimes, et a hâté la Confédération. Princesse Louise a joué un grand rôle dans l’épanouissement culturel du Canada lors de la dernière partie du dix-neuvième siècle :l’ Académie Royale Canadienne et la Galerie Nationale du Canada lui sont associées. Un autre prince de Galles (Edouard VIII ) a fait une tournée triomphale du Canada en 1919 et a unifié le pays divisé après la Grève Générale de Winnipeg. Plus récemment, le Prince Philip comme Président du de l’Association médicale du Canada en 1959, a stimulé un intérêt pour la santé physique parmi les Canadiens. Les prix du Duc d’ Édimbourg établis en 1963 a impliqué des milliers de jeunes canadiens. Pendant l’année 1977 le Duc de York (Prince Andrew) a fréquenté une école au Canada. Un biographe majeur de la Reine a remarqué que Sa Majesté est non seulement Reine du Canada par la loi, mais qu'elle se sent Canadienne. Lors de sa première visite au Canada en 1951 comme une Princesse, la Reine a remarqué que l’accueil chaleureux des Canadiens «lui a montré qu’elle est vraiment Canadienne» En 1978, elle a déclaré à Edmonton «je commence à plutôt bien connaître notre pays». Sur la Colline parlementaire en 1990 après l'effondrement des négociations du Lac de Meech, elle a rappelé aux des Canadiens, que le Monarque devait être présent au Canada pendant des temps difficiles ainsi que pendant des temps de joie.



Héréditaire?

Comme l’a dit l’historien Jacques Monet «...Un roi est un roi, pas parce qu'il est riche et puissant, pas parce qu'il appartient à un certain groupe ethnique. Il est le Roi parce qu'il est né ainsi. Et quand on laisse la sélection du chef d'état au dénominateur commun de notre monde notamment le droit de naissance, les Canadiens proclament implicitement, leur croyance en l’égalité de l’homme....»


Le Gouverneur Général

Le Gouverneur Général est le représentant personnel de la Reine du Canada sur le territoire canadien. Le Canada partage son monarque avec beaucoup d'autres pays, avec lesquels nous partageons aussi une histoire constitutionnelle et légale. La Reine réside la plupart du temps dans son plus ancien royaume : la Grande-Bretagne mais elle est régulièrement présente dans ses royaumes plus modernes. Quand elle n'est pas au Canada, le Gouverneur Général exerce les pouvoirs du souverain : comme autorisé par George VI en 1947. Cependant, ces pouvoirs appartiennent à la Reine, pas au Gouverneur Général. Par exemple, le Gouverneur Général représente au Parlement mais il n’est pas lui-même un parlementaire. En plus, le Gouverneur Général exerce certaines autres fonctions qui lui sont confiées par Parlement dans sa capacité d’administrateur du Gouvernement du Canada au nom de la Reine. La Constitution du Canada reconnaît deux postes distincts, celui de la Reine et de celui du Gouverneur Général. Le poste du Gouverneur Général est inférieure et dérivé du poste de la Reine. Bien que l'expression populaire «Chef d’état» soit parfois utilisée pour décrire la Reine et le Gouverneur Général, le Gouverneur Général comme représentant de la Reine n’est évidemment pas un chef d'état. Il remplit les fonctions du chef d’état, mais ne l’est pas. Le Gouverneur Général n’est pas non plus le «conseiller» de la Reine. Il assume les responsabilités de la Reine ou est une voie de communication entre le Premier Ministre et la Reine. Les Pères de la Confédération voulaient que le Souverain joue un rôle actif dans la Constitution canadienne, même si à cette époque la distance physique entre le Canada est la Grande-Bretagne a empêché le monarque régnant d’être présent sur le sol canadien. Ce message est clair en lisant numéro 4 des Résolutions de Québec (les principes de base de la Constitution du Canada), qui déclare que le gouvernement «sera administré par le Souverain personnellement ou par son représentant dûment autorisé». Ils étaient déterminés à avoir le Souverain à la tête de leur royaume canadien, et non pas une figure nommée ayant le titre colonial de « Gouverneur Général ». Le Gouverneur Général a une fonction extrêmement importante, bien qu’elle puisse être sérieusement affaiblie si le Gouverneur Général ne se voit pas comme un représentant de la Reine.



Quels Sont les Rôles de Sa Majesté?

Quand les nouveaux citoyens affirment leur fidélité à la Reine Elizabeth II, en prenant le Serment de Citoyenneté, ils acquièrent leur première expérience comme citoyens Canadiens, puisque la Reine est l'emblème de la citoyenneté canadienne. L’ Autorité Exécutive est investie dans la Reine. La Reine forme un des trois éléments du Parlement. Elle a déclaré devant les députés et les sénateurs en 1957 :’’Je vous salue comme votre Reine. Ensemble nous constituons le Parlement du Canada«. Les Ministres du gouvernement sont ses Ministres. Comme l’autorité suprême du Canada, la Reine peut proposer quelques lois (via ses Ministres qui sont démocratiquement élus) ou en donnant la sanction royale aux projets de loi approuvés par son Parlement. Les motions du gouvernement sont donc introduites au Parlement comme des motions royales. Cela ne signifie pas qu’on ne peut pas s’y opposer. Pour renforcer la légitimité des critiques, l’opposition parlementaire est officiellement appelée l'Opposition Loyale de Sa Majesté. Avant qu’un projet de loi puisse devenir la loi, il doit recevoir la Sanction Royale. En signant le projet de loi, la Reine l’accepte au nom de tous les Canadiens. Si on considère le fonctionnement quotidien du gouvernement, la Reine continue à jouer un rôle actif. Elle a le droit de conseiller et d’encourager, son gouvernement ainsi que de l’avertir s’il y a un excès de pouvoir premier ministériel. Ces droits sont d'habitude exercés au nom de la Reine par ses Gouverneurs canadiens. Toutefois, l'autorité, la légitimité, le prestige et la neutralité associés aux Gouverneurs, ne seraient pas tellement forts si ce n’était pas pour la confiance que la Reine leur accorde. La Couronne au Canada assure que la loi soit maintenue, et ne change pas à cause des résultats d'une élection. Le caractère royal de la société canadienne existe dans tous les paliers du service gouvernemental. L’Armée, la Poste et le Service Public n’agissent pas au nom du gouvernement mais au nom de la Reine. Les Serments pris par leurs employés reflètent cette impartialité, ainsi que la fidélité de des soldats, des juges, de la police, et des serviteurs publics. La monarchie établi est un exemple de justice et de conduite pour honorable tous. La monarchie fournit une plus grande protection des libertés civiles que n’importe quel document écrit. Le fait que cette autorité vient de la Reine, et pas « des représentants du peuple », a été un des facteurs les plus importants dans la création des attitudes canadiennes. Il suffit de considérer les différences entre la colonisation de l’ouest Canadien et Américain pour comprendre ce point.


Une Monarchie partagée

En partageant notre Monarque avec 16 autres pays, les Canadiens participent à une civilisation globale qui inclut des gens vivant dans des conditions qui varient très largement à travers le monde. Grâce à son poste et à sa personnalité, la Reine reflète un caractère civilisé qui va au delà du nationalisme. Ce caractère civilisé conserve et réconcilie la contribution distincte au développement du Canada faite par les autochtones, les colons français, les colons Britanniques, et, plus récemment, par les gens d’origines ethniques largement variées. La Reine sépare son rôle de Reine du Canada, de la Jamaïque, etc., de son rôle comme la Reine du Royaume-Uni. Au Canada, comme dans chacun des Royaumes, elle agit seulement en suivant les conseils de ses ministres. Une Monarchie partagée et le Commonwealth des Nations qui a la Reine comme Chef, comprend un quart de la population mondiale.


La Monarchie unit les Canadiens anglais et français

La tradition française, comme celle des Britanniques et des autres pays européens, est monarchique. Les Canadiens français ont choisi la Monarchie à plusieurs reprises dans leur histoire. Leurs dirigeants culturels et religieux ont rejeté à plusieurs reprises la Révolution Américaine. En 1867 ils ont participé avec enthousiasme dans le choix d'une Monarchie comme forme du gouvernement du nouveau dominion ; à la Conférence des Premiers Ministres de 1979 à Québec, le Premier Ministre du Québec a réitéré cette position. Il a déclaré que si le Québec restait dans la Confédération, la Reine serait une restriction pour la centralisation excessive. Parmi les personnages historiques du Canada français qui se sont montrés favorables à la Couronne sont L'Evêque Briand, Monseigneur Etienne Tâché, George Etienne Cartier, Joseph Tarte d’Israel, Wilfrid Laurier, Raoul Dandurand, Camillien Houde, Ernest Lapointe, Maurice Duplessis, Jean Lesage, Réal Caouette et Jean Chrétien. La Reine Elizabeth parle couramment le français (comme le Prince Philip et les autres membres de la Famille Royale). À Saint- Pierre au Manitoba, en 1970, Sa Majesté a affirmée que: »C’est agréable pour moi de penser que dans notre Commonwealth il existe un pays où je peux m'exprimer officiellement en français«. Ses ancêtres, ont eu des liens étroits avec la Couronne Française. En visitant la République Américaine, le Prince Philip a rappelé aux Américains que le caractère bilingue du Canada, représentait les Canadiens Français sur la scène internationale.


La Famille de tous les Canadiens

La Famille Royale a une variété d’origines ethniques, et peut être liée à notre société multi- culturelle. Parmi les ancêtres de la Reine et du Prince de Galles on peut trouver : des Albanais, des Arabes, des Arméniens, des Bulgares, des Croates, des Tchèques, des Danois, des Angles, des Français, des Géorgiens, des Allemands, des Grecs, des Hongrois, des Irlandais, des Italiens, des Juifs, des Lithuaniens, des Mongols, des Normands, des Norvégiens, des Perses, des Roumains, des Russes, des Écossais, des Serbes, des Espagnols, des Suédois, des Suisses, des Tatares, des Ukrainiens, et des Gallois. C’était la Couronne qui a encouragé la première vague d’immigration muticulturelle au Canada :celle des Loyalistes. Les Princes Henri, Guillaume, Béatrice et Eugènie, sont des descendants des souverains Français et Anglais du Canada. « Je veux que la Couronne soit vue comme un symbole de souveraineté nationale,» a déclaré la Reine à Toronto en 1973. « C’est non seulement un lien entre les nations du Commonwealth, mais un lien entre les Canadiens, de chaque origine ethnique.» La Couronne fournit une protection aux minorités, et assure que leurs droits ne seront jamais violés par la majorité. Les relations amicales entre la Couronne et les peuples Autochtones témoignent ce fait.


Le Coût de la Monarchie

La Monarchie ne coûte absolument rien aux Canadiens, car si nous devenions une république, nous devrions avoir des institutions présidentielles. Les exemples républicains nous montrent que souvent le Président coûte plus que la Reine. À l’heure actuelle, on paie seulement pour les visites royales, et les résidences du Gouverneur Général et des Lieutenants Gouverneurs. On estime que le coût de la monarchie est un dollar par Canadien par année. Le contribuable canadien ne contribue rien pour financer les dépenses de la Reine, ou des autres membres de la Famille Royale.


Ils font sortir les qualités canadiennes

Vincent Massey avait décrit la Monarchie comme « un type de société où, en utilisant des symboles, la communauté se rappelle de son unité, et de son désir de voir et de protéger l’excellence...». Il est clair que beaucoup d’aspects de notre vie affectés par la Monarchie démontrent leur appréciation de l’excellence. Lors de ses visites à travers le pays, la Reine rencontre des Canadiens ordinaires, ce qui améliore leur appartenance à une digne communauté politique. À cause de ce sens de communication entre le Souverain et son peuple, on voit naître de la loyauté personnelle, et une conduite honorable. L’hôpital Torontois Princesse Margaret, et le théâtre Reine Elizabeth de Vancouver continuent à être des instituions exemplaires. Le Centre de l’Héritage du Prince de Galles, est une des plus récentes associations établies dans le Nord. La Princesse Alexandra a des liens avec nos collections renommées de livres d’enfant. « Le Peuple d’une société industrielle» a été le thème de la cinquième Conférence d’étude du Commonwealth organisé au Canada en 1980. La Reine Mère soutenait l’Ordre Victorien d’Infirmières, le Fond de la Reine Elizabeth pour la Recherche contre les Maladies Enfantines contribue au domaine de la médecine depuis 1959. Le Prince Charles est Colonel en Chef des Canadiens Royaux et plusieurs membres de la Famille Royale ont des liens avec des régiments de nos Forces Armées. La Reine appuie plusieurs écoles privées au Canada (Saint John’s Ravenscourt de Winnipeg) et elle a accordé le statut « Royal» au Collège Saint-George de Toronto. Le Prince Philip est un Visiteur du Collège du Haut Canada et le Prince Andrew soutient activement le Collège Lakefield. En 1992 le Prince Edward a commencé à aider le Théâtre de Régina. Ci -dessus vous voyez que quelques exemples de l’implication royale au Canada, on n’ a pas inclut les organisations désignées comme étant « Royales», qui sont connus par tous les Canadiens.


L’Hymne Royal

Le Canada a un Hymne Royal ainsi qu’un hymne national. « Q’Dieu Sauve la Reine» est l’Hymne Royal. On peut entendre l’Hymne Royal en écoutant le salut royal, et vice-royal, mais on peut le chanter à n’importe quelle occasion. C’est une prière pour protéger la Reine du Canada, tout comme « O Canada» est une prière pour protéger le territoire canadien. L’Hymne Royal est devenu populaire en 1745 lors du soulèvement Jacobite, et on commença bientôt à le chanter officiellement. Donc, on peut conclure que « Q’Dieu Sauve la Reine» a été chanté au Canada presque aussi longtemps qu’en Grande-Bretagne. Les députés chantèrent « Q’Dieu Sauve la Reine» plusieurs fois à la Chambre des Communes pour célébrer des occasions importantes. (la fin de la construction du Chemin de Fer en 1885, l’adoption du drapeau national en 1964) « Q’Dieu sauve la Reine» est probablement l’Hyme Royal le plus approprié pour le Canada, ses origines sont françaises ainsi qu’anglaises. En 1686 Louis XIV et a été accueilli par « Grand Dieu sauvez le Roi» avec la même mélodie qu’on emploie aujourd’hui. « Q’Dieu Sauve la Reine» est une des chansons les plus fameuses dans le monde, et est chantée un peu partout dans le monde. La même musique est employée pour l’Hymne National suisse, et les mots ainsi que la musique sont utilisés pour l’Hymne National norvégien. Le texte français a été autorisé en 1953 pour le couronnement de Sa Majesté. Notre Hymne National a aussi des origines royales. On l’a officiellement chanté pour la première fois en 1880, lors de la visite du Marquis de Lorne, le beau-fils de la Reine Victoria et Gouverneur Général du Canada.

« Je continuerai à faire de mon mieux... et j’ espère que vous continuerez à m’aider» étaient les paroles émouvantes que la reine a prononcées à Toronto en 1973». Lors de son allocution de Noël en 1991, elle a déclaré : « Avec vos prières, et votre aide, j’ essaierai de vous servir dans les années à venir.»..

Une des façons les plus efficaces de soutenir la Monarchie Constitutionnelle, est d’adhérer à la Ligue monarchiste du Canada. La Ligue est la seule institution au Canada qui sert uniquement A SOUTENIR ET A EXPLIQUER NOTRE MONARCHIE CONSTITUTIONELLE. Nous invitons tous ceux qui croient en nos principes d’ adhérer à la Ligue monarchiste de Canada, en cliquant ici. En devenant membre, vous recevrez aussi gratuitement notre périodique : Nouvelles monarchiques canadiennes. Dans beaucoup de communautés, les membres peuvent participer aux programmes offerts par une succursale de la Ligue.

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04/06/2008 15:59 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Argumentos en defensa de la Monarquía

La Constitución de la Monarquía Española de 1978, establece como forma de Estado la Monarquía Parlamentaria, la cual, ha servido a España con lealtad, con afán de superación y con respeto a la ciudadanía española. Para hablar de Monarquía no hay que hacerlo de una manera global, pues en cada nación ha cumplido un papel muy diferente, y en aquellos países que tienen la suerte de contar con un sistema de Monarquía parlamentaria, cumplen una misión que dista mucho según el tipo de sociedad y cultura en donde este arraigada. Por ello, nos debemos centrar en el país de cada uno, y en nuestro caso de la Bella y Vieja piel de toro, el Reino de España.


España siempre ha sido una monarquía

Desde nuestros ancestros, la única forma de gobierno que ha conocido España ha sido la Monarquía, a excepción de los 7 meses que duró la primera república y los terribles, sangrientos y negros 5 de la segunda, que se advino tras un golpe de Estado y que acabó con una guerra civil. Desde los primeros Reinos Visigodos, pasando por los Cristianos, los Árabes y posteriormente la Unificada España bajo la Corona de los Católicos, la tradición ha marcado la marcha de España por la senda de la Monarquía. En 1978, los españoles elegimos la Monarquía Parlamentaria y Constitucional como la forma del Estado, volviendo a nuestras raíces más ancestrales. La Monarquía Española es España, como España es la Monarquía Española, una no puede vivir sin la otra, porque las dos se complementan. No podríamos entender la historia de nuestra patria, sin la de nuestra Monarquía La Monarquía en nuestro país es una institución arraigada en la historia, pero que por desgracia la sociedad no termina de conocer en profundidad. Y la culpa principal de ese desconocimiento es de todos, incluso de la propia institución que en muchos casos ha dejado de lado protocolos y costumbres, y que no se ha sumergido de manera especial en la sociedad, por miedo a que se les tachara de ostentosos. Países tan dispares como pueden ser Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda, etc., celebran con verdadera emoción y orgullo de pueblo el cumpleaños de sus soberanos, les organizan fiestas y paradas militares, y la población puede acercarse a sus monarcas para acompañarles en día tan señalado. La monarquía esta presente en acontecimientos que conmemoran fechas importantes para su Corona, son alegremente festejadas por todos los ciudadanos. De esto último, no solo la institución adolece sino el país entero. Pasan sin pena ni gloria fechas tan importantes para nosotros como victorias en batallas, conmemoraciones de nacimientos o fallecimientos de Reyes que hicieron historia en la patria, celebraciones de momentos diversos que pusieron el nombre de España en boca del mundo entero. Hay que normalizar de tal manera la Monarquía, que ésta se llegue a fundir con la propia sociedad y ya nadie se tenga que preguntar nunca por las funciones que desempeña nuestro Rey. Pero una cosa nos debe quedar clara, ya que esta fusión nunca puede llegar al extremo de confundir la institución con la sociedad, pues la Corona y sus miembros nunca podrán ser personas normales. La Familia Real dedica cuerpo y alma al servicio de España, todos sus esfuerzos van encaminados hacia la consecución de este objetivo, por lo que sus vidas están entregadas por y para el Reino. Por ello no son personas normales, ya que sus obligaciones para con la Patria les impiden serlo. Son los miembros de la Familia Real, y eso nos debe quedar claro

¿Monarquía o República?

Podría decirse que el Rey es más democrático que el Presidente del Gobierno, debido a que representa a todos los españoles. Un presidente elegido en las urnas, representa a una fracción política, y por lo tanto, está en discordancia con muchos de sus compatriotas, por lo que su intento de representar "al pueblo" es menos convincente. La continuidad de un Jefe de Estado da la estabilidad necesaria en nuestro país. El Rey y sus herederos han sido preparados desde su nacimiento para este papel. La monarquía como forma de estado ofrece a sus ciudadanos un espacio abierto de democracia, libertad, seguridad, igualdad, solidaridad y estabilidad. La Monarquía Parlamentaria en España, además de todo lo anteriormente reseñado, también significa unión, algo tan macizo pero a la vez tan delicado. La unidad y solidaridad de las tierras que conforman el Reino, tiene uno de sus sustentos más importantes en su nexo de unión, que es la corona, la cual nos representa a todos por igual. Los Estados democráticos deben dotarse de instrumentos válidos y eficaces que, fuera de todo juego político, defiendan a los ciudadanos y les ofrezcan un marco perfecto para su desarrollo personal y social dentro de la comunidad en la que viven. La Monarquía, ofrece sin duda alguna, un espacio ideal para la consecución de estos objetivos marcados por las democracias, pues es la vigía imperecedera, imperturbable e incansable de los derechos y libertades de los ciudadanos. Podríamos decir, salvando las distancias por supuesto, que la Monarquía ha vuelto a sus orígenes primitivos de ser protectora de los débiles. La Monarquía no tiene nada que envidiarle a una república, ya que tanto una como otra son legítimas y democráticas, aunque las Monarquías lleven consigo unos beneficios que repercuten directamente en las sociedades en las que están presentes y que otro sistema político no puede generar. El Rey, como Jefe del Estado, es cabeza visible de nuestra patria, y el prestigio internacional es uno de los beneficios que nos aporta su presencia, ya que allí donde van nuestros Monarcas y Príncipes Herederos, la imagen de País suma enteros sin lugar a dudas, igualmente que suelen dejar abiertas puertas impagables para que los empresarios españoles puedan asentar sus negocios en los distintos países del mundo. Y ese prestigio acompaña al español, pues España es su Rey, y el ejemplo que da por el mundo entero, es el espejo en el que debemos mirarnos todos. Por otro lado, el apoyo institucional que aporta a los distintos eventos tanto deportivos como culturales, hace de estos más relevantes a la opinión pública, y que se alcancen e incluso superen los propuestos en un principio. La Monarquía representa a todos por igual, y busca el bienestar de todos sus ciudadanos, sin distinción de clases, nacimientos, región de procedencia, etc. Eso en una república, y más con nuestros políticos sería impensable, ya que carecemos de una clase política a la altura de las circunstancias. Igualmente, en cualquier otra Nación no tendría la misma representatividad un político que un Rey, o un miembro de la Familia Real. En los viajes al extranjero, es donde más se puede apreciar la enorme labor que realiza la Corona, ya que no cualquier institución es capaz de reunir en su entorno la lealtad, el servicio, el trabajo diario, la seriedad, la elegancia, la clase, la energía y la falta de ataduras políticas. En estos viajes se puede llevar a cabo cualquier acto del tipo que sea, sin que se tengan que tener en cuentan tendencias políticas, ni absurdos comportamientos que los políticos suelen escupir de vez en cuando y que pueden llevar a la enemistad entre dirigentes, lo que perjudica seriamente a las relaciones económicas y culturales. La monarquía es árbitro de la vida social y política española, es el moderador fundamental que debe consensuar las diferentes opciones políticas del país, poniendo por norte a España y su beneficio. Vela porque los intereses generales de la Patria estén protegidos por aquellos a los que les damos nuestra confianza en las urnas. El Rey, es el Jefe de las Fuerzas Armadas, y dentro de su limitado poder de actuación ejecutiva, si que esta su marcado carácter de Jefe de los Militares. Esto, ha sido fundamental en momentos determinados de nuestra historia, y ha sabido redirigir a un cuerpo que ostentó un gran poder en nuestra Patria, y que han asumido con honor y e impecable servicio el mandato constitucional que los españoles les dimos en 1978. Nuestra Constitución, la de todos, es el marco de referencia de todos los españoles, es la norma básica que regula el buen funcionamiento del Estado, y SM el Rey es quien vela y debe defender, que una constitución que nos costo tanto conseguir y que tuvo un consenso unitario de todos los partidos políticos y la sociedad española, siga vigente y con buena salud.


Monarquía y regionalismo

El Rey simboliza el todo, es decir, el gobierno de todos los territorios que conforma la nación española, sin partidismos, sin exclusiones. Se trata de un no-partidismo, por lo que resulta esencial para el sistema autonómico que nos dimos en el 78. El Rey lo es de todos los españoles a un tiempo, sin importar de donde vengan, donde hayan nacido, que tradiciones tengan. Porque España es Una, el Rey es Uno. Pero los gobiernos son muchos y de diferentes signos políticos, y todos ellos, por la naturaleza del político español, miran más por si mismos que por el Interés General de todos los españoles. Porque todos somos españoles, de la Única y unida Nación secular, y por ello se hace imprescindible una Institución como la corona que a todos represente por igual, que para todos vele por sus derechos y deberes, y que a todos de su justa oportunidad. España esta conformada por un sinfin de pueblos y gentes diversos, y es en la Corona donde encuentran el nexo de unión primordial de todas las regiones de España. Porque la Corona nos representa a todos, porque la Corona es la idea de la España secular, la Nación milenaria que partiendo de los diferentes pueblos que un día se dieron un mismo Rey, han ido conformando a lo largo de la historia una Patria de Grandes Hombres y Acontecimientos. Andaluces, Vascos, Catalanes, Castellanos, Gallegos, Valencianos, Asturianos, Aragoneses, Extremeños, Murcianos, Navarros, Riojanos, Cantabros, Canarios, Balearenses, Melillenses y Ceutís. Todos somos parte de algo superior, que es España, la Nación que se ha forjado con las plumas de tantos escritores, con las espadas de tantos conquistadores, con los pinceles de tantos artistas, y sobre todo con el sudor, el trabajo y el sacrificio de tantos y tantos hombres y mujeres que han luchado por la libertad de España, por su engrandecimientos, por su integridad. La Monarquía los representa a todos, porque la Monarquía si puede decir que es de todos, mientras que una república en casa instante de su recorrido solo representará a una parte, y no al todo.


Una Monarquía para el vigésimo y el vigésimo primer siglo

Las más estables y prósperas democracias del mundo hoy en día son monarquías constitucionales, mientras que la mayoría de países inestables son repúblicas, muchos de los cuales han derrocado sus monarquías. En el curso de la historia del mundo, las repúblicas han nacido en un ambiente de violencia, mientras que los Reyes llegan a su trono en una atmósfera en la que traen la paz, la libertad y la democracia. Hay un sentido de comunicación entre la monarquía y el pueblo, un clima que los políticos no pueden alcanzar. Los españoles participan plenamente en los acontecimientos reales, en las visitas de los Reyes a las diferentes regiones, siguen con interés todo aquello que acontece a la Familia Real. Los Reyes y toda la Familia Real están cercanos al pueblo, recorren regiones y pueblos llevando la cercanía del poder, acercando la solidaridad de todos los españoles a esos lugares que sufren. Es una institución de vida del siglo XX, que cambian constantemente y se adaptan a nuestro mundo moderno.


El coste de la Monarquía

El coste real de la Monarquía rondaba en el año 2006 en 0,21 céntimos de euro por español. Partiendo de hoy, con una esperanza de vida de 100 años, suponiendo que el coste de la institución suba cada año un 3%, y que el aumento demográfico en España nos lleve a que dentro de 100 años seamos cerca de 60.000.000 de españoles, la institución costaría a lo largo de toda una vida de 100 años, 101,19 €. En una república, el coste real se multiplica por cientos. A los costes de las elecciones presidenciales, se suman los gastos de la Presidencia, asesores, personal, etc. Incluido el sueldo vitalicio para los Ex-presidentes, escoltas, seguridad en general, residencias, etc.

Una colaboración de Isra, del Blog Comunidad La Monarquía

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03/06/2008 21:50 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Los Movimientos Monárquicos

LOS MOVIMIENTOS MONARQUICOS
por Pedro Schwenzer (todos los derechos reservados)
Esta conferencia se dio durante el curso de verano sobre monarquía de la Universidad del Mediterráneo en Meilla en agosto de 1992. Por su interés se reproduce aquí. Las referencias a los movimientos monárquicos son de aquella fecha, por lo que pueden haber cambiado bastante.


Los Movimientos Monárquicos y su relevancia político-social para el mantenimiento y la restauración de regímenes monárquicos. Historia, presente y futuro. La Prensa Monárquica.

Definición del término "Movimiento"

Generalmente se entiende por movimiento una corriente de opinión o acción de carácter social o político que agrupa a un número elevado de personas sin una estructura organizativa propia, aunque bien puede contar con el apoyo de grupos organizados que defienden una idea básica.


Definición del término "Movimiento Monárquico"

En contraposición al significado genérico de "movimiento", se suele denominar "movimiento monárquico" a cualquier entidad monárquica formada por la asociación de personas en defensa de la causa monárquica. Esta entidad, en la mayor parte de los casos, no es un movimiento de masas, sino una asociación que no cuenta necesariamente con un elevado número de asociados o militantes.

Lo que sí es una connotación habitual de esta denominación es que se trata generalmente de grupos con un planteamiento de acción política al estilo de los partidos políticos.

El término "Movimiento Monárquico" utilizado como concepto general, engloba tanto a verdaderos movimientos como a todos los demás grupos que se llaman asociaciones, ligas, partidos etc.

Verdaderos movimientos con varios miles de asociados y militantes (simpatizantes) existen pocos y se decribirán más adelante al explicar la situación en cada uno de los países. Sirvan de momento como ejemplos el Movimento Monárchico Italiano y el Movimento Parlamentarista Monárquico de Brasil o el Partido Popular Monárquico de Portugal.

La inmensa mayoría son grupos del tipo "asociación" o de "círculo", limitándose los primeros a una acción de base (defensa y estudio de la idea monárquica) y los segundos a una actitud más contemplativa, siendo estos círculos generalmente de tendencia "legitimista".

El origen de los Movimientos Monárquicos. Los movimientos históricos. Origen de los movimientos monárquicos contemporáneos.

Los movimientos monárquicos tienen su orígen en los primeros derrocamientos de la Monarquía, como en Francia, Brasil, España o Italia. Dado que siempre el derrocamiento se producía por la fuerza, mediante un golpe militar o una revolución, no de forma que se pueda considerar "democrática", la reacción natural de los que seguían apoyando a la institución monárquica (al Rey) se organizaron rápidamente para tratar de restablecer el antiguo orden de forma pacífica por la vía política.

Debemos distinguir entre el origen histórico de los primeros movimientos y el origen de los movimientos contemporáneos.

Como todos saben, Francia fue el primer país en perder la Monarquía, donde los máximos instigadores de la revolución fueron miembros de la misma Corte de Luis XVI, pero que perdieron primero las riendas y luego la vida.

Pero no aparecen movimientos políticos hasta mucho más tarde, también debido a las circunstancias de la revolución misma, que fue muy violenta y devoró a todos que se opusieron a ella de alguna forma.

Aparte de Francia, hubo formaciones de movimientos monárquicos en Brasil (1889), en España (1931 y 1947), en Italia (1947), así como en otros países, pero donde no llegaron a tener mucha importancia.

Estos movimientos históricos tenían siempre un cariz político, también porque en aquellos tiempos ser monárquico significaba defender un determinado sistema político, social y económico. La institución monárquica aún no había pasado por lo que se podría llamar "auto-reforma", es decir, hasta después de la Guerra Mundial la Realeza no había comprendido bien su nuevo papel como representantes de una institución moderadora y defensora de principios democráticos.

A partir de 1947, no sólo cambian los movimientos monárquicos, sino también sus fundamentos ideológicos, y es a partir de finales de los años 60, sobre todo en los años 70, cuando se forman muchos grupos monárquicos nuevos con un concepto totalmente renovado de la idea monárquica.

La nueva estructura política en el mundo y el deterioro paulatino de la clase política hacen que resurja la opción monárquica como gran alternativa a un sistema político llamado democrático y parlamentario que no responde ya a los anhelos de los pueblos que gobierna.

Nacen los movimientos monárquicos contemporáneos, que centran nuestra atención y que se describirán más adelante.


Movimientos Monárquicos y Partidos Políticos. Diferenciación.

A excepción de los movimientos monárquicos históricos, que a su vez tenían carácter de partido político, los movimientos actuales no se pueden considerar como partidos políticos. Al igual que los Monarcas, y precisamente porque una de las características esenciales es la independencia de la Corona de los partidos y las ideologías políticas, los movimientos monárquicos tienen, en general, carácter de asociaciones suprapartidistas, aunque existen numerosos grupos con planteamientos ideológicos concretos. Estos últimos no llegan a ser partidos políticos, pero representan un tipo intermedio entre el movimiento monárquico ideal y el partido monárquico.


Base conceptual de los movimientos monárquicos: La idea monárquica.

A diferencia de concepciones filosóficas de organización del Estado, la Monarquía no es ninguna ideología al estilo del conservadurismo o del marxismo. No es excluyente, aunque, evidentemente, es incompatible con ideologías extremistas de izquierda y derecha. Dada la amplitud de miras del orden monárquico, siempre se habla de la "idea monárquica" para describir este tipo de organización del Estado.

- Independencia del Rey de las ideologías políticas y los partidos.
- Poder moderador.
- Máximos representante de la Nación.
- Carácter hereditario - estabilidad política.
- Ajeno a luchas políticas.
- Imagen exterior.
- Autoridad.
- Por la gracia de Dios.

Los objetivos de los Movimientos Monárquicos en las Repúblicas y en las Monarquías. Su relevancia como grupos de interés y grupos de presión para a) la Restauración b) el Mantenimiento de la Institución Monárquica.

a) La acción monárquica en las repúblicas surgidas de la abolición de la Monarquía tiene un carácter más militante, dado que la defensa de un cambio de régimen político se une frecuentemente con el descontento general con el sistema repúblicano. La restauración monárquica en estos países depende básicamente de la existencia de un movimiento social amplio, pero no menos de la personalidad del Heredero del Trono y sus descendientes.

La acción de los movimientos en las repúblicas se centra primordialmente en influir en la opinión pública para ganarla para la causa monárquica. Dicha acción consiste por una parte en explicar el significado de la institución monárquica, y por otra, llevar a cabo actividades públicas que tengan el efecto de provocar un amplio eco en los medios de comunicación para conseguir que se hable cada vez más sobre la posibilidad de una restauración monárquica.

No en todos los países los movimientos tienen relevancia social. Esa relevancia depende fundamentalmente del sentimiento monárquico de la población, es decir, si se han mantenido tradiciones monárquicas. Podemos constatar que este sentimiento monárquico es especialmente pronunciado allí donde la Monarquía fue abolida claramente contra la voluntad mayoritaria de la población, o donde cayó la Monarquía por un efecto dominó sin responsabilidad del último monarca. Los casos más conocidos son Italia, Francia, Portugal, Brasil, Baviera, Georgia, Bulgaria, Rumanía y Yugoslavia. Luego veremos las particulariedades de cada uno.

En los países occidentales, los movimientos monárquicos eran, al principio, coherentes y seguían una estrategia uniforme; en los países orientales por razones obvias no existían hasta las reformas políticas recientes. Pero siempre cuando dichos movimientos empiezan a ganar fuerza, teniendo que temer los republicanos por la continuidad de SU sistema, nunca tardan en provocar divisiones entre los monárquicos, pues al dividir a éstos también se divide a la opinión pública, y al no dar una imagen de seriedad y unión, resulta difícil si no imposible que la mayoría de la población con derecho a voto se decida a favor de la restauración monárquica.

b) En las Monarquías se plantea la pregunta si es necesaria una acción monárquica organizada. Es frecuente el argumento que en una Monarquía existente no hace falta ninguna organización monárquica, ya que no hay que luchar por la restauración. La realidad, sin embargo, confirma nuestra opinión de que sí es necesaria, y mucho, una acción monárquica permanente y bien diseñada. El hecho de que nuestro actual monarca, S.M. Don Juan Carlos I, por sus esfuerzos por transformar nuestra sociedad en democrática salvando importantes obstáculos interpuestos por sectores del régimen anterior e incluso por fuerzas republicanas como socialistas y comunistas, y por el prestigio nacional e internacional que ha adquirido nuestro Reino gracias a este monarca ejemplar, no significa que la Monarquía esté asegurada para el futuro.

Para ver esta problemática con más claridad es suficiente estudiar la reciente discusión sobre los viajes privados del Rey y si tiene derecho a realizarlos sin poner en peligro la estabilidad y el buen funcionamiento de la Monarquía parlamentaria.

Otro ejemplo mucho más contundente es la Monarquía británica, que sufre en los últimos tiempos un grave desgaste de imagen debido a desavenencias familiares que han sido aprovechadas por la prensa que veía y sigue viendo en cualquier suceso relacionado con la Familia Real una posibilidad de aumentar sus beneficios por mayores tiradas. Aunque no parece que la vida familiar de algunos miembros de la Familia Real sea demasiado feliz, debemos sospechar que hay detrás otros intereses mucho más profundos que él de la venta de periódicos y revistas: la desestabilización de la institución monárquica misma.

Estos aspectos triviales de la vida privada de las Casas Reales, que en sí no tienen mayor trascendencia para la estabilidad del sistema político, son manipulados por sectores influyentes de tal forma que pueden hacer tambalearse a la Corona artificialmente.

Uno de los argumentos más fuertes en favor de la Monarquía es que garantiza la estabilidad política de su país y evita enfrentamientos sociales al actuar como poder moderador. Esa es la principal razón por la que muchos países del Este europeo y Brasil se planteen el restablecimiento de la Monarquía parlamentaria. Y está claro que existen muchos sectores con mucho poder fáctico que no tienen ningún interés en que el control de las jefaturas de los estados pase a manos de Reyes demócratas, progresistas y occidentales, que cuentan, además, con prestigio y popularidad.

Para evitar un rápido éxito de los movimientos pro-restauración, qué puede ser más eficaz que la desestabilización de las Monarquías existentes en occidente para convencer a los respectivos pueblos que es mejor quedarse con lo malo conocido que lo bueno por conocer, dando de ellas una imagen de decadencia y tufo.

Naturalmente existen otros sectores que tampoco muestran especial interés por la institución monárquica, pero que, ante la imposibilidad de quitarla del medio, intentan apartar al Monarca de la vida pública activa, relegándole a ocupaciones representativas o incluso decorativas para iomponer una república de hecho. Eliminan símbolos de la Monarquía para hacerla desaparecer de la vida cotidiana, lo que no es otra cosa que preparar el camino para un cambio que al final ni se notará apenas.

Todas estas son razones para convencerse de la necesidad de la acción monárquica, una acción que debe ser constante y ser realizada con conocimiento de causa. Y dado que esa labor no puede ser cosa de unos pocos, los objetivos principales es, por una parte, formar a los propios asociados para que adquieran ese conocimiento de los fundamentos y el funcionamiento de la Monarquía, y por otra, difundir con la máxima amplitud posible estos mismos conocimientos entre la población, de forma comprensible, pero contundente.

A la profesionalidad de los grupos republicanos, que han recibido formación política, ideológica y estratégica durante décadas, hay que oponer la misma profesionalidad y preparación para defender con éxito y capacidad de superación del enemigo la institución monárquica. La Monarquía se ha sacudido los polvos del pasado, ahora hay que procurar que no vuelvan a caer sobre ella. Esa es la razón de ser de los movimientos monárquicos actuales en las Monarquías existentes.


¿Partidos Monárquicos? ¡No, gracias!
La importancia de la independencia de partidos e ideologías políticas.

Una cuestión muy discutida principalmente en los países republicanos con tradiciones monárquicas es si, a fin de conseguir la restauración monárquica, resulta más conveniente crear un partido político o formar un movimiento suprapartidista.

La fórmula del "Partido Monárquico" no ha dado nunca resultados aceptables. El único partido monárquico que llegó a tener responsabilidades dentro de un gobierno nacional ha sido el PPM de Portugal, pero nunca ha obtenido en solitario más del 5%, salvo en algunas elecciones municipales como en Lisboa. Ultimamente, como consecuencia del fracaso de la coalición a la que pertenecía el PPM, la fórmula de "Partido Monárquico" ha sufrido un fuerte deterioro. Parece que ya no es más viable, y cada vez son más los que abandonan el partido para integrarse en otras formaciones políticas.

La idea monárquica es independiente de cualquier ideología política, ya que no representa ningún programa de gobierno. Un argumento importante en favor de la Monarquía es que el Rey está por encima de los partidos políticos, de las luchas por el poder. Y esa independencia política sólo la puede tener si se mantiene apartado de programas políticos.

Seguramente, muchos Monarcas gobernarían mejor que los políticos de turno; pero el poder desgasta, y tanto más cuanto más responsabilidad política asume, es decir, cuando hay que tomar decisiones sobre problemas concretos.

La institución monárquica se tiene que mantener inalterable para garantizar la estabilidad política del país entero. Por lo tanto, no puede permitirse un desgaste político al asumir responsabilidades de gobierno.

Esta es la principal razón por la que no es recomendable la fórmula de "Partido Monárquico" para organizar a los partidarios de la Monarquía. La necesidad de un programa de gobierno condiciona la institución ideológicamente, por lo que resta apoyo popular. Todo el pueblo debe poder identificarse con la institución monárquica, algo que no se puede conseguir nunca con un partido monárquico.

Las dos vertientes principales de los movimientos monárquicos: Realismo contemporáneo y Tradicionalismo-Legitimismo.

Los movimientos monárquicos actuales que con más eficiencia trabajan por una futura restauración monárquica son los que se desprenden de concepciones anticuadas. Hoy en día muy poca gente desea restablecer una monarquía donde es el Rey quien gobierna y decide la política nacional. Tampoco los Reyes o Herederos del Trono tienen interés en interferir asuntos de gobierno, porque, como ya he dicho antes, deben mantenerse apartados de actividades que pueden llevar a un desgaste de su imagen y, en consecuencia, desestabilizar la estructura del Estado.

Los movimientos que ven e interpretan la idea monárquica en concordancia con los tiempos actuales y lo que la mayor parte de la población desea, pueden encuadrarse en lo que denominamos "realismo contemporáneo".

Por otra parte tenemos a los tradicionalistas y legitimistas. Se trata, generalmente, de grupos ultra-conservadores, que se aferran a tradiciones políticas y sociales incluso cuando éstas hayan sido superadas. Los tradicionalistas valoran especialmente el componente religioso, partiendo de la legitimación divina del Rey, que queda, por tanto, subordinado a Dios, no admitiéndose la necesidad de que debe contar con la voluntad o aprobación popular. Esta idea de designación divina "por la gracia de Dios" no tiene relevancia para los monárquicos del realismo contemporáneo.

Finalmente, están los legitimistas, que son, en cierto modo, una vertiente del tradicionalismo. Cuestionan la legitimidad del Heredero del Trono oficial en base a razonamientos históricos, como p.e. renuncias de líneas primogénitas (Brasil, España, Francia) o el rechazo de sucesores que no sean varones (España).

Los tradicionalistas y legitimistas son movimientos ideológicamente definidos y defienden muchas veces opciones monárquicas no compatibles con el presente.

Las organizaciones legitimistas-tradicionalistas suelen ser numerosas, pero disponen también de muchos medios económicos. Su acción de base se realiza en forma de muchos pequeños círculos locales. Los movimientos del "realismo contemporáneo" se organizan por lo general como los partidos políticos, es decir, una organización nacional subdividida en grupos regionales y locales.


Los Movimientos Monárquicos en Europa, América y Australia. Resumen por países.

Entraremos ahora en el análisis por países.

España

En España comenzó a formarse un movimiento monárquico después de la Guerra Civil. El nuevo régimen no permitió actividades monárquicas propiamente dichas. Franco fue monárquico, pero sus planteamientos políticos no aconsejaban una restauración a corto plazo, faltando también el necesario entendimiento con el Jefe de la Casa Real española, Don Juan.


La única organización monárquica que se fundó entonces fueron los Reales Tercios (1942), entidad de carácter paramilitar creada por el general Kindelán con el fin de defender al legítimo heredero del trono español, S.A.R. Don Juan de Borbón. Se regía por un reglamento militar con la misma jerarquía que en el ejército. Los socios de los Reales Tercios adquieren también rangos militares, aunque tengan sólo un carácter interno.


Después de la restauración de la Monarquía, los Reales Tercios pasaron a denominarse "Círculos de Acción Monárquica" y tuvieron que ser transformados en asociación, aunque siguen vigentes el reglamento (que no se aplica) y los rangos militares.


Hoy es una organización testimonial sin actividades conocidas. Pertenecen a ella personalidades de alto rango.

Al final de la II Guerra Mundial, los monárquicos vuelven a organizarse nuevamente alrededor de Don Juan, que a su vez lidera la oposición en el exilio. Aprovechando la situación mundial de oposición a los regímenes equiparados con el fascismo, los monárquicos exigen un restablecimiento de la democracia en forma de una monarquía parlamentaria.

Más relevancia adquirieron las Juventudes Monárquicas durante los últimos años del franquismo. Pero desaparecieron con la restauración por considerar que ya no era necesaria una acción monárquica.

Hasta 1985 existían en España sólo cuatro entidades monárquicas más: La Unión Monárquica Española, asociación fundada en 1916, con sede en Barcelona, inactiva; la Fundación Institucional Española, cuya principal actividad es un concurso infantil sobre la figura del Rey; la Unión Monárquica del Principado de Asturias, inactiva; y un pequeño círculo monárquico en Badajoz dirigido por José Emilio estrella Estrella, un monárquico de avanzada edad, pero muy activo a nivel personal.

En 1985, ante la inexistencia de una verdadera acción monárquica con un contenido y una proyección de futuro, se fundó la Asociación Monárquica Europea, que como dice el nombre, no se limita al territorio de España, sino que tiene una vocación europea, lo que es expresión del concepto moderno y dinámico de la Monarquía. Entiende la institución monárquica como universal, aunque preserva la identidad nacional de su pueblo, sin que signifique un nacionalismo aférrimo. Es perfectamente compatible con el proceso de unión europea, porque esa unión no debe desembocar en un estado artificial carente de un soporte de identidad que ninguna otra institución pueder garantizar mejor que la Monarquía.

Aparte de las entidades anteriores, existe en España un movimiento histórico que en tiempos de Franco volvió a tener cierta importancia: Los Carlistas, concretamente la Comunión Tradicionalista Carlista. Como da a entender su lema DIOS, PATRIA, REY, la religión y la patria se anteponen a la figura del Rey. Actualmente, los Carlistas no cuentan ya con ningún pretendiente oficial de la rama carlista. El último, Carlos Hugo, se fue a EE.UU. después de renunciar a sus pretensiones.


La CTC se reorganizó hace algunos años y cuenta con una organización muy fuerte. Mantiene relaciones con monárquicos tradicionalistas en Francia y otros países.


EUROPA OCCIDENTAL

R e p ú b l i c a s

Alemania


En Alemania, como consecuencia del abandono por el Emperador Guillermo II y del régimen dictatorial que llevó a la II Guerra Mundial, no se llegó a formar ningún movimiento monárquico hasta finales de los años 60.

Actualmente sólo existe un movimiento de ámbito nacional que se llama "Tradition und Leben" (Tradición y Vida), que defiende la restauración de la Monarquía Federal, es decir, el Imperio que se compone de los diferentes Reinos, Ducados y Condados que existían antes.

La zona donde más probabilidades hay para una restauración de la Monarquía es Baviera. Al igual que en Italia, después de la II Guerra Mundial se celebró un referéndum cuyos resultados se supone fueron manipulados por los americanos.

A pesar de tantos años de república (o quizás justo por eso), los bávaros siguen siendo mayoritariamente monárquicos. Según una encuesta reciente, un 68% se pronunciaría a favor de la restauración monárquica en Baviera.

Con la reunificación han vuelto a surgir tradiciones que se daban por perdidas para siempre. Dependerá de los movimientos monárquicos si se llega a medio plazo a plantear un referéndum sobre la forma de Estado. Desde luego será muy importante lo que pasa en regiones como Baviera, que podría tener un efecto dominó.

Existen actualmente organizaciones monárquicas en Baviera, Sajonia, Hanover y Prusia.


Austria

En Austria existen varias organizaciones desde hace muchos años. Pero ninguna se entiende con las otras, lo que merma fuerzas para una acción eficaz.
Son la Asociación de los Monárquicos Austríacos, la Asociación de los Austríacos para la Conservación de la Historia Austríaca, el Partido Social-Conservador-Monárquico de Austria y la Asociación Austria la Vieja.


Francia

Francia es uno de los países con más tradición de movimientos monárquicos.

Con la caída de Napoleón III en 1871 nace un movimiento político muy fuerte en apoyo del heredero legítimo del trono y último Borbón francés, el Conde de Chambord, que se llamaba ACCION FRANCESA. Este movimiento alcanzó tal fuerza que tenía hasta la mayoría en el Parlamento, lo que le permitía exigir una restauración con Chambord. Pero todo fracasó por culpa del mismo Chambord, que no estaba dispuesto a aceptar la bandera tricolor, detalle esencial para obtener el apoyo de la clase política no monárquica. El no de Chambord y su muerte poco tiempo después hizo perder fuerza a la ACCION FRANCESA. Al transmitir los derechos dinásticos a la rama colateral de los Orleans, designando al Conde de Paris Príncipe Heredero, incluso se dividieron los monárquicos entre los que aceptaban a los Orleans como rama legítima y autóctona y aquellos que defendían la tesis de que tendría que ser un sucesor de la rama española de los Borbón, porque representan la línea más directa y por tanto "legítima" de la Casa Real Francesa.
Luego veremos el panorama francés.

A finales de los años 60 se produjo una escisión de la Accion Francesa, creándose la NOUVELLE ACTION ROYALISTE, que tiene una orientación más progresista. Incluso llegó a apoyar en algunas ocasiones al candidato socialista a Presidente de la República.

La ACCION FRANCESA y la NOUVELLE ACTION ROYALISTE son hoy totalmente contrapuestas, pero defienden ambas al Conde de París. La primera es ultra-conservadora, que como los Carlistas tiene un ideólogo histórico: Charles Maurras.

La NAR cuenta con un director político, Bertrand Renouvin, un hombre muy relacionado con el Partido Socialista, pero monárquico al fin y al cabo. La NAR incluso llegó a presentarse a diferentes elecciones, defendiendo siempre la idea monárquica, es decir, la restauración monárquica.
Cada una cuenta con aprox. 6.000 afiliados.

Existe una tercera asociación de relevancia que apoya también al Conde de París: la Asociación de los Amigos de la Casa Real Francesa, cuyo presidente es Stéphane Bern. Esta asociación es completamente apolítica y centra su trabajo en la defensa de la imagen de la Casa Real. Tiene muy buenas relaciones con la NAR.

Las tres organizaciones cuentan con numerosos grupos locales y regionales en todo el país.

Una infraestructura aparentemente mayor tienen los legitimistas que defienden a Luis Alfonso de Borbón, hijo del fallecido Duque de Cádiz. Disponen de muchos medios económicos, que deben en parte, según fuentes monárquicas, a los republicanos muy interesados en mantener desunidos a los monárquicos. La opción de Luis Alfonso no es viable realmente dado que no es francés y porque los legitimistas son más bien de orientación ultra-conservadora.


Italia

La escena de los movimientos monárquicos italianos en la actualidad es muy compleja y resulta difícil orientarse para alguien que no tenga relaciones con estos grupos.


Hasta la muerte del Rey Humberto II en 1983, la UNION MONARQUICA ITALIANA reunía a la mayor parte de los grupos monárquicos independientes, a algunos partidos monárquicos de ámbito nacional, así como a numerosos monárquicos organizados en otros partidos u organizaciones no monárquicos.


Pero después de la muerte de Humberto II, la UMI se disolvió y aparecieron numerosos grupos sin ningún tipo de coordinación entre ellos.

Después de la proclamación de la república en 1946, la lucha monárquica fue dirigida por el Partido Democrático Italiano, que luego se fusionó con el Partido Liberal. Inmediatamente después del referéndum institucional apareció el Partido Nacional Monárquico.


Paralelamente se desarrolló la actividad de la Unión Monárquica Italiana.
Especialmente el Partido Nacional Monárquico contaba con la aprobación del Rey Humberto II, que consideraba a sus militantes como los más fieles que no distinguían entre Patria y Monarquía.


La UMI, a su vez, supo reunir a monárquicos pertenecientes a los más diversos partidos y grupos.


El peso de la UMI y del PNM fue tal que todos los demás grupos creados sólo existían esporádicamente, incluso una escisión del PNM, el Partido Monárquico Popular, volvió a unirse con el PNM formando el Partido Democrático Italiano.


En 1970, a raíz de un congreso celebrado por el PDI con el fin de disolver el partido, un grupo minoritario que se denominó ALIANZA MONARQUICA, y que no quería aprobar la disolución del partido, trató de tomar contacto con la UMI para integrarse en ella. Pero debido a la aparente inactividad de la UMI en este momento, AM decidió establecerse como movimiento político independiente.

Con la muerte de Humberto II, la UMI era incapaz de mantenerese compacta y unida, aparecieron luchas internas e incluso algunos dirigentes pretendían cambiar el orden de sucesión contra ley y natura. Se disolvió muy rápidamente, quedando sólo un grupo en Milán. Comenzaron a proliferar nuevos grupos, algunos sin ninguna consistencia.

Los de más importancia son los siguientes:

MOVIMIENTO MONARQUICO ITALIANO, con infraestructura en toda Italia; cuenta con aprox. 30.000 asociados.

MOVIMIENTO MONARQUICO FERT, dirigido por Sergio Boschiero. Segunda entidad más importante.

ALLEANZA MONARCHICA, ya mencionada. No tiene mucha importancia en cuanto al número de socios, pero dispone de una revista mensual de amplio alcance.

AMIGOS DE LA CORONA FERREA, anhelan una vuelta al Imperio Germánico de Nación Romana.

GRUPPO SAVOIA
Seguidores de Victor Emanuel, poco serios.

UNION MONARQUICA ITALIANA de Milán.

LISTA AZUL de Florencia.

UNION MONARQUICA MODENENSE, defienden la Casa de Austria-Este.

Recientemente, el FERT unió sus fuerzas con ALLEANZA MONARCHICA. Es el primer resultado de los esfuerzos por unir nuevamente a los monárquicos italianos, pues se han dado cuenta de que es ridículo crear cada vez más grupos sin seguir una estrategia común.


Grecia

En Grecia existe un movimiento bastante fuerte con grupos locales en todo el país, la UNION MONARQUICA HELENICA.
Los monárquicos griegos han conseguido unirse después de superar las dificultades planteadas por la administración.



M o n a r q u í a s

Suecia

En Suecia existen actualmente dos asociaciones monárquicas: La ROJALISTIKA FÖRENINGEN y ROJALISTIKA SALSKAPET.


Noruega y Dinamarca

No conocemos ningún grupo concreto en estos dos países.


Holanda

En Holanda existe el grupo ALIANCE ROYALE.

En todas las Monarquías escandinavas, al igual que en Holanda, la Monarquía cuenta con un fuerte apoyo popular, por lo que las actividades de estas asociaciones son más bien contemplativas. Lo mismo se puede decir de Bélgica, Luxemburgo, Liechtenstein y Mónaco, donde ni siquiera parecen existir grupos monárquicos.


Gran Bretaña

Gran Bretaña cuenta con la organización monárquica más antigua e importante de todas las existentes en el mundo: THE MONARCHIST LEAGUE. Dispone de delegaciones en todo el mundo, principalmente en los países que tienen a la Reina Isabel II como jefe de estado. En Canadá, la Liga Monárquica adquirió tal importancia que decidió independizarse de Londres creando la Liga Monárquica del Canadá.


La Liga Monárquica es la única entidad que ejerce también la función de unión entre los monárquicos en todo el mundo, y sirve de punto de referencia para coordinar cualquier actividad internacional. Compila las informaciones recibidas por numerosos grupos y personas individuales, lo que ha permitido que en los últimos años se intensificaran los contactos entre todos.


Actualmente está muy comprometida con diferentes actividades importantes:
- Defender la Monarquía Británica contra los ataques que sufre por causa de las desavenencias surgidas en la Familia Real;
- Coordinar el apoyo a los movimientos pro restauración en Bulgaria, Rumanía y Brasil;


EUROPA ORIENTAL

Los movimientos monárquicos en los países de Europa del Este surgieron a raíz de los cambios políticos a partir de la caída del Muro, al volver los pueblos a buscar sus identidades nacionales perdidas. Todos ellos perdieron sus Monarquías por la fuerza, y a pesar de los intentos de los regímenes comunistas de borrar toda la historia hasta 1945, el recuerdo que más fuerte han conservado estos pueblos es él de sus Reyes, con los que vivían mucho mejor.

En su mayoría, estos movimientos son de orientación más bien conservadora, lo que resulta comprensible pensando que se trata de defender posturas completamente contrarias al régimen comunista: unidad nacional, recuperación de las tradiciones y de una base histórico-filosófica para la convivencia.

En Bulgaria existen actualmente cuatro grupos, siendo el más importante la UNION MONARQUICO-CONSERVADORA. La admiración por el Rey Simeón II y su padre, Boris III, es muy fuerte. Pero el gobierno actual compuesto por comunistas reformados, no está dispuesto a celebrar un referéndum institucional. Hay que esperar aún una mayor normalización de la situación política que dé suficientes garantías para un referéndum no manipulado.

En Bulgaria se da el caso de que la república fue instaurada por la fuerza. Lo correcto sería un restablecimiento de la Constitución de Tirnovo, que es idéntica a la de Bélgica.

En Rumanía la situación es similar a la de Bulgaria. El Rey Miguel I cuenta con un gran prestigio entre la población. También aquí la mejor forma de volver a la normalidad sería restablecer el orden constitucional anterior a la república comunista, pero existen los mismos obstáculos que en Bulgaria.
Los monárquicos están organizados en dos partidos de corte liberal.

En Rusia han aparecido últimamente muchos nuevos grupos monárquicos en todo el país. Ello se debe también a la circunstancia de que los rusos disponían de numerosas organizaciones monárquicas en Estados Unidos y en Gran Bretaña, que están en condiciones de dar un fuerte apoyo a los monárquicos en su país, que ahora pueden dedicarse sin restricciones a desarrollar actividades dirigidas a restaurar la Monarquía en Rusia. La actitud del gobierno de Boris Yeltsin ha sido muy favorable, como se ha podido comprobar por la visita del Gran Duque Vladimir a San Petersburgo y el entierro en la gruta de los Romanov.

Más complicada es la situación en la antigua Yugoslavia. Realmente existen sólo posibilidades en Serbia y Montenegro, dado que la dinastía del último Rey de Yugoslavia tiene su origen en Serbia. El Príncipe Alejandro cuenta con el apoyo de toda la oposición serbia, que ya ha anunciado querer restaurar la Monarquía en cuanto se celebren elecciones libres.


Montenegro, sin embargo, que aún sigue unido a Serbia, podría plantear su separación de Serbia en el caso de restablecerse la Monarquía proclamándose Rey a Alejandro Karageorgevich. Esta circunstancia se debe a que Montenegro fue prácticamente anexionada por Serbia al constituirse Yugoslavia, destronando al Rey de Montenegro, un hecho que no se olvida. Pero el actual Heredero del Trono de Montenegro no tiene aspiraciones de convertirse en Rey.

En Albania no existe aún ningún movimiento monárquico, seguramente debido a la grave situación por la que pasa el país. Pero toda la oposición exterior se organizó alrededor del Rey Leka I, que trabaja incansablemente por recuperar el trono de Albania. La única organización conocida es el Movimiento Nacional Legalista de Albania con sede en Nueva York.

Finalmente destaca la actividad monárquica desarrollada en Polonia, donde existen actualmente cuatro grupos, unos de ellos muy importante y activo: El CLUB CONSERVADOR-MONARQUICO DE VARSOVIA y el CLUB LIBERAL-MONARQUICO DE CRACOVIA, siendo este último parte de una federación de clubes monárquicos.

Otro país considerado europeo, aunque se encuentre ya en el continente de Asia, es Georgia, donde se ha mantenido un fuerte sentimiento monárquico a pesar de que perdió su Monarquía autóctona en 1801 cuando el país fue anexionado por Rusia. El movimiento más importante de la oposición es la Union Tradicionalista de Georgia, que defiende la restauración monárquica. Otro grupo es el Partido Monárquico de Georgia, pero no tiene peso político y parece estar bajo control de los republicanos.


AMERICA

R e p ú b l i c a s

Brasil

Paralelamente a Francia, se formó un movimiento considerable en Brasil, cuya Monarquía fue derrocada en 1889 por los militares que apoyaban así a los terratenientes contrarios a la abolición de la esclavitud. Dado que la nueva república no contó en absoluto con el apoyo del pueblo, circunstancia descrita excelentemente por Mario Vargas Llosa en su libro "La Guerra del Fin del Mundo", los militares se ocuparon muy deprisa del problema de los monárquicos: declararon delito toda actividad política contraria al sistema republicano mediante la conocida "cláusula férrea", que se tardó 100 años en derogar. De esta manera, Brasil no contó mucho tiempo con su movimiento monárquico histórico, cuyo pensador más destacado fue Juan Camilo Oliveira Torres. Naturalmente, se sobreentiende que la república brasileña prohibió en virtud de la cláusula férrea la publicación de las obras de Oliveira Torres.

Con la abolición de la cláusula férrea surgieron multitud de grupos y organizaciones monárquicas en todo el país. La única división que existe es que hay dos pretendientes: Don Pedro, que es sucesor de la línea primogénita del último emperador, y Don Luis, que basa sus reivindicaciones en que el padre de Don Pedro había renunciado a sus derechos dinásticos cuando todavía no contaba con descendientes.

El movimiento más relevante es el MOVIMIENTO PARLAMENTARISTA MONARQUICO dirigido por el Diputado Federal Cunha Bueno, artífice de la derogación de la cláusula férrea. Junto a él está el INSTITUTO BRASILEÑO DE ESTUDIOS MONARQUICOS DE RIO DO SUL, entidad sucesora del IBEM que existía durante los últimos 15 años de la cláusula férrea. En total son unos 18 grupos que trabajan por la restauración en Brasil.

En la actualidad se efrentan al problema de la reforma constitucional introducida para adelantar el referéndum institucional fijado inicialmente para septiembre de 1993. Ahora tendrá lugar en abril. Con ello los republicanos tratan de evitar una campaña bien organizada por parte de los monárquicos, que cuentan cada vez con más apoyo popular, pues el último emperador era sinónimo de democracia, desarrollo y justicia social.


EE.UU.

En Estados Unidos existe un número muy elevado de grupos monárquicos. En su mayoría se trata de organizaciones de monárquicos en el exilio (rusos, serbios, albanos, etíopes). Pero hay también un gran número de ciudadanos estadounidenses interesados en la Monarquía. Están organizados principalmente en la CONSTANTIAN SOCIETY, una organización que tiene mucho prestigio a nivel internacional.
Sus actividades están dirigidas a apoyar movimientos pro restauración en Europa oriental y en Brasil.


M o n a r q u í a s

Canadá,
Caribe: Belice, etc.

Lo que se desconoce generalmente es que América cuenta con un gran número de países monárquicos, siendo el más importante Canadá. Los demás se encuentran en el Caribe y América Central, todos ellos antiguas colonias británicas que han conservado el régimen monárquico. No conocemos grupos monárquicos más que en Canadá, la citada Liga Monárquica del Canadá. Los monárquicos en los demás países pertenecen, sin duda, a la Liga Monárquica de Gran Bretaña.


AUSTRALIA

Al igual que Canadá, también Australia es una Monarquía, con la Reina Isabel II como jefe de Estado. En Australia existen dos asociaciones monárquicas: THE AUSTRALIAN HERITAGE SOCIETY y THE AUSTRALIAN FLAG ASSOCIATION. Aparte de ellas existe un gran número de miembros de la Liga Monárquica de Gran Bretaña.

Las actividades de estos grupos aumentan últimamente debido a los intentos de los socialistas australianos de instaurar la república en el año 2001. Con ello pretenden obtener una "mayor independencia" de Gran Bretaña, pero no cuentan con el apoyo popular necesario.


AFRICA Y ASIA

En Africa sólo destaca el movimiento monárquico etíope, organizado principalmente en EE.UU. y Gran Bretaña. Los cambios políticos recientes han tenido el resultado de un resurgir del recuerdo del último emperador Haile Selasi, y parece muy posible una próxima restauración de la Monarquía en este país, con lo que podría recuperar la estabilidad perdida durante los años de dominación comunista.

Las demás monarquías africanas son muy distintas a las europeas o asiáticas, prevaleciendo el carácter tribal.

En Asia sólo existen movimientos conocidos relacionados con el Irán, es decir, están organizados en el exterior (Gran Bretaña y Alemania). En China parece existir un grupo, pero faltan datos para confirmarlo.
un repaso con esp. atención a Irán, Etiopía, Libia, Egipto


¿Los Movimientos Monárquicos como relaciones públicas de la institución monárquica?

Las Casas Reales tienen que procurar de ser muy diplomáticas cuando se trata de defender la institución monárquica, ya que deben mantenerse apartadas de las luchas políticas. Tomar partido por la Monarquía, algo que nos parece perfectamente legítimo, puede ser criticado por algunos sectores y ser utilizado para debilitar la imagen de los representantes de las Casas Reales.

Incluso Monarcas y Príncipes exiliados tienen que estudiar muy a fondo toda declaración pública para conservar la neutralidad de la Casa Real y no crear divisiones.

Por estas razones, deben ser los mismos ciudadanos que, organizados en asociaciones o movimientos, defiendan activamente la idea monárquica.

En cierto modo se convierten en relaciones públicas de la institución monárquica, sin que tengan que contar con el apoyo activo de las Casas Reales.

El apoyo de las Casas Reales en las Repúblicas y en las Monarquías. Las aspiraciones de los monárquicos al respecto.

Como las Casas Reales tienen que mantenerse alejadas se una toma de partido incluso a favor se la propia institución monárquica, tampoco pueden apoyar expresamente a los movimientos monárquicos.

A algunos monárquicos a veces les gustaría tener un contacto estrecho con las Casas Reales y poder lucirse al lado de sus representantes. Existen entidades monárquicas cuya principal actividad consiste en la celebración de audiencias con el Rey o el Príncipe Heredero. Pero este es un factor que aconseja a las Casas Reales que no apoyen a toda organización que aparezca para evitar que ésta se aproveche de ello.

Ejercen, por tanto, prudencia, lo que no significa que no dén su apoyo a aquellos grupos que demuestren ser serios en su proceder. Pero este apoyo nunca será oficial, ni se concederán favoritismos.

En la repúblicas puede darse el caso de un apoyo expreso del Jefe de la Casa Real a uno o varios grupos monárquicos, como es el caso de Italia. Los representantes de las Casas Reales en el exilio están más dispuestos a dar estos apoyos, dado que tienen carácter recíproco, pero siempre dependen de la seriedad demostrada de estos grupos.

El interés de verdaderos monárquicos no puede ser otro que él de apoyar incondicionalmente a la institución y sus representantes sin esperar favoritismos.


Perspectivas de futuro de los Movimientos Monárquicos.

Los movimientos monárquicos han experimentado un auge considerable desde la caída del muro. Para el futuro se divisa un crecimiento continuo de grupos y personas comprometidas con la causa monárquica.

La tendencia de todos ellos será, necesariamente, una profesionalización de su acción, pues es preciso actuar con conocimiento de causa para convencer a la población de las ventajas de la institución monárquica.


La Prensa Monárquica.

Una necesidad primordial de todo movimiento monárquico es poder comunicarse no sólo con sus socios y simaptizantes, sino con el público en general. Debe difundir los conocimientos sobre la institución monárquica. La mejor vía es la creación de publicaciones especializadas.

En los últimos años la oferta de publicaciones periódicas de carácter monárquico se ha visto incrementado notablemente.

Ha habido muchos intentos de crear revistas monárquicas, pero muchas se han visto obligadas a desaparecer a falta de medios.


Un medio de comunicación especializado de carácter particular.

La prensa monárquica no es comercial, salvo en los casos de editar revistas ilustradas que se asemejan a las revistas del corazón. Sus contenidos se concentran principalmente en la Monarquía en sus diferentes facetas. Algunas publicaciones tratan temas de actualidad política del país en cuestión para dar mayor amplitud al círculo de lectores y alcanzar de esta manera a más personas que no necesariamente se pueden considerar monárquicas.


Presentación del panorama actual de la prensa monárquica mundial.

Pocas son las revistas con una concepción moderna y dinámica de la Monarquía.

Donde más publicaciones se editan y más interés existe por la causa monárquica.

Los países que cuentan con más publicaciones monárquicas son Francia e Italia.

Las publicaciones de más tirada en Francia son ROYALISTE y ASPECTS DE LA FRANCE, la primera de la NAR, la segunda de Restauración Nacional-Acción Francesa.

La NAR publica, además, la única revista de estudios monárquicos: LYS ROUGE, que en cada número trata de forma monográfica temas de actualidad, como p.e. Italia, Albania, Yugoslavia.

Aparte de Royaliste y Lys Rouge, edita la revista trimestral CITE, dedicada a asuntos ciudadanos alternados con temas monárquicos, y una versión universitaria de Royaliste.

La AAMF publica la revista trimestral ALLIANCE ROYALE, y existe una nueva publicación de carácter literario-histórico: LA PLACE ROYALE.

Los legitimistas publican un gran número de revistas, siendo la del SICRE la que con más medios cuenta.

En Italia existen 13 publicaciones, siendo las de más alcance ALLEANZA MONARCHICA, NOTIZIE MONARCHICHE-MMI NOTIZIE, IL PUNGOLO, SAVOIA Y FERT.

La prensa monárquica como medio de acción directa.

(Tema no disponible)

 

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06/01/2008 14:35 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

La desvirtuación de la Realeza




Por Pedro Schwenzer

"Los Reyes son una necesidad biológica. Tal vez son un reflejo de la constitución misma del alma."

Lawrence Durrell





Una encuesta realizada en Alemania de si la aristocracia (y por extensión la realeza) sigue siendo un ejemplo para la sociedad, tuvo el resultado sorprendente de que el 71% contestó afirmativamente, cuando en la misma encuesta un 74% opinaba que la aristocracia alemana está en declive.

Con otras palabras, la gente sigue creyendo en la realeza, aunque sólo sea subconscientemente. El Rey es hoy más necesario que nunca, porque las luchas partidistas son hoy más violentas que nunca, y el Rey es el único dirimente posible de estas luchas, con la mirada puesta en los supremos intereses del estado. El Rey es, en definitiva, el único posible representante auténtico de la ideal del estado, dando exactamente igual a estos efectos que se profese una concepción de la sociedad democrática o aristocrática.

La institución monárquica, sin embargo, vive actualmente una fase de desestabilización en gran parte organizada y muy peligrosa. Y no siendo esto suficiente, algunos miembros destacados de Familias Reales reinantes caen en esa red que se les ha tendido y que puede tener consecuencias muy graves no sólo para ellos, sino para toda la institución. Los Monarcas y, con ellos, las Familias Reales son los símbolos visibles de las naciones y de los valores morales y éticos. Ellos son los portadores de la esperanza para sus pueblos, como demuestran hechos como la encuesta antes enunciada, la esperanza de poder servir de orientación especialmente para la juventud, que cae con trepidante velocidad en el extremismo, la anarquía y la falta de respeto hacia sus conciudadanos.

La sociedad es un organismo, no un sistema. Su unidad más pequeña es la familia, y en realidad, la realeza es la estructura que le conviene mejor, dado que la Familia Real es un reflejo de la familia humana y la idolatría que se le adhiere es legítima.

Además, así como los apetitos, aunque sean débiles, onubilan el hábito de la justicia, así también la caridad o el amor recto lo perfecciona y ennoblece. Los apetitos, despreciando el bien propio del hombre, pretenden otros fines; la caridad, en cambio, se dirige a Dios y al hombre, despreciando todo lo demás; busca, en consecuencia, el bien del hombre. Y siendo el mayor entre todos los bienes del hombre el vivir en paz, como se dijo más arriba, y consiguiéndose esto, sobre todo y de manera especial por la justicia, tanto más cuanto ella sea más vigorosa. Se demostrará que el Monarca debe poseer amor recto en más alto grado que ninguno otro de los hombres, del siguiente modo: Todo ser digno de ser amado será tanto más amado cuanto más cerca esté de quien lo ama.

La realeza, y con ella la aristocracia, debe procurar no dejarse llevar por sus apetitos. Los desequilibrios familiares como los conocidos en la Casa Real británica (en tiempos de la Princesa Diana), desvían a la Corona de su rectitud y ejemplariedad. La no observancia de tradiciones desvirtúa la posición suprema de la Familia Real.

El Monarca sólo puede estar mejor dispuesto para gobernar (reinar) si no tiene oportunidad alguna para dejarse llevar por los apetitos, o siendo el que de todos los mortales tiene las mínimas ocasiones, cosa que no sucede a los demás, y siendo los apetitos por sí mismos los que corrompen el juicio y obstaculizan la justicia. Para que los Monarcas sigan siendo los que están óptimamente preparados para el gobierno -y sólo ellos pueden conducir óptimamente a los demás-, es preciso que sus hijos sean conscientes del legado que recibirán algún día.

(Artículo publicado en Monarquía Europea Nº5/6 Año 2 Jul-Dic 1992 - recopila diferentes definiciones filosóficas históricas aplicadas a la actualidad)
19/11/2007 15:07 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Conspiracions antimonárquiques?

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Por Pedro Schwenzer 

La Monarquía representa un ordre preestablert d'origen natural o diví. Significa no sols que la seva legitimitat ens va donada per raons històriques i tradicionals, pel seu origen mateix de la nació que conforma un Estat, sinó també pels valors que li son innats, valors básics per a la convivència pacífica i ordenada de tota societat humana. Aquests valors, pel seu origen natural o, si es vol, diví, sín, en realitat, aliens a una base político-ideológica, encara que existeixen avui orientacions idelógiques que consideren a aquests valors propis de determinats sectors polítics.

La Institució Monárquica té, entre altres, alguns trats fondamentals de trascendència superior: la Unitat, la Justícia i la Llibertat. Dintre de valors com la unitat nacional i la llibertat hi ha l'estabilitat política, el respecte a la voluntat majorirària, la pau i la pluralitat.

Des de fa dinou [*1994] anys, Espanya gaudeix d'una estabilitat política exemplar, que tampoc s'ha vist perjudicada per un intent de cop d'estat, ans tot el contrari. Tot això gràcies a l'exemplar actuació del nstre Rei, que va saber guanyar-se per a Ell i per a tota Espanya, l'admiració i el prestigi a nivell mundial. La Corona, superior i aliena a tota lliuta política entre partits, ha sigut en tot aquest període la garantía que cap d'aquestes lluites polítiques hagi arribat a pertorbar l'estabilitat d'Espanya com a país i com a Estat.

Malauradament, sembla que existeixen sectors que no poden o no volen viure en pau i stabilitat. No soporten, sembla, que poguem viure en un ordre superior i elié a les seves voluntats conjunturals, els seus interessos creats - creats per a què? A aquests sectors els agradaria trencar la pacífica convivència de què gaudim, alterant no sols la vida a nivel local o regional, sino l'ordre institucional i el legat históric del nostre Reialme. Potser perque els resulta més còmode destruir que construir, es a dir, acabar amb el que hi ha i s'ha aconseguit pel benestar del poble i provocar a tot el país el caos i la desil·lusió, perquè això és el que fa divertida tota conspiració. A alguns polítics sembla que els diverteix més conspirar que solucionar problemes. Crea intriges é més fàcil que treballar en solucions pràctiques per a problemes de nivell "inferior": problemes dels ciutadans de peu.

Es trist haver de llegir a la premsa d'una "trama de conspiració republicana" - en què es basa? - o d'utilitzar el Rei" per a interessos polítics d'alguns dirigents. Tampoc cert diari madrileny, declaradament monárquic, té por a utilitzar el nom i l'imatge de S.M. El Rei en benefici desl seus lectors, jocs que obsessionen el seu director amb interessos un tant bizantins i posicions monàrquiques desequilibrades i monopolítiques.

És indubtable, i ens ho demostra l'actutut de la "gent del carrer", que el Rei i a Monarquía gaudeixen a Espanya d'un gran prestigi, d'una adhesió forta i un futur indubtable. Precisament en moments de certa agitació política, de desgast d'una de les institucions de nivell inferior a la de la Corona: el govern nacional, aquesta adhesió dels espanyols al seu Rei es fa més notable i fervorosa (recordeu la desfilada de la Guardia Civil a Madrid a mitjans de maig de 1994 a on es va aclamar S.M. El Rei i es va escridassar els membres del govern).

Les conspiracions que podem llegir als diaris aquests dies no tenen cap base lògica. No és sinó una priova més que molts dels polítics implicats no veuen la realitat socioeconòmica i es centren en activitats poc profitoses per al seu país, activitats que els suposen, segons manifesten frequentment quan es tracta de pujar les dietes, un sacrifici mal compensat peró que estan disposats a fer pel bé i progrès d'Espanya.

Si estimessin realment aquest Regne d'Espanya i el poble que el composa, no posarien en joc la seva existència i la seva raó de ser: la seva Monarquía representada per Sa Majestat El Rei d'Espanya.

(Editorial publicat en Monarquía Europea Nº 1 (10) Año I (IV), edició especial en valencià. Nov 1994, subvencionat per a la Generalitat Valenciana)

19/11/2007 15:06 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

El Reto de la Monarquía

Por Pedro Schwenzer 
Vivimos tiempos turbulentos. Los cambios que se producen en el mundo, sobre todo en Europa, son tan vertiginosos que no nos dejan tener respiro entre uno y otro. Pero queda manifiesto con cada vez más vehemencia que lo que permanece inalterable son los valores tradicionales; es más, después de todos los intentos de borrarlos de nuestra vida, vuelven a resurgir con más fuerza.

La Monarquía es un valor tradicional ut supra. Declarada anticuada por los que pretendían ser los únicos representantes del progreso, renace como fénix de la ceniza. En el recuerdo de las gentes sigue teniendo valor y transmite confianza y cobijo para todos, cosas de ls que necesitan especialmente nuestros conciudadanos europeos del este.

Pero no basta con recuerdos ni con símbolos. La Monarquía como institución suprema y moderadora tiene una función muy importante que ejercer: vigilar que se mantengan el orden y las buenas costumbres, la pacífica convivencia y la unidad nacional, que se respeten las leyes y las libertades. Para ello no es preciso que la institución monárquica ejerza poderes políticos; su actividad política es y debe ser independiente y universal, englobando al sentir general del pueblo que representa.

Ninguna democracia parlamentaria ha demostrado se perfecta, nunca lo será. Pero cuando sus representantes, todos ellos pertenecientes a determinados grupos ideológicos y de intereses, empiezan a olvidar para qué están allí, sólo un poder puede llamarles la atención, un poder moderador: la Corona. El Rey de España ha demostrado muy bien saber estar a la altura de las circunstancias. Su toque de atención del mes de julio [de 1991] lo había medido muy bien. No escogió a nadie en concreto al que dirigir sus observaciones críticas. Dijo lo que el pueblo español piensa desde hace tiempo, advirtiendo que está vililando atentamente el buen funcionamiento de nuestra sociedad. Ell servirá para que se hagan esfuerzos por remediar los males que estamos acusando.

El Rey, hoy en día, no toma decisiones `políticas. Eso está bien para evitar posicionamientos partidistas del soberano. Pero tiene un poder moral decisivo para el comportamiento de ciertos grupos sociales, pudiendo lograr tal vez mucho más que otro con poder efectivo.

La Monarquía tiene un gran reto: Demostrar que sigue siendo la mejor forma de estado, por preocuparse por cada uno de sus habitantes y todos juntos, por tomar permanentemente el pulso a la nación para reconocer dónde es preciso actuar, por arbitrar entre los diferentes grupos de interés y actuar como contrapeso en momentos de priducirse graves desequilibrios políticos o sociales.

Si en otros siglos se mantuvo demasiada anclada en el pasado y alejada del pueblo, hoy es lo contrario. La Monarquía en la actualidad está en buen camino y adaptándose con pasos gigantescos a los nuevos cometidos a ella encomendaos, como el llamado "poder moderador".

EL buen hacer de la Monarquía servirá como ejemplo para todos aquellos países que duden aún qué sistema deben elegir. Y que la Monarquía debe ser la última en ser descartada como alternativa viable de reorganización del estado, queda muy bien patente en lo que dijo Álvaro d'Ors: "Si el regreso de las Monarquías fuese imposible, eso equivaldría a tener que darse por terminado el mayor y más brillante período de la cultura occidental. Mas, tranquilícense los de poca fé, porque nada autoriza a pensar así. La humanidad está sedienta de libertad y seguridad, y sólo la Monarquía reúne estas dos cualidades, porque sólo en ella el poder es paternal, al contrario de lo que sucede en los llamados regímenes de fuerza e incluso en las supuestas democracias, en las que el poder "puede resultar" despótico."

La Monarquía es la forma de estado más antigua, regular y natural, porque procede del poder paternal. Ell a engloba los valores tradicionales de toda la nación. Por ello, está allí en el corazón de todos. Y eso podría ser la clave.

(Editorial publicado en Monarquía Europea Nº 2 Año 1 Sep-Nov 1991)

 

19/11/2007 00:39 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Rey, Poder y Sociedad

Por Pedro Schwenzer 
Asistimos hoy en día a una lucha desenfrenada por el poder. Todos los hombres aspiran hoy al poder, aspiran a imponer cada uno su propia voluntad sobre los demás. Ya dijo Voltaire: "Hacer a todos actuar como yo quisiera, ese es mi poder." No en todas las épocas de la historia ha sido esa aspiración, la del poder en sí mismo, la primera de los hombres. La verdad es que, en ciertos tiempos y debido a determinadas circunstancias, parece como desencadenarse esta ansia de poder; el poder se maximiza como valor, como valor primordial entre los demás valores sociales. En otras épocas, en que la Sociedad parece constituir un conjunto orgánico, no ocurre tal cosa. El poder político se convierte en la preocupación fundamental cuando han ocurrido profundos cambios sociales que han puesto en duda la existencia de un poder legítimo, con la consecuencia de que cuando tal cosa ocurre, cuando el poder se desliga de la autoridad legítima -la autoridad que el pueblo acepta como de origen divino o surgida de su libre consentimiento- es incapaz de producir ningún bien. No es constructivo. No logra edificar sus propios fundamentos. Sólo es capaz de destruir y, finalmente, de destruirse a sí mismo.
Es lo que vemos confirmado por la crítica situación que viven en la actualidad las repúblicas italiana, alemana, venezolana y brasileña, entre otras, donde el poder llamado democrático se encuentra en fase de descomposición, perdiendo cada vez más el arraigo popular que lo legitima. El poder no sirve ya al bien del pueblo, del estado, sino sólo a sí mismo. Y esta situación es especialmente pronunciada allí donde el régimen republicano se basa sobre fundamentos poco claros en cuanto a la voluntad popular y su constitución legítima.

Por otra parte, los mismos males se hacen patentes también en la Monarquía, donde el poder trata de arrinconar al Monarca, relegando a la Real Persona a actos puramente representativos o inclñuso decorativos, dictándole al parecer los contenidos de sus discursos, dispensándole en sentido figurado nada más que sonrisas cínico-benévolas, porque en realidad se trata de imponer una república de hecho que se disimula con un marco decorativo psicológicamente eficaz. Es, precisamente, el modo republicano de gobernar que, reafirmándose contínuamente como democráticamente elegido, hace que se llegue a situaciones de desgobierno, corrupción y pérdida de valores morales y éticos, porque el poder que no respeta la esencia misma del estado basada en la partición de poderes (Rey-Jefe de Estado - Ejecutivo - Legislativo - Poder Judicial), se tiene que traducir, necesariamente, en el cultivo de generaciones futuras depravadas y carentes de todo respeto hacia los demás y a las reglas de pacífica convivencia.

Uno de los más fatales errores cometidos por los que consideran el problema del poder como un mero problema institucional es la falaz suposición referente a las relaciones entre democracia y poder. Concretamente se da por supuesto que la democracia levanta obstáculos más formidables que cualquier otro sistema de gobierno al abuso del poder. Incluso la división democrática de los poderes entre muchos salvaguarda la dignididad y la libertad humanas contra el abuso del poder mayoritario. La realidad no confirma, en modo alguno, esta suposición.

La antítesis de la tiranía no es ni ha sido nunca la democracia ni ningún otro principio específico de gobierno, sino la síntesis de unidad en lo necesario, diversidad en lo accesorio y caridad en todo.

Síntesis a la que es dífícil de llegar en un modo automático por procedimientos formalistas, sino que sólo puede ser inspirada por una mente humana; pero ha de ser la de un hombre sustraído en lo posible a todas las tentaciones de los intereses particulares, situado por encima de las luchas de los partidos, que haga del logro de este alto fin el único motivo de su existencia para el que nació y fue educado. En definitiva, por la mente de un Rey.

Una aténtica Monarquía significa lo contrario de cualquier ideología. Todas ellas, hasta las más antagónicas, podrán encontrar sus partidarios entre los miembros de la comunidad. Pero el estado monárquico no estará adscrito a ninguna de ellas. Sus planes y programas de gobierno, de mucho más largo alcance que los que hacen los estados hoy en día, -el poderlo hacer así es precisamente una de las ventajas de un tipo de estado capaz de extender su mirada a través de las generaciones- estarán inspirados en consideraciones puramente pragmáticas, nunca en asbtracciones de tipo ideológico. Al quedar encarnada la cumbre y cabeza del estado por un hombre físico, de carne y hueso, no por una teoría ni por una abstracción, se vendrá abajo asimismo todo el sistema de ficciones sobre las que están edificados los modernos estados. Tampoco estará situada la entidad hombre en el centro de la gravedad de las preocupaciones estatales, sino hombres físicos de carne y hueso, con todos sus personales problemas. Problemas que se han hecho demasiado grandes y trascendentales en los tiempos presentes, para que pretendamos continuar abordándolos a base de un sistema de ficciones. Por eso es por lo que, como afirmó el doctor Canaval, la Monarquía es el único régimen posible de futuro.

(Editorial publicado en Monarquía Europea Nº 4 Año 2 Abr-Jun 1992)

 

19/11/2007 00:37 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

Manipulación terminológica y Monarquía

Por Pedro Schwenzer

Muchas veces, algunos conceptos son utilizados de forma equivocada, especialmente por los medios de comunicación, bien porque el que los maneja no está consciente de su verdadero significado, bien porque se trata de manipularlos concienzudamente para confundir las ideas del lector y, a largo plazo, de la sociedad entera para favorecer, en nuestro caso concreto, una predisposición en contra de la idea monárquica.

La desvirtuación de conceptos, tan frecuente en los últimos tiempos, no siempre es intencionada, pero esa no intencionalidad no es sino el fruto de una manipulación terminológica dirigida al debilitamiento primero lingüístico, segundo conceptual y, finalmente, ético y moral, para lograr una sociedad sin ideas claramente definidas y, en consecuencia, fácilmente manejable por parte de los sectores que ostentan el poder fáctico no interesados realmente en el bienestar de sus ciudadanos (o, en nuestro caso, en ceder parte de ese poder a una entidad suprema e independiente, moderadora y vigilante como el Rey).

La manipulación terminológica es una labor gota a gota, pero eficaz a largo plazo. Se da en muchos ámbitos diferentes de la sociedad actual, pues no sólo en la publicidad está probado que la manipulación es beneficiosa para los que la dirigen, sino que resulta mucho más interesante a niveles más elevados como la política. Sólo a veces, y por suerte, la voluntad popular es más fuerte, como demuestran los movimientos monárquicos en los países del este y en Brasil.

Vamos a ocuparnos a continuación de los términos que describen conceptos concretos de especial significado para la Monarquía.

Un término que con más frecuencia se utiliza inadecuadamente es él de la instauración, incluso al hacer referencia a la restauración monárquica española. Parece que se olvida con verdadero placer que en España no ha habido ninguna instauración de la Monarquía, sino una restauración y no mediante el referéndum sobre la Constitución de 1978, sino con anterioridad. El referéndum sólo confirmó esta restauración que se hizo efectiva con la proclamación de Don Juan Carlos de Borbón y Borbón el 22 de noviembre de 1975, formalizándose la legitimidad dinástica con la renuncia de Don Juan de Borbón en favor de su hijo en 1977.

Instauraciones monárquicas sólo las puede haber en países que no tenían antes la Monarquía como forma de estado o cuando el nuevo régimen monárquico se estableciera sobre una base jurídica (dinástica) completamente distinta (como cuando en España se proclamó Rey a Amadeo de Saboya por decisión de las Cortes a consecuencia del derrocamiento de la Reina Isabel II; o cuando el régimen franquista instauró en 1947 un régimen monárquico inspirado en principios tradicionalistas, pero ficticio en cuanto que no designase qa ningún suceror a título de Rey hasta 22 años después).

En todo caso, cabe hablar de re-instauración después de un período no monárquico, pero consideramos más apropiado el término de restauración como expresión de la legitimidad histórica, lo que no está en contradicción con la idea de modernidad de la institución monárquica, que ha sabido adaptarse mejor que ninguna otra a los nuevos tiempos, a las exigencias del pueblo e incluso adelantándose a los acontecimientos. Esto es importante resaltarlo cuando se empieza a argumentar que la Monarquía es algo que pertenece al pasado, pensando más en su versión cinematográfica del Rey francés Luis XIV y su Corte que en el significado verdadero del Rey y la Corona. Lo que sí pertenece definitivamente al pasado es, en cambio, la revolución bolchevique de 1917 y toda la base ideológica que la trataba de legitimar: no supo adaptarse ba los nuevos tiempos por su inflexibilidad y por su incompatibilidad con la naturaleza misma del hombre.

En consecuencia, y con mucha más razón, al hablar de los países del este europeo y de otros como Brasil, nunca será acertado decir instauración, ni siquiera utilizar el término de reinstauración, porque allí la Restauración significaría el restablecimiento de la democracia, de la justicia y de la paz social. Al igual que la brasileña, todas las Monarquías de Europa oriental tenían y seguirían teniendo legitimidad histórica (Bulgaria, Rumanía, Serbia, Montenegro, Rusia, Georgia, Hungría, Albania).

Al igual que se trata de desvirtuar el verdadero significado y alcance del concepto de la Restauración, se describe a los legítimos herederos de los tronos como si de candidatos de partidos políticos se tratara. La utilización de las denominaciones de aspirante o pretendiente no sólo es del todo incorrecta, sino nos hace sospechar que está dirigida a desautorizar las reivindicaciones legítimas de los respectivos Príncipes Herederos. Todos los Príncipes o Reyes exiliados o destronados que cuentan con nuestro apoyo, son herederos del trono, por la legitimidad histórica y dinástica que les confiere esa dignidad. Es una confusión de términos, a veces intencionada, por parte de ciertos sectores, dirigida a debilitar la idea de legitimidad de la institución monárquica y su derecho a ser restaurada, tratando de poner en entredicho la verdadera condición de heredero legítimo de este o aquel Príncipe o Rey.

Hay que pensar también en que todas las Monarquías de Europa oriental y de Brasil fueron abolidas por la fuerza y en contra de la voluntad popular, incluyendo a Rusia, donde la revolución bolchevique no contó con el apoyo popular masivo, sino más bien con masas dirigidas que no tenían la necesaria representatividad (no hubo referéndum), y donde los cabecillas revolucionarios optaron por eliminar a la Familia Imperial para poner al pueblo ante unos hechos consumados que consideraban así serían irreversibles para eternizar un sistema inviable a largo plazo.

En el caso de la Monarquía no se trata de nombrar candidatos que aspiran a convertirse en Reyes. O tienen derecho a serlo, o no lo tienen, no caben discusiones. Y en cuanto a los Reyes hasta hace poco exiliados (Simeón II, Miguel I), se da la circunstancia que por las razones anteriormente expuestas siguen siendo legítima y en teoría también legalmente los Reyes de sus respectivos países (al restablecerse la democracia se tendría que haber confirmado la vigencia de las constituciones anteriores a la toma del poder por los comunistas y restablecer así la legalidad constitucional y democrática en lugar de saltarse la ilegítima instauración de la república).

En todo caso, podríase hablar de pretendientes cuando no está claro a cuál de los Príncipes corresponde ser Príncipe Heredero, por cuestiones dinásticas (renuncias históricas no confirmadas -por ejemplo- por el Parlamento o el Jefe de la Casa Real o Imperial de entonces), o de aspirante cuando se tratare de elegir a un Rey para instaurar un régimen monárquico.

En fin, cuidémonos de dejarnos manipular. Mantengamos siempre la independencia de nuestras ideas. Seamos siempre críticos con las informaciones que nos hacen engullir. Porque hoy en día hay medios suficientes para documentarnos de tal forma que podamos hacer estudios comparativos que nos permitan llegar a conclusiones lo más objetivas posibles.

Y ante todo, debemos tener muy en cuenta que la institución monárquica debe renovar y aumentar de forma permanente sus autodefensas para contrarrestar un incremento de la agresividad de esas manipulaciones, que podrían tener el mismo efecto como, por ejemplo, un cohete descontrolado.
Esa autodefensa implica también que un Soberano pueda transmitir sin dubitación la seguridad de que la Monarquía moderna puede constituir una fórmula de unión en un clima general de descomposición, destacando las virtudes del orden político que encabeza.

(Artículo publicado en Monarquía Europea Nº 4 Año 2 Abr-Jun 1992)

18/11/2007 22:51 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.

La Monarquía y la crisis de la política

Los tiempos se han vuelto más difíciles. Hace ya tiempo que se calmó el entusiasmo que provocó la "aparente" desaparición del totalitarismo bolchevique a continuación de la caída del muro de Berlín. Más bien se ha convertido en desilñusión, desánimo y puro afán de lucro a toda costa, una especie de baile sobre el volcán. Al mismo ritmo que se deterioran las buenas costumbres, la moral y la ética en todos los países "civilizados" del mundo, se va deteriorando el medio ambiente y la naturaleza. Estamos acabando con las bases para una pacífica y próspera convic¡vencia dejando el campo libre a la tercermundización y la bancarrota técnica de nuestras naciones, antaño fuentes de toda cultura y todo progreso.
Sólo parecen vivir bien los desalmados, los capitalistas salvajes, los políticos corruptos y sinvergüenzas, y sobre todo, todos aquellos que hace poco oprimían a los pueblos del Este con su sistema inhumano del comunismo, descrito con el eufemismo de "socialismo real". Fueron juzgados y siguen en libertad. Todos los odian, pero gran parte -si no las mayorías- de los votantes los siguen eligiendo para seguir desgobernando a sus países. Son antidemocráticos, pero siguen siendo apoyados por nuestros gobiernos occidentales tan democráticos, tan preocupados por los países d Este, tan solidarios, peron tan ineptos y fáciles de asustar por el viejo oso rojo. ¿No se dan cuenta de la estrategia tan astuta que sigue su curso en el este, la estrategia cuyos hilos parecen mover los antiguos dirigentes os sus sucesores? (Putin es, al fin y al cabo, un hijop del sistema soviético y de la KGB). La favorecen echando al campo de acción a grupos radicales, difamando a la derecha llamándola golpista y fascista (cuando son atributos que más bien les describen a ellos), y Occidente calla. Calla por miedo. Por miedo a lo inevitable. Inevitable por no poner remedio a tiempo. Más vale pisar sobre carbón candente que quedarse parado ante el obstáculo.
El mundo necesita un cambio profundo y rápido. Como ya dijo a principios de los noventa S.A.I.R. Otto deb Habsburgo, el soberano europeo de la clarividencia suprema: "No queda mucho tiempo". Mirad hacia el este y cercioraos de que el oso empieza a despertarse de nuevo. Ha tocado la hora de levantarnos todos de nuestro letargo materialista, consumista y egoísta. No podemos permitir que sigan anulando nuestra iniciativa con una vida ociosa, sobornada y suibvencionada, cómoda y manipulada. ¡El despertar será terrorífico!
Apoyemos a los pueblos oprimidos por sistemas totalitarios e inhumanos para que puedan recuperar en libertad sus garantías de independencia y prosperidad. Nuestro apoyo debe ser sonado.
Llamémos la atención sobre lo que está pasando en Rusia y en Iberoamérica, pero también en España y otros países europeos, y ofrezcamos nuestra alternativa con claridad y de forma convincente. Pasemos a la acción para alcanzar este objetico, porque su consecución será también en nuestro propio beneficio. Sólo la unión hace la fuerza, la unión de los que creemos en la más virtuosa de las formas de estado: la Monarquía parlamentaria y constitucional que en Europa garantiza la estabilidad y la libertad en democracia y que con sus sistema democrático puede servir de ejemplo para el mundo de raices europeas, aunque el sistema monárquico en sí no tenga cabida donde no existe tradición por no existir falilia real.
(Artículo publicado en Monarquía Europea Nº 9 Año IV Septiembre 1994, ligeramente adaptado al momento actual)

 

17/11/2007 01:32 Autor: AME Pedro Schwenzer. Enlace permanente. Tema: Monarquia No hay comentarios. Comentar.


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